12 de diciembre de 2006
Esos chinitos buenos
Me pasa José Alberto Hernandis un artículito inquietante de Sánchez Dragó titulado "Tribulaciones de un español en China". Parece que se ha tirado dos meses recorriendo el país y todo lo que ha visto ha sido bueno. Hasta las grúas de Shangai le han gustado, a él que es tan enemigo del urbanismo desaforado:
De verdad, amigos: no hay nada que hacer. Todo está hecho. Estudien mandarín y olvídense del inglés. Casi nadie, por cierto, y en contra de lo que se cree por aquí, lo habla por allí. El aeropuerto Kennedy, comparado con el de Shanghai (o, incluso, con el de Bangkok), es un aeródromo de novela de Saint-Exupery. Imaginen lo que va a ser Pekín después de las Olimpiadas. Cada seis meses surge en China un Manhattan frente al cual es quiero y no puedo el de la Gran Manzana. Hay ya en China cien millones de multimillonarios y miríadas de coolies sin trenzas ni sombreros cónicos que se agarran como zarcillos de plantas trepadoras a inverosímiles andamios de bambú y levantan en un amén rascacielos que hacen cumplido honor a su hombre. El Empire, a su lado, es una chabola. Los chinos habrían reconstruido las Torres Gemelas en un week-end. Puttong ?que así se llama, no piensen mal?, la formidable sky line surgida de la nada en lo que hasta hace muy poco era, frente al Bund y en la otra orilla del río, campo abierto de Shanghai, es ahora un escenario asombrosamente parecido al de la película Blade Runner. Quienes allí viven son replicantes. Que el cielo de tal modo adentellado nos ayude. Delenda est cuanto fue Europa.
Este es para mí uno de los rasgos más característicos del snob: admirar en otros países lo que se critica en el propio. Sánchez Dragó ha viajado a un país que sufre una reconversión acelerada desde el comunismo al capitalismo más salvaje. Las consecuencias de esta reconversión ya sabemos las que fueron en la antigua Unión Soviética. En China, de momento, parece que todo va bien.

¿Todo va bien? Desde aquí, sin moverme de mi pueblecito, he leído algunas cosas acerca de China. Más que nada comentarios de gente que ha ido a hacer negocio o a vivir. Parece que las cosas no son tan bonitas como las pintan algunos.

En primer lugar, China va a sufrir a corto plazo el invierno demográfico más fuerte de la historia de la Humanidad. Su política de único hijo hace que su pirámide de población sea prácticamente invertida. El Estado ya ni socorre a los ancianos. Esto puede no importarle a Sánchez Dragó, que dice que los derechos humanos son zarandajas occidentales, pero en términos económicos va a significar una reducción importante de la fuerza de trabajo (vamos a utilizar terminología marxista).

Pero, además, China tiene un riesgo de implosión política. El régimen comunista tiene tensiones internas mucho más fuertes de lo que nos dejan saber. Esto lo comentaba uno que había estado allí. Sánchez Dragó ha ido mirando autopistas y edificios altos, pero parece haber hablado poco con la gente. No nos ha dicho si están contentos o no con todo lo que está pasando. Si hubiese hecho como el maestro Camiló José Cela en su Viaje a la Alcarria, que se enteró hasta del último cotilleo de cada pueblecito, su artículo sería otra cosa. Lo cierto es que China es una dictadura sin libertades que quiere tener un sistema económico de capitalismo salvaje, sin miedo al coste social. Y esa forma de actuar es, según demuestra la historia, muy peligrosa.

Hay también otros problemas, como la necesidad de grandes infraestructuras, las crecientes bolsas de marginalidad, los cánceres que están apareciendo en zonas industriales. Claro, aquí pasa como en todo: al principio es muy fácil mejorar, pero cuando uno se acerca a los mejores la cosa cambia.

El capitalismo de China es rudimentario y decimonónico. Sólo saben fabricar productos cada vez más baratos. No conocen el marketing ni la publicidad. No saben crear una marca. A todo esto, sus tecnologías están atrasadas y requieren mucha mano de obra. Esa mano de obra cobra muy poco, no puede elevar su salario, y no es capaz de crear un mercado interno suficiente. Esto va a hacer que China dependa de Occidente más que Occidente de China.

El problema es lo que dijo Jeff Bezos, el fundador de Amazon: "hay dos tipos de empresas, las que trabajan para subir los precios y las que trabajan para bajarlos". Pues a China le ha tocado bailar con la más fea: debe trabajar para bajarlos, debe de ser el granero mundial de mano de obra barata. Ese es su papel en la función globalizada. Salir de ahí le resultará muy difícil.

Para subir los precios hay dos caminos: el alemán y el norteamericano. El alemán consiste en ofrecer el mejor producto del mundo, sin discusión. Esto requiere una fuerte inversión en I + D, un sistema educativo que genere científicos de talento, unos obreros cualificados y altamente productivos. Todo esto China lo puede tener, aunque a muy largo plazo. Pero el camino norteamericano es aún más espinoso, requiere un Hollywood, una NBA, un Elvis Prestley. Hay que vender una cultura entera, con un modelo de vida que conlleve unos productos determinados. En eso, los norteamericanos son imbatibles, inigualables, no ha habido nación en la historia con esa capacidad. Los chinos no saben ni sabrán hacer eso, sencillamente porque su cultura es demasiado diferente. El hecho de que se estén incorporando al capitalismo ya demuestra que es la cultura occidental la que penetra en Oriente y no al contrario. Son ellos los que vienen a nuestra fiesta, a ocupar el lugar más bajo, la manufactura barata. El peligro lo veo más bien en ellos, pueden acabar aculturados por Occidente.

De hecho, esos son los síntomas que Sánchez Dragó debería de haber visto si no hubiese llevado ya las ideas preconcebidas en su viaje. Hace tiempo que le oigo eso de "el primer milenio fue mediterráneo, el segundo atlántico y el tercero será pacífico". El concepto parece bonito, la pena es que sea falso. Si el segundo milenio comienza en el año mil, veo mucho Mediterráneo todavía. Hasta el siglo XIX no se puede decir que Inglaterra sea la primera potencia mundial.

Yo creo que esa frase es absolutamente falsa, y que lo que está ocurriendo es que Oriente se encamina, literalmente, a su desaparición. China, Vietnam, India tendrán unas economías respetables, pero de orientales ya no les quedará nada.

Actualización:
Si queréis estar al día de los dimes y diretes en China, leed Chinochano, el blog de un periodista español que vive en Pekín.

20:16:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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