30 de agosto de 2007
Por los pueblos de Soria
Ya he hecho varios viajes a Soria y cada vez me gusta más. Esta vez quise darme una vuelta por los pueblos de alrededor, intentando buscar alguno de esos 90 pueblos que dicen que están abandonados.

Primero, visita obligada a esa séptima maravilla, los jamones de Daroca:



Ya se habló aquí del tema. Efectivamente, son o de plástico o de cartón piedra. El próximo viaje llevaré una escalerita para tocar uno.





Nos quedamos a dormir en un hostal de un pueblo llamado Serón de Nájima. Bonito pueblo, como todos los de Soria con una iglesia muy grande. Ahí se dedican al cereal y al girasol. Turismo hay poco o nada, de momento.



Callejuelas empinadas y paredes sin lucir. Feo para un urbanita, pero qué recuerdos. En lugar de a Soria me parece a veces que viajo al Pedreguer de mi infancia, cuando corría por aquellas calles con mi pelotita de goma con dibujos de Popeye.





La iglesia, como ya he dicho, es bastante buena.





Bonita la plaza esta:







Nos pasamos también por el Burgo de Osma, en plena noche. Qué maravilla de pueblo y de catedral, caminas por el empedrado centenario junto a las antiguas casas de los obispos:



A veces te crees que va a salir por allí Vellido Dolfos galopando en su caballo.



En realidad lo que sale es una catedral que es de las mejores que yo he visto:



El adosado de enfrente es de nueva construcción: siglo XII por lo menos.



Pedazo de portón:



Las paredes aquí, de Pladur también:





Aquí se quedan algunos a dormir, aunque me pareció un poco estirado el ambientillo. La puerta la cerraron en cuanto me asomé yo:



Al día siguiente, cerca de Serón de Nájima, estuvimos dando vueltas con el coche. Hay pueblos con algún que otro visitante en agosto, tal vez los que han heredado casas o alguien que ha querido pasar los veranos fresco.



Más de una casa se nota que está restaurada. Yo creo que este proceso no ha hecho más que empezar, que lo de ir a pasar el verano a la meseta norte se va a poner muy de moda. Yo, de hecho, cuando tenga posibilidad quiero hacerlo. Hasta los huevines estoy de sudores, humedades y ruidos aquí abajo.





Y pronto encontramos lo que buscábamos:



Los cardos y las jaras de han adueñado del pueblo. Las calles son estrechas y están rotas. Lo de pintar las puertas de azul yo pensaba que era una excentricidad de Sánchez Dragó, pero no. Parece costumbre típica soriana.



A la iglesia apenas le queda la puerta. Mirando por el agujero ese se veía todo en ruinas:



Por el portillo este se subía al campanario. Ahora si lo intentas puedes descalabrarte:



Recuerdos de un gran amigo:



La mayoría de casas están totalmente en ruinas. Parece que la nieve va degradando los tejados hasta que los tira abajo. Luego el frío y las heladas va destruyendo las paredes. Aunque veáis los sembrados llanos, este pueblo está a 1.200 metros de altitud en el mismo corazón de Soria. En invierno se tiene que poner bajo cero durante semanas enteras.







Al poco rato empezaron a salir algunos aldeanos de sus casas. Al entrar habíamos visto a una mujer que tenía unas hamacas de plástico en la misma calle (y que tuvo que levantarse para que pasara el coche), pero quien salió a nuestro encuentro fue un hombre pequeño y bastante hablador, que tendría unos 60 años. Iba, por supuesto, en jersey y pantalón largo, lo mismo que yo.

Después salió otro que luego sabríamos que era su cuñado. Nos contaron que el pueblo se fue abandonando en los años 60 hasta que murieron los pocos ancianos que quedaban y quedó deshabitado. Uno de ellos era nacido allí y trabajó aquellos campos hasta los 30 años, cuando se marchó a Barcelona. El otro era el marido de su hermana, natural de Zaragoza. Tenían las casas algo reformadas y volvían en verano solamente.

Los dos parecían tener muchas ganas de hablar y yo de escuchar, así que me pasé un buen rato con ellos paseando por el pueblo.

Me enseñaron esta casa, que decían que estaba en venta. Como suele pasar, los herederos eran ya tantos que les costaba ponerse de acuerdo. Parece una casa de piedra buena, aunque, francamente, esos dinteles de ladrillo no me gustan nada.



Nos enseñaron el antiguo colegio, también con puertas y ventanas azules. Dijo que hasta 30 niños llegaron a estudiar allí. El edificio de la izquierda era el ayuntamiento, aunque ahora todo lo lleva el ayuntamiento de Almazul, el pueblo de al lado. A la derecha estaba la vieja tahona.



Nos enseñaron luego una casa que ellos pretenden vender, decían que muy barata. Tenía reformas de hace unos 30 años, calefacción central algo estropeada, el tejado con necesidad urgente de reformas. Metros cuadrados había de sobra. Lo que más me gustó es que tenían un horno para hacer pan en la buhardilla. También estaba la fotografía del que construyó la casa, un joven labriego de principios de siglo, con las manos encallecidas y un traje negro muy tieso, al lado de su mujer en el día de su boda. No sé si era el padre o el tío del que nos hablaba, me dio corte tirarle una foto.

Una vez le pregunté por qué se habían marchado del pueblo y me dijo que ahora no me sabría responder. Yo creo que se arrepienten de haber abandonado aquello para ir a sobrevivir en una covacha de Barcelona. Había un taxi allí aparcado y creo que era suyo. También nos dijo que estaba soltero.

La verdad es que en ningún viajecito de los muchos que he hecho me había parado nunca a hablar con los lugareños. Esto podríamos llamarlo la "paradoja del hacinamiento humano". A más densidad de población, menos sociabilidad.

Esto es ya otro pueblo del que no recuerdo el nombre, abandonado del todo. De la iglesia no quedan más que unas pocas ruinas.



Parece que aquí nunca llegaron ni el asfalto, ni la luz, ni el agua corriente.





Parece mentira cómo el frío y la nieve llegan a destruir las casas. En Denia aún quedaban en pie las casitas de los íberos, pero aquí se ve que el clima no perdona.



Nos dimos unas cuantas vueltas más y volvimos por Huesca, para ver un poquillo aquello. No me acabó de gustar la ciudad, muy compacta y con un tufillo pijo. Muy bonito, eso sí, el parque central.

La próxima visita a Soria casi seguro que será a Castilfrío de la Sierra, a ver la casa de Sánchez-Dragó.

13:43:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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