8 de septiembre de 2011
Lo que trabajo
Hace unos días que se está hablando de lo poco que trabajan los profesores, las famosas 18 horas que se las suben a 20. Aquí en la CV de momento las 20 horas no las han colocado, pero cuando lo hagan todos los interinos nos quedaremos sin empleo. Yo antes de que llegue ese momento espero haberme largado ya, pero no sé si lo conseguiré.

De momento el PP ha comenzado su campañita de desprestigio para ir rejoneando al profesorado. Cuando el sistema de los mangantes funcionaba a plena potencia, se reían de nosotros. Cuando se les hundió el tinglado, primer recorte un 7% de la nómina y congelación, segundo recorte más alumnos por aula, tercer recorte cero plazas de oposición, cuarto recorte cinco años más para jubilarse (más los dos de todo el mundo), quinto recorte dos clases más a la semana. Es que realmente era ahí donde estaban los desequilibrios económicos de España, en la educación pública. Hay que darle bien duro ahí si no queremos vernos obligados a recortar los salvatajes a los bancos o las cajas.

Pero en cuanto a las muy pocas horas que yo trabajo, pues es una información pública que puedo recordaros por si tenéis curiosidad.

De entrada, el curso dura del 1 de septiembre al 30 de junio. Las clases acaban el 23 de junio y hay que ir al instituto después a hacer las evaluaciones y esperar la reclamación de notas. A mí las evaluaciones me parecen el mejor estupefaciente no tóxico de la medicina occidental, pero todavía algún sentido podrían tener. Ahora, luego te tiras tres días en una sala esperando a que pase alguien a revisar las notas, unas tres horas cada día. Ahí se hace un claustro de final de curso el día 30 y ya tienes los famosos y envidiados dos meses de vacaciones.

En septiembre, igual: el día uno se hace el examen y se corrige, luego evaluaciones, luego revisiones y luego el claustro para empezar el curso. Total, unas tres horas diarias.

A partir del 15 de septiembre empieza el curso de verdad y ya tienes tu horario normal. De permanencia forzosa en el centro son 25 horas semanales. 18 de ellas se dedican a docencia, que son las horas que todo el mundo cree que trabajamos, como yo supongo que el hombre del tiempo sólo trabaja diez minutos al día. Luego hay tres horas de guardia, que en mi opinión son aún peores: cuando alguien falta, has de entrar en el aula a aguantar a los muchachos. Si no falta nadie, te tienes que sentar en una silla en el pasillo a hacer de segurata juvenil por si pasa algo. Ahí tanto puedes pasar la hora leyendo el periódico como pasarla subiendo y bajando escaleras cubriendo urgencias como niñas que vomitan o chavales que se han escupido a la cara en el servicio, por no ponerme a contar anécdotas más fuertes.

Luego hay una hora en la que haces de bibliotecario. Te pones allí en la mesa con gesto atildado y circunspecto y esperas a que alguien quiera devolver un libro o consultar un ordenador. Si te toca, como a mí este curso pasado, en la última hora del viernes, pues eres como Borges cuando custodiaba los 18.000 volúmenes de la biblioteca de Buenos Aires. Otra vez te lees el periódico.

Hay otra hora de reunión del departamento, en la que se tratan cuestiones de trascendencia como los libros de lectura, las excursiones, lo mal que se ha hecho la programación o lo que se ha tratado en una reunión de rango superior.

Otra hora se dedica a atención a padres, que más bien suelen ser madres. Al niño tú le has dicho que él te ha dicho, no señora, el niño me llora porque le quitaste el examen, estaba copiando señora, la niña no grabó con el móvil, busque en Youtube señora, etc. Aquí a veces viene directamente la madre y otras te pones a llamar por teléfono para comunicar que has puesto partes por mala conducta y seguramente habrá una expulsión.

Tenemos entonces 24 horas y nos queda una para calentar un rato más la silla.

Hay que sumar después las evaluaciones y los claustros, que se hacen por la tarde. Un claustro suele durar unas dos horas y la evaluación una hora por cada grupo, que se tienen seis. El problema es que no cuadran seguidas las evaluaciones de tu grupo y tienes que seguir calentando la silla, total que cada evaluación calculo que serán unas diez horas divididas en tres días. Hay cuatro evaluaciones durante el curso (contando la inicial, que no se da boletín) y un claustro aproximadamente al mes. Entonces, unas dos horas más por semana, son 27.

A partir de ahí ya es trabajo en casa. Esto, lógicamente, depende de la velocidad a la que trabaje cada uno, de los cursos que lleve, de la asignatura y por supuesto de la motivación. En mi caso, hay que leer tres libros juveniles por cada nivel, lo que da seis libros, a unas 20 horas por libro, unas 120 horas. Dividimos por las 40 semanas del curso, tres horas semanales más.

Después hay obligación de hacer un mínimo de dos exámenes por evaluación más uno de lectura. Esto son 54 exámenes. Cada examen a mí me cuesta de media una hora para su planteamiento y redacción, y otra hora para su corrección. Hablo en términos medios, porque las lecturas cuestan menos pero otros tardo dos horas en corregir. A partir de ahí, le tengo que sumar 108 horas, que divididas por las 40 semanas arrojan 2,7 horas. Como puedo usar casi siempre algunas de las guardias o la hora de calientasillas que me queda, en mi casa haré alrededor de una hora por semana de media.

Entonces, sin planificar las clases porque en los niveles de 1º y 2º de la ESO no necesito planificar, siguiendo sólo el manual y no buscando otros materiales, no leyendo más que los libros obligatorios (y aprovechándome de una compañera que es la que los lee y los selecciona), no yendo a ninguna excursión, no haciendo actividad extraescolar alguna, hago 31 horas a la semana, 6,2 al día.

¿Esto es mucho o es poco? Esto es suficiente para tener problemas para dormir al final de los trimestres, para que tenga el pelo ya como Guardiola, para que las ojeras no se me vayan y para que el sistema nervioso se vaya degradando cada curso. Cuando empecé a trabajar tenía 28 años y a veces me confundían con un alumno. Ahora nadie dice que aparente menos de 35. He ganado unos diez kilos y aun así considero mi estado como saludable.

Pero, en todo caso, cuando me despidan y tenga otro empleo, no creo que eche de menos la secundaria. Porque cuando estuve de periodista echaba unas diez horas y me iba a casa cansado pero tranquilo. Ahora te vas a casa y entre una oreja y otra tienes tal cantidad de electricidad estática que suena como un cable de alta tensión. Que les den morcilla y que se den las clases ellos.

12:05:02 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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