5 de agosto de 2006
Víspera de tormenta en Denia
Esta tarde me he dado una vuelta por la carretera de Les Marines de Denia. Esta carretera es la que atraviesa la zona de apartamentos playeros. He notado una sensación extraña. Conozco esa zona casi desde que nací y pocas veces en verano la he visto tan tranquila. Había una especie de calma chica que antecede a la tempestad.

Sobre todo, cerca de la zona llamada Las Brisas, donde están los bares musicales, siempre he visto grandes atascos y muchos peatones. Hace siete u ocho años era normal ver atascos incluso los fines de semana de invierno. Hoy, un viernes de agosto a las nueve y media de la noche, apenas había algún transeúnte y una pequeña fila de coches. No era nada escandaloso, no se podía hacer una foto reveladora, pero para los que conocemos la zona está claro que la crisis ya está aquí. Era la hora de buscar mesa en un restaurantito, de pasear antes de volver al apartamento, de recoger las toallas antes de que oscurezca del todo. Pero no he visto nada de eso. Había una normalidad de pueblo industrial entre semana, gente española que va y que viene. Esto para Denia es un golpe importante.

Me pregunto ahora si no ha estado ocurriendo esto durante los últimos años. En concreto, hace un año y medio ya me dejé caer una noche por esos bares, ya en diciembre, y la soledad era total, a pesar de que los establecimientos seguían abiertos. Hoy también los establecimientos seguían abiertos.

¿Qué es lo que realmente está pasando en Denia? Pues no tengo la certeza, pero puedo imaginarme lo peor: los puestos de trabajo actualmente se sustentan en la construcción y en los negocios adyacentes. El aumento de la población se debe precisamente a esos trabajadores. Los dueños de bares, restaurantes y otras empresitas de servicios están acomodados gracias a sus especulaciones, sus apartamentos en alquiler y su clientela autóctona. Aguantan el bajón de turistas con toda tranquilidad, los pisos seguirán subiendo y ellos cada vez serán más ricos. De hecho, un negociete como un restaurante les parecerá apenas un entretenimiento. Donde se mueve de verdad el dinero es en el pasapiserismo, el tío que les da el chivatazo, comprar sobre plano, vender más caro, meter cucharada aquí y allá. Pienso que el empresariado de Denia se ha dejado narcotizar por ese dinero fácil y no ha reconvertido sus negocios y ni tan siquiera ha atendido al bajón de demanda.

También me he fijado en los bloques de apartamentos. Hay muchos, algunos bonitos, otros ya viejos. Hay también muchos carteles anunciando futuras promociones o intentando vender el stock. Me ha sorprendido que, cayendo ya la noche, hubiese tan pocas luces encendidas en las ventanas. En cualquier ciudad correctamente habitada, más de la mitad de las ventanas tienen luces a la hora de la cena. En los apartamentos de Denia, apenas una de cada veinte ventanas estaba iluminada. Si los turistas no están en sus apartamentos, no están en los restaurantes, no están en la playa y no están por las aceras, ¿dónde están? Creo que en sus casas, tanto el turismo madrileño como el europeo.

Tengo claro que hay un bajón con respecto a finales de los noventa. Es un bajón que debería haber preocupado y que no lo ha hecho porque la burbuja lo ha tapado todo. Pero este otoño, cuando las playas queden otra vez desiertas y vengan las primeras lluvias, tal vez comience la resaca en Denia. La resaca de unos camareros que soñaron que eran ricos.

Actualización: Acabo de venir de otro paseo por Denia. A las dos del mediodía había coches, alguna cola, algún bañista. Más animado que anoche, pero menos de lo que había hace años. Ahora, lo más sorprendente han sido los restaurantes. Los de la zona del puerto no llegaban en ningún caso al 50% de mesas ocupadas. Había algunos completamente vacíos. Esto es comprensible porque la gente tiende a sentarse en las mesas de restaurantes que ya tienen clientes, y desconfían de restaurantes vacíos. Así, según pasa el tiempo, si no hay suficientes clientes, algunos se quedan vacíos.

Por la carretera de Les Marines, más restaurantes a medio llenar. Una pizzería incluso estaba cerrada, aunque con las mesas en la calle. Las inmobiliarias que he visto, cerradas. También me ha sorprendido la gasolinera, con un solo coche.

Es muy rara toda esa tranquilidad. Creo que hay menos turistas, pero sobre todo los que hay hacen menos gasto. Creo que en otoño muchos camareros van a ir a la calle, muchos de los restaurantitos irán echando el cierre. Las inmobiliarias irán también plegando velas, afortunadamente. En cuanto a la construcción, es cuestión de tiempo que también genere paro. No es que me alegre, pero creo que es el único camino hacia la normalización.

12:05:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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