23 de abril de 2006
Documentales sobre Chernobil
Anoche vi una serie de documentales sobre el desastre de Chernobil 20 años después. Creo que el PSOE está intentando meter miedo a la energía nuclear porque pronto quiere anunciar un plan para ir cerrándolas en España. Claro, hay que convencer a la gente para que no se enfade cuando la factura de la luz suba sin parar. ¿Y qué mejor que Chernobil? Nada hay más socorrido para los antinucleares.

Pero aún así, me gustaron los documentales. Hay que explicar que la famosa "zona de exclusión" no es aquel lugar maldito, completamente deshabitado que nos imaginábamos. Allí está viviendo mucha gente. De hecho, la misma central ha estado funcionando hasta el año 2000, con operarios que entraban y salían por turnos. También hay un hotel para turistas, un restaurante grande e incluso una pista de baile.

En las ciudades deshabitadas, sobre todo Pripiat, ha habido pillaje y gamberrismo durante todos estos años. Dicen algunos que esos ladrones habrán pagado caro su delito, pero el hecho es que si uno entra con un medidor de radioactividad, puede moverse por allí evitando las zonas peores.

Los periodistas extranjeros estaban impresionados por aquella ciudad, en el silencio total, deshabitada durante 20 años. Pero de repente aparece un abuelete reseco, con boina y barba corta y blanca. Iba sobre una bicicleta herrumbrosa. Lo saludan y el tío tranquilamente dice:

-Yo he estado aquí desde el accidente y no he notado nada.

-¿Pero no le obligaron a marcharse?

-Sí, pero a las dos semanas volví.

-¿Y vive usted solo?

-No, con mi mujer.

-¿Y no tiene problemas de salud?

-Yo no. Mi mujer dice que le duele el hígado. Yo soy más fuerte.

A partir de ahí, siguen al abuelete, que tendría más de 90 años, y se encuentran con su mujer. El matrimonio vive en una casa de madera, con un jardín bastante adecentado. Cultivan las tierras suyas y las de los vecinos que se marcharon. Dicen que les sobra comida y de todo. La señora parece mayor, con aire algo triste, achacosa, pero no tiene nada raro. Hace vino y mermelada, pero dice riendo que ningún turista quiere probarlos, aunque se los regala.

Luego aparecen más pobladores de aquella zona: son también agricultores, algunos con hijos pequeños. Cuando fueron evacuados se dieron pronto cuenta de que la gente no quería acercarse a ellos, eran los apestados de Chernobil, gente radioactiva. Dicen que incluso a los niños los sentaban en el colegio separados de los demás. Y, en esas condiciones, decidieron volver y esperar la muerte en sus casas.

Habla entonces una señora que estaría ya cerca de los sesenta. Cuenta que volvió creyendo que tardaría quince días en morir. Dice que durante una temporada probó de comer las patatas más cercanas a la central, para morirse antes. Pero nada ocurrió. Cree que los políticos y los científicos sólo cuentan mentiras. Les mintieron al decirles que el accidente no era nada, les mintieron al decirles que volverían en tres días, les mintieron al decirles luego que en la zona se moriría enseguida, y cree que le mienten ahora al decirle que no puede comer ciertos alimentos.

Hay también en aquella zona mucha gente que viene de fuera, camareros, barrenderos y otros trabajadores. Cobran el doble que en sus lugares de origen y por eso están allí.

Habló también un matrimonio joven. Dicen que ellos no notan nada, pero sus hijos contraen muchas enfermedades, como si tuviesen el sistema inmunológico deteriorado. Quieren ver la forma de sacarlos de allí para que se vayan recuperando. Dicen también que a veces se desesperan, que la vida allí es triste. El sol no sale casi nunca, la soledad es como un veneno para la mente aún peor que la radiación.

Luego, un poco más lejos, pero aún dentro de la "zona de exclusión" (que ya se ha visto que no excluye nada y que incluso se pretende negocio turístico) hay pequeños pueblos llenos de gente. Allí hay más controles: se mide la radioactividad de la comida.

Es importante explicar que lo peor es comer alimentos radioactivos, porque esos átomos se metabolizan, se sedimentan en el cuerpo. Pero la cuestión es que hay leche, patatas, cebollas y hasta setas que no tienen radiación. Y luego esos mismos alimentos otras veces presentan una radiación muy alta. Esto era lo que los científicos pretendían explicarse. Decían que según dónde pastaran las vacas saldría la leche mejor o peor.

Claro, aquí alguien puede preguntar: ¿no se solucionaría eso trayendo alimentos de fuera? Por supuesto que sí, pero la gente vive allí porque no hay dinero. Por eso han aceptado vivir así. Y no hay dinero para darles una vida lejos de la contaminación, y tampoco hay dinero para enviarles comida sana. Lo único que se estaba consiguiendo era que los niños tuviesen un comedor en el colegio con comida de fuera. Pero luego por la noche, otra vez a comer radioactivo.

Y había una señora que hasta decía que un poco de radiación puede ser beneficiosa. Yo no sé si al final tendrá razón, puesto que los científicos se han ido equivocando todo este tiempo. Y claro, no faltaban tampoco los remedios caseros: que si hervir la leche, que si unas hierbas mágicas... Hay aún mucha ignorancia. Lo único en lo que tienen razón los viejos es en que la vida ya está hecha y cuando toque se morirán y punto.

Salieron muchos más testimonios. Había un médico que tenía estadísticas del aumento de enfermedades, sobre todo el bocio. Había mucho cáncer también.

Tal vez lo más duro fue el horfanato de niños con malformaciones. En todo este tiempo han estado naciendo niños con graves mutaciones y los padres los han abandonado allí. Dicen que esto se seguirá produciendo y que muchos optan por no tener hijos. Yo estoy de acuerdo, mejor no arriesgarse. Y también estoy de acuerdo en que busquen la adopción de chinos o la inseminación artificial.

Pero volviendo al tema ese de los alimentos, lo más acojonante fue lo que dijo una de las doctoras. Esto los periodistas lo mostraron como de pasada, tal vez porque su interés no iba por ahí. Pero esta doctora dijo que acababa de rechazar una bolsa de setas que le había traído una vieja porque eran extremadamente radioactivas, y le mandó que las tirara. La vieja asintió, pero la doctora estaba segura de que esas setas acabarían vendidas al mercado negro, envasadas y etiquetadas con un origen falso y vendidas en los mercados occidentales.

Esto habría que investigarlo muy seriamente. Es muy posible que esa cantidad de cánceres raros en gente joven que tenemos por Europa se deban a alimentos raros.

Y esto me lleva a una pequeña reflexión: defiendo los subsidios agrícolas a nuestros agricultores porque, aunque la comida nos salga algo más cara, tenemos control total sobre ella. Hay cosas con las que más vale no ahorrar tanto.

El famoso "sarcófago"

Este "sarcófago", como todos sabéis, es una especie de caja de cemento y plomo con la que se tapó el reactor accidentado. Se entendía que ahí no puede entrar absolutamente nadie y que está sellado para los próximos 500 años.

Pero el hecho es que se han abierto grandes grietas, que hay aves que anidan allí dentro y que se cree que se puede romper un día y lanzar otra nube radioactiva.

Y además, los operarios entran como Pedro por su casa. Con un traje de plástico blanco y una mascarilla, un par de tíos se metían por allí y bajaban agarrándose a bolsas de cemento y hierros retorcidos hasta el mismo meollo. Allí grabaron con una camarita hasta el uranio mismo. Así que de "sarcófago" nada. Eso sí, dicen que sólo pueden permanecer tres minutos para que la radiación no los afecte.

¿El futuro?

Seguro que muchos, al ver estos documentales, han pensado que hay que abandonar la energía nuclear para siempre. Pero a mí se me ocurre que si el hombre hubiese abandonado el fuego tras las primeras muertes por incendios, la civilización nunca se hubiese desarrollado. Creo que Chernobil fue un cúmulo de errores y desgracias, pero creo también que ahora mismo es impensable que eso ocurra en las centrales más modernas que se van instalando. Posiblemente la energía nuclear no esté más que en sus comienzos y en los siglos venideros la escasez de energía sea sólo un recuerdo. Mi opinión es que sólo podemos avanzar hacia adelante, investigando y mejorando la seguridad. Además, por mucho que España se niegue a utilizar la energía nuclear, otros países lo harán (por ejemplo, Irán), y si no hay métodos seguros, utilizarán los inseguros. El resultado de un accidente en cualquiera de esos países nos afectará a nosotros. La estrategia de meter la cabeza en un agujero como los avestruces no creo que pueda funcionar.

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© A. Noguera

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