3 de diciembre de 2007
Última mirada a la prosperidad
Ha pasado Orion unos datos escalofriantes a Burbuja.info:

Según la DGT, en noviembre de 2007 se matricularon 125.387 turismos. En noviembre de 2006 habían sido 135.142. La caída interanual es del 7,2%. Mirad vosotros mismos la página de la DGT con los datos de noviembre de 2006 y cruzadlos con los datos de noviembre de 2007.

¡¿Un 7,2%??

Hablábamos en septiembre de un 2,7% y hasta me lo querían desmentir. Decía el bueno de Paul Lamont que las caídas de más de un 2% significaban recesión a la vuelta de la esquina. Y todo eso contando que ya en noviembre de 2006 la cosa iba cayendo.

¿Y todavía habrá quien tenga huevos de decir que aquí no pasa nada? ¿Dónde está el alucinado aquel del bigote canoso que decía con voz cavernosa: "quien diga que España está en recesión es un loco"? Estamos gobernados por inútiles que sólo piensan en imitar a Goebbles. Yo estoy ya cagado del todo porque la cosa se precipita por momentos. Ya avisé de que el curso 2007-2008 era el de los hechos y no el de los rumores, informes o declaraciones.

Y todavía hay más datos: la caidita en Alicante es del 17,39%.

Habéis leído bien: caída interanual de matriculaciones de turismos en Alicante del 17,39%. Esto yo creo que no ha pasado nunca hasta ahora. Si nos fijamos en las motos, han caído un 11,99% en toda España y un 18,49% en Alicante.

Estas navidades van a ser felices en España. Pero serán las últimas en mucho tiempo. La gente anda reservando casas rurales, comprando lotería, llenando las bolsas de regalos. Y yo me acuerdo ahora de un texto de Stefan Zweig:
Bajé al centro de la ciudad para echar una última mirada a la paz. Resplandecía serena a la luz del mediodía y no me pareció diferente de como solía ser. La gente seguía su camino de costumbre con su paso habitual. No corría, no formaba corros en mitad de la calle. Su comportamiento era tranquilo y sereno, propio de los domingos, y por un momento me pregunté: ¿acaso todavía no lo saben? Pero eran ingleses, acostumbrados a reprimir sus sentimientos. No necesitaban banderas ni tambores, ruido ni música, para afirmarse en su tenaz determinación, desprovista de patetismo. ¡Qué diferente de aquellos días de julio de 1914, en Austria, pero qué diferente era yo ahora de aquel joven de entonces, cuán cargado de recuerdos! Sabía qué significaba la guerra y, contemplando los comercios relucientes y repletos de artículos, veía de nuevo, en una visión intensísima, los de 1918, desvalijados y vacíos y que me miraban con ojos desencajados. Veía, como alguien que sueña despierto, una larga cola de mujeres afligidas ante las tiendas de comestibles, a madres vestidas de luto, a heridos, a inválidos: todo el tremendo horror de antes volvía como un fantasma a la luz radiante del mediodía. Recordaba a nuestros viejos soldados, exhaustos y andrajosos, que regresaban del campo de batalla; con el corazón palpitante percibía la guerra pasada en la que ahora empezaba y que todavía ocultaba su horror a las miradas. Y sabía que una vez más todo lo pasado estaba preescrito y todo lo realizado, destruido: Europa, nuestra patria, por la que habíamos vivido, sería devastada más allá de nuestras propias vidas.

El mundo de ayer. Memorias de un europeo.


16:27:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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