8 de diciembre de 2006
Como en el siglo XVII
Hace días que quería traducir un articulito de un tal David MacWilliams. Al parecer es un economista irlandés, pero conoce la historia de España mejor que nosotros. El artículo se titula Celtic pirates plundering credit. Ahí va:
Durante el siglo XVI, una inmensa masa de oro robado cruzó el Atlántico desde Latinoamérica a España. Se estima que las reservas de oro españolas eran cinco veces mayores en 1592 que cuando Colón emprendió viaje cien años antes. España se convirtió muy pronto en la nación más reluciente del planeta.

Si la revista Hola hubiese existido a finales del siglo XVI, su foco de atención hubiesen sido los pesebres rebosantes de oro de la Sevilla colonial. Los españoles idearon un sistema extraordinario, que consistió en flotillas armadas de más de cuarenta fragatas que transportaban el oro del pillaje a sus colonias incas.

Una vez que el preciado metal fue descargándose en Cádiz, España se puso las pilas, comprando prácticamente todo lo que tuvo a mano. Los precios del suelo se dispararon y la nobleza comenzó a construir palacios más y más grandes, con fastuosos cuartos de baño, salones de baile y comedores.

Los que visitaban España se quedaban admirados ante la opulencia. Pero los cronistas de la época se temían que los enriquecidos españoles -que tenían una larga tradición de buenos comerciantes- estuviesen olvidando el trabajo duro, dejando las tierras abandonadas mientras iban refinando sus gustos por los productos de importación.

Era más barato comprar en Holanda, Francia o incluso Inglaterra que hacer las cosas en casa. Dado que el abastecimiento de oro parecía ilimitado, los españoles no podían ver el problema. Pero el oro desaparecía de España para pagar lujos tan rápido como iba llegando. De hecho, el oro pasaba por España sin tocar tierra.

En todo caso, durante el Siglo de Oro, España se sintió en la cima del mundo y algunos hicieron fortunas.

Las compañías navieras o algunos emprendedores que surcaron los mares, organizaron las flotillas y desembarcaron el oro, amasaron grandes fortunas. Por cada onza de oro inca que pasaron a España, se pudieron quedar con una comisión.

Este negocio incentivó la innovación en tamaño de las naves y técnicas de navegación. Hasta finales del siglo XV, el diseño de las naves era el mismo que siglos atrás, pero luego los portugueses comenzaron a construir carabelas (del árabe Carib). Estos barcos eran largos, de casco estrecho y con las distintivas tres velas triangulares. Se construyeron buscando la velocidad, y sobre todo cargar mercancías pesadas en largas distancias. Eran ideales para el oro.

Los comerciantes españoles adaptaron las carabelas a sus propósitos. Así, no sólo los comerciantes hicieron fortunas, también los valientes capitanes de los barcos adquirieron fama mundial.

Todos ellos eran parte de la infraestructura que convertía el oro en dinero. Ellos fueron los primeros banqueros globales, los alquimistas que, con sus esfuerzos, conviertieron un metal bonito en una moneda que compró toda clase de productos.

La nobleza española, que se arremolinaba interesadamente alrededor del rey, también se lucró desmesuradamente. Vieron cómo sus tierras cuadruplicaban su valor al tiempo que el oro, cuando se iba convirtiendo en ducados, causaba un fuerte incremento del dinero circulante. Esto hizo subir todos los precios. España experimentaba una masiva inyección de crédito, no muy diferente de la que sufre ahora irlanda, y los precios inmobiliarios hicieron lo que siempre hacen cuando hay demasiado dinero dando vueltas: subieron.

El Madrid del siglo de oro fue invadido por comerciantes y emprendedores holandeses, franceses, italianos e ingleses que querían pegar cucharada. Tomaban pedidos, los mandaban a Rotterdam, Carcassonne o Norwich, hacían el trabajo por la mitad de precio de lo que se podía hacer en España, y se llevaban una comisión.

Los perdedores fueron los fabricantes españoles, que se vieron fuera de su propio mercado. Sus bien pagados y poco competitivos trabajadores cambiaron el comercio por la quimera de la especulación y la exploración en las indias, o simplemente se dedicaron a gastar el dinero de los desgraciados y esclavizados indios del Perú.

Como dice el prestigioso historiador económico Peter Bernstein: "Hubo una abundancia de metales preciosos sin ningún desarrollo productivo, una subida de precios sin ninguna alteración monetaria. En pocas palabras, el siglo XVI en España se caracteriza por una separación entre el dinero y el comercio".

Hacia el final del siglo XVI, España comenzó a volver al remanso pastoril que ocupaba antes de que llegara el oro, excepto que ahora sin los recursos para pagar las facturas. Experimentó repetidas crisis financieras en 1596,1607,1627 y 1647.

Hablando de ahora mismo, algo de esto debería de sonaros familiar.
Pues sí, muy familiar: cleptocracia, despilfarro, imprevisión y chulería. Cambia el oro por el crédito barato, cambia la nobleza por la clase empresarial, cambia los navieros por los constructores y tienes la España de ahora mismo. La diferencia es que aquí el oro se va a tener que devolver con intereses. Los alemanes no son incas peruanos.

00:40:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


Leer los archivos

Entradas destacadas:
Pepito Relámpago - Pepita Nuncabaja - Seis meses en meetic - Etapas de la burbuja