25 de enero de 2006
La nueva Ilustración
Todo el mundo reconoce que estamos ante un periodo de incertidumbre. Hay varios signos que demuestran el fin de una época en Occidente: el llamado "invierno demográfico", la inmigración descontrolada, el terrorismo de Al Qaida.

Yo pienso que el sistema norteamericano, el que impusieron a Europa tras la II Guerra Mundial, está agotado. No pueden seguir soñando que tienen el mundo bajo control militar. Tampoco son capaces de garantizar trabajo para las generaciones venideras. He oído por ahí que estamos ante una lenta espiral que nos llevará desaparecer.

Y yo sólo estoy esperando tres cosas: la fusión nuclear, el control estatal de la natalidad y la planificación económica con ordenadores.

Lo de la fusión nuclear parece una quimera inalcanzable. Una fuente de energía inagotable, sin peligro alguno, sin residuos. Demasiado bonito para ser verdad. Hay algunos que creen que nunca se conseguirá. Yo creo que en 50 años tendremos esas centrales funcionando y la escasez de energía será sólo un recuerdo, lo mismo que la escasez de comida ahora. Y creo también que el invento surgirá en Europa, como casi todos. Esto dará un empuje a nuestra economía tan fuerte que permitirá a la mayoría vivir sin trabajar: madres, estudiantes, jubilados a partir de 55 años, escritores fracasados. Los trabajos precarios se irán progresivamente robotizando.

Y claro, el problema demográfico es algo tercermundista, paleolítico. Es como cambiar de pueblo porque se han acabado los conejos que cazar. La natalidad no puede entregarse al egoísmo de cada ciudadano. Hay que racionalizarla de una forma científica.

Claro, para esto hay dos grandes impedimentos: ese "liberalismo" norteamericano, que he dicho ya que no funciona más, y el miedo a los cambios profundos. Alguno también dirá que si eso lo hacía Hitler y bla, bla, bla. Tonterías: nuestro problema es muy gordo y la solución es muy fácil. No nos acojonemos.

Yo creo que lo mejor sería, mientras nuestras técnicas sean tan rudimentarias, la inseminación artificial de mujeres voluntarias. Más adelante ya podríamos desvincular la gestación del útero humano. Esas mujeres, por supuesto, cobrarían un precio justo: por un hijo, un piso; por dos hijos, un adosado; por tres hijos, una casa con parcela. Amigos, el que algo quiere, algo le cuesta. No podemos vivir como tiburones financieros, especulando hasta con el pan, para luego pedir altruismo en los demás.

Y con esto, llegaríamos a la tasa de reposición casi perfecta: tantas personas murieron el año pasado, tantas haremos nacer el año próximo. Los hijos que se quisieran tener por libre, necesitarían un permiso del Estado y no tendrían beneficios fiscales.

La manutención de todos los niños se haría, por supuesto, en centros del Estado. Nadie podría vivir con su hijo. No necesitamos que vayan transmitiendo sus complejos y sus neurosis a los ciudadanos más jóvenes. Educadores profesionales ya se encargarían de hacer las cosas bien.

Esto tendría otro efecto muy positivo: el viejo sueño de Karl Marx se haría realidad, desaparecerían radicalmente las clases sociales. Aunque es cierto que de un modo más bien leninista, reforzando el poder del Estado en lugar de destruyéndolo.

Estoy hablando completamente en serio.

Y el toque final para esa nueva sociedad sería la planificación económica con ordenadores. Los planes quinquenales soviéticos no funcionaron bien, de acuerdo. La estatalización de toda la economía no funciona bien, de acuerdo. Pero ya estamos viendo que el mito romántico del liberalismo no funciona tampoco: se crean burbujas especulativas, se cae en extraños agujeros demográficos, se llenan las calles de tíos raros que nos odian. Con el capitalismo, las cosas van a veces bien, pero caminamos sin rumbo.

Yo propongo un modelo mixto: libre mercado para el sector terciario, salvo monopolios de facto que habría que erradicar (por ejemplo, Telefónica de España), pero estatalización del suelo, de todo el sector primario y de parte del secundario. Nada de autarquía: puertas abiertas, importación, exportación, libertad de expresión y de asociación.

La democracia, con votos ponderados: no es lo mismo un padre de familia, que un chaval de 18 años, que un delincuente, que un anciano que no sabe leer. Los votos de la gente culta, de los cabezas de familia, de profesionales de éxito tendrían que valer más.

Pero, sobre todo, me interesa la planificación económica. Esto creo que es el futuro. Habría que desarrollar software que relacionase a través de la Red las necesidades o deseos de los ciudadanos con los servicios correspondientes. Allí donde hubiese una necesidad, allí diría el ordenador que hay que poner el negocio. La investigación en nuevos productos la puede hacer el Estado mejor que el sector privado, pensad en las universidades.

Esto ya está sucediendo. La economía cada vez está más planificada. Los gobiernos lo calculan ya casi todo. Lo que no hacen con inyecciones de dinero, lo hacen con leyes.

Para mí, la economía es una parte de la actividad humana. Una parte que puede ser grande o pequeña. Los EE UU serán recordados en la Historia por esa obsesión económica, el vivir sólo para el dinero, medir al hombre en función de su productividad.

Creo que, poco a poco, los robots y los ordenadores irán reemplazando al hombre en la gestión económica. Los bienes y servicios simplemente estarán ahí, sólo tendremos que expresar nuestros deseos al programa de gestión informatizado y se cumplirán. Esto es más fácil de lo que parece, el principal obstáculo para ello es toda esa mitología barata que nos han vendido con Hollywood: la "idea" genial, el emprendedor, el triunfador.

Nadie puede tener una idea genial en economía si antes no existe un deseo en el comprador. Por tanto, la "idea" no la tiene el emprendedor sino el cliente. Además, la mayoría de nuestros deseos son artificiales, los ha creado la publicidad. Y creo que si hemos podido librarnos de la religión, también deberíamos de poder hacerlo de la publicidad.

No me alargo más. Pienso que ese "ocaso de Occidente" que ven algunos no es más que una etapa de transición, el cambio necesario entre el siglo XX y el XXI. Tenemos recursos de sobra para seguir mejorando nuestras vida, pero el Tío Sam ya no puede hacer nada por nosotros. Necesitamos una nueva Ilustración en Europa, menos comerciales, menos vendedores de leche y más hombres de ciencia con empuje.

Ya hablaremos más de esto.

15:43:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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