4 de octubre de 2003
Las mentiras contra la propiedad intelectual
Estoy contento. Las supuestas refutaciones del concepto de propiedad intelectual son tan ridículas que creo que los artistas estamos a salvo por mucho tiempo. Acabo de leer un articulito norteamericano que utiliza los mismos ropajes pseudomatemáticos que aquellos críticos postestructuralistas de los que se reía Alan Sokal en su famoso artículo.

Entre fórmulas y ecuaciones aparecen unas cuantas mentiras, que unidas a otras que oigo por ahí se resumen en estos puntos.
Las ideas son como las patatas: toda la disertación viene a comparar la protección de un invento u obra artística a la de una patata. Llaman monopolio al copyright y el derecho de propiedad de un objeto como una patata lo comparan con la propiedad de un libro y pretenden, por lo tanto, tener libertad de uso.

Un libro no es una patata, evidentemente. Las patatas no han sido creadas por un ser humano y tampoco son reproducibles. La propiedad intelectual se parece en parte a la propiedad inmobiliaria: no regula la utilización de un bien, sino el derecho a impedir la utilización de los demás.

También se parece a un contrato de trabajo, en este caso entre el Estado, que tiene la capacidad de regular, y los ciudadanos. El contrato dice claramente: si produces una obra de arte, podrás regular su uso hasta 80 años después de muerto. Ese contrato precisamente sirve para crear una escasez inexistente, ese es el concepto, precisamente para incentivar la producción. Conceptos y teorías aparte, es un tipo de contrato que ha funcionado muy bien, luego lo explicaré mejor, y ha beneficiado mucho a la sociedad.

El derecho de primera venta es suficiente para incentivar la producción. Se trata de una falacia que no puede hacerme sino descojonarme. Los "costes de producción" de las obras artísticas son muy bajos, es cierto, pero los de promoción muy altos. Promocionar a un artista es invertir en él, y los resultados de esa promoción siempre llegan después de la primera venta. Un productor que no paga la promoción ni los derechos de autor siempre tendrá precios más bajos, con lo que se lucrará con la inversión de otro. Esto es una injusticia flagrante que hasta un niño puede entender.

Por otra parte, la velocidad a la que se degrada el valor de una obra de arte es extremadamente baja, y eso permite a cualquier pirata poner en el mercado las copias incluso antes de que las ventas alcancen el punto máximo.

El sistema que proponen Boldrin y Levine acabaría con la industria del arte y situaría a los artistas fuera de la economía, recortando su bienestar. En una economía de libre mercado, el artista sería lo que queda fuera, tal y como sucedía a principios del siglo XIX, una situación que los grandes escritores realistas consiguieron evitar con las leyes de derechos de autor.

Se puede ganar más sin derechos de autor porque aumenta la difusión. Esto es una falsedad y los mismos Boldrin y Levine admiten que "she will still be able to earn more revenue with a monopoly than under competition", es decir, que los que más facturen acabarán perdiendo dinero con respecto al sistema actual. Eso acabaría casi por completo con los artistas profesionales y volveríamos a una situación de amateurismo que ya se está produciendo, con artistas que regalarán su obra por el "placer de ser leídos o escuchados".

Este tipo de obras además de deficientes están siempre controladas externamente: ¿de qué vive el artista? Columnitas, conferencias, conciertos, firmas, lecturas, todo cosas controladas por unos pocos y con los receptores de la obra como elementos pasivos que no pueden condicionar la producción de esa obra. Además, tendrá la tiranía del tiempo, ni podrá seguir formándose ni podrá producir obras complejas que cuesten mucho tiempo.

Personalmente, creo que sólo la profesionalización puede proporcionar obras de calidad a una sociedad (para ayudarla a avanzar, no lo olvidemos, porque del arte nos beneficiamos todos) y una vida digna y feliz a personas que durante toda la historia han sufrido más que ningún otro gremio.

Ese es el viejo sistema: un mecenas paga y tú te dedicas a decir lo bonita que es la vida. Por eso cuando llegó Zola, que vivía de los derechos de autor, empezó a frecuentar los bajos fondos de las ciudades y a sacar a la luz la pobreza y la degradación. Para esto había dos razones: eso no se había podido contar antes, y ahora los que pagaban querían salir en los libros.

Un cantante aficionado que regala su música para conseguir conciertos puede ver que gana algo más de dinero y toca en más sitios, pero está cortando de raíz la posibilidad de profesionalizarse, puesto que los conciertos, si no hay una buena maquinaria promocional detrás, no le darán para vivir. Además, pronto aparecerá otro problema: los precios caerán como consecuencia de la atomización de los artistas, como el coste de publicación será cero aparecerán miles que querrán conseguir conciertos y los promotores recortarán los precios.

Sobre este tema de vivir de conciertos hay un montón de cosas que me hacen gracia: recuerdo un documental sobre un festival muy famoso en los 70 (me sabe muy mal no recordar el nombre) en el que se montó una tangana monumental con intervención policial porque se intentó cobrar entrada. Claro: los hippies veían que se estaba "creando una escasez que no existía" desde el momento que pusieron vallas para que no pudiese pasar la gente. Estaban de acuerdo en pagar por un disco porque lo veían más parecido a una patata, era un producto tangible, pero pagar por un concierto les parecía injusto.

Un concierto es una experiencia, lo mismo que el acto de escuchar un disco, y los mismos motivos hay para pagar una cosa que la otra. En el momento en que tú cierras la puerta de la sala estás limitando a los demás la capacidad de escucharte, por lo que incurres en la misma injusticia que cuando prohibes las copias.

De hecho, en el mercado de los libros se tiende a regalar el "concierto" (conferencia o lectura) y a cobrar el producto (libro). Son dos formas de negocio respetables, pero no son diferentes en absoluto.

La industria del arte perjudica a los artistas: esta es la peor mentira. La industria artística ha conseguido elevar el nivel de consumo de las obras y también el nivel intelectual de los ciudadanos. La concentración de los ingresos en pocos artistas es necesaria para la profesionalización y para que los consumidores accedan a las mejores obras. También internet es concentradora por cuanto todo está a un clic. Artistas buenos de verdad hay pocos, y la industria del arte es la encargada de separarlos del océano de mediocres.

No sé si me estoy repitiendo: en una economía de libre mercado, sólo el dinero puede darte el reconocimiento social y por lo tanto la felicidad profesional. Sin dinero, eres un mierda, y la industria del arte ha conseguido en pocos años incrementar los ingresos de los mejores artistas hasta niveles antes nunca imaginados.

El artista insertado en los circuitos productivos es el artista coherente con la sociedad que lo ha engendrado. Vivir contra tu sociedad es partirse los cuernos contra la pared, y eso es lo que algunos se empeñan en hacer, ahora regalando sus canciones y mañana montando otra vez comunas autárquicas.
Desde la instauración de los derechos de autor, la literatura ha experimentado un florecimiento impensable. Todos los que escribimos novelas soñamos con ganar dinero. No hay un "arte por el arte" hoy en día, esos precisamente fueron los que se opusieron al mercado a finales del XIX, los que despreciaban a la masa de ignorantes (los ciudadanos) y se sentían "aristócratas del espíritu". ¿Qué hay más ridículo que eso hoy en día?

Regalar las canciones o las novelas es tirar los precios a la desesperada. La admiración de los lectores no compensa un año de trabajo (esa admiración, lo tengo comprobado, aumenta proporcionalmente a los ingresos tuyos). Respeto mucho a toda persona capaz de crear belleza con la música o las palabras, no me malentendáis en ese sentido, pero mi consejo es que busque la profesionalización o que se olvide del tema.

Hay además otro problema, porque al ser el arte gratuito se presta a la publicidad. Uno de los conceptos más nuevos en la industria publicitaria es insertar la publicidad en los contenidos, porque si los dejan aparte el receptor mira a otro lado. La gratuidad de las canciones pronto acabará con basura y más basura circulando por la Red. Si tú pagas por algo, es porque te interesa, y por lo tanto estás en las antípodas de la publicidad.

Con respecto al copyleft lo que me parece más increíble es que se pueda ser liberal y apoyarlo. Es la anarquía más pura. Es un cuestionamiento directo de la propiedad privada, en la línea más dura de Bakunin o de los jacobinos.

Toda esta polémica no está causada por verdaderos liberales. Aquí hay dos clases de individuos:
Los que buscan notoriedad, como estos economistas que escriben artículos basados en falacias para ver si se hacen famosos.
Y los que se encastillan irracionalmente con la intención de seguir descargando canciones. Que tengan suerte, porque la policía ya va a por ellos.
El libre juego del mercado sólo puede darse bajo una regulación. Sin leyes, estamos en el estado natural, muy alejado del liberal. Esas leyes, filosofías aparte, han de estar encaminadas a buscar la máxima eficiencia del mercado, y en el caso de los derechos de autor son absolutamente innegables los beneficios que han producido.

P.D.: Este artículo sí que es copyleft por razones obvias.

15:52:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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