22 de octubre de 2006
Ya no leo novelas
Me acabo de dar cuenta ahora. La última novela que leí fue Tuareg, de Vázquez Figueroa. Esto fue en mayo.

En cambio, creo que paso leyendo más horas que antes, aunque todo en internet. ¿Qué interés puedo tener yo en ese género fosilizado que es la novela? Si el interés está en las historias cotidianas, las hay más abundantes en la Red. Si el interés es el contacto con el "temperamento" del novelista, ahí están los blogs. Si el interés es el entretenimiento, el messenger me salva.

¿Para qué coño quiero yo una novela? Es bien sabido que la realidad supera a la ficción. Ahora que tenemos acceso a realidades infinitas, no tiene apenas sentido la ficción.

La novela es ya un género fosilizado, que imita las formas del siglo XIX y que no evoluciona absolutamente nada. En la parte culta, el barco hace aguas rápidamente. En los últimos diez años las novelas cultas han perdido a casi todos sus lectores, además de toda su influencia. A Javier Marías lo leen ya las secretarias y poco más. A Muñoz Molina... Muñoz Molina no es un autor culto, es un pedantuelo gallofero y nada más. Esta parte de la literatura ha adelgazado peligrosamente y va camino de su momificación, igual que la poesía y el teatro. Estos escritores son ya inframediocres con miopía. Ni ven el futuro ni ven la realidad que los rodea.

Entonces, no es como para perder el tiempo leyendo ahí.

Luego está la novela comercial. Aquí se ha pretendido heredar los ropajes del abuelo culto y se ha querido vender a Pérez Reverte o Ruiz Zafón como "calidad". Pero no la hay. Esta gente sí que es inteligente, plantea sus obras como estrategias comerciales muy bien perfiladas. A mí me gustaría ser como ellos, pero creo que no valgo para eso. Estas obras están hechas para el lector medio, y para bien o para mal, yo no soy el lector medio. Sé demasiado como para que me impresionen esas historietas. A veces hasta me enternece la inocencia de estas personas cuando tratan ciertos temas. Se mueven poco por internet.

Estas novelas no las leo ni las voy a leer. Si pudiese escribir una y comprarme una casa al contado, lo haría, pero ya dijo Matilde Asensi que el secreto de su éxito es ser una persona normal. Ahí me han pillado. No he sido nunca normal ni lo quiero ser.

Cuando un género es sólo entretenimiento mediano, sin debate, sin evolución, sin influencia en los lectores, entonces está al nivel del fútbol y de las revistas del corazón. El problema es que yo prefiero leer revistas del corazón que La sombra del viento. Son más realistas, las fotografías son bonitas y el número de personajes no deja de crecer.

Pienso que novelas de ese tipo se seguirán escribiendo y tendrán sus lectores. No creo que se muevan demasiado las cifras, tal vez un crecimiento lento pero ventas concentradas cada vez en menos manos. Lo digo porque es lo que ocurre en Estados Unidos. Pero las ideas nuevas, la cultura verdadera, no va a aparecer en las novelas. Lo innovador, lo interesante, lo que será influyente creo que está en internet. Es, tal vez, lo único bueno que ha hecho mi generación. Ahí tal vez les duela a los cabroncetes del 68: consiguieron dinero, prestigio, sexo con la mujer del vecino, pero no consiguieron matar la novela. Nosotros tal vez lo hayamos conseguido.

10:37:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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