5 de mayo de 2006
Una vueltecita por Tárbena
Tárbena es un pueblo bastante peculiar. Está ya bien metido en el macizo este del norte de Alicante, creo que en la comarca del Comtat. Está tan encerrado entre las montañas que durante siglos los habitantes guardaron su dialecto original mallorquín. No me hagáis mucho caso, pero creo haber oído que esta gente eran labradores mallorquines que después de la expulsión de los moriscos por los Reyes Católicos saltaron a Alicante en busca de tierras. La verdad es que no les tocaron las tierras más fértiles, ni las más fáciles de trabajar, pero debieron ser felices en estos preciosos paisajes.

El pueblo se encuentra entre Denia y Benidorm, pero treinta kilómetros al interior. Tienen tres salidas: hacia Benidorm, con curvas muy cerradas y pasando primero por Callosa d'En Sarrià; hacia Denia, pasando por el Coll de Rates y Pedreguer; y hacia Castells, con más curvas. Vayan a donde vayan, gastan tres cuartos de hora como mínimo. Y esto ahora, con las carreteras bien asfaltadas. Antiguamente, pocos eran los forasteros que aparecían por allí. Este es uno de los pueblos más cerrados de la Comunidad Valenciana.



Tienen también una iglesia grande. No creo que hoy en día esté muy concurrida, pero supongo que tuvo su importancia antaño.



Lo que construyeron aquellos mallorquines en Tárbena fue un pueblecito mediterráneo de callejuelas estrechas y desordenadas, con las casas casi pegadas unas a otras. No creo que les faltase el espacio, simplemente es una forma de reforzar esa "red social" de la que tanto se habla ahora. No he leído nunca ninguna explicación sobre esto, pero los pueblecitos mediterráneos tienen difuminadas las fronteras entre los domicilios, es decir, la gente vive más en el pueblo y menos en su casa. Las puertas de las casas suelen estar abiertas, los niños van y vienen, la gente se está viendo continuamente, se visita a diario, se saluda al pasar, saca la silla a la calle... Bueno, lo debéis de conocer. Pues Tárbena aún guarda un poco de ese ambiente. Todo eso yo lo viví de pequeño en Pedreguer, aunque ahora por supuesto ya se ha perdido.



Fijaros en que las calles son tan estrechas que los coches no pasan. Tienen un par de calles abiertas al tráfico para poder meterse, pero el resto son peatonales. Además, hay unas pendientes fortísimas.



Esta casa, por ejemplo, es un buen ejemplo: no se les hubiese ocurrido cerrar la cerca. De hecho, ni tan siquiera tiene puerta. Está restaurada, como muchas otras. Se ve que a los hijos de estos labradores no les ha ido mal, o bien hay turismo de ese ecologista. El hecho es que el pueblo parece un museo viviente de las tradiciones mediterráneas.



Y cómo no, las plantitas se dejan en la calle:



Aún queda alguna casa que necesita restauración. Los propietarios estarán tal vez trabajando en otra parte y la vieja dueña habrá muerto hace unos cuantos años:



Pero que nadie se preocupe, porque pronto esa casa lucirá pintura nueva y puertas de madera buena. ¿Y por qué estoy tan seguro? Fijaros en esto:



Y ahora en esto:



Está claro que los especuladores han llegado hasta aquí. Ese ambientillo mediterráneo, con los alemanes, ingleses o madrileños, tiene los días contados. En el pecado llevarán la penitencia. Quieren "desarrollo" del pueblo y sólo conseguirán cubrirlo de mierda.

19:40:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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