20 de enero de 2007
El peluquero, la piscina, el todoterreno y el "bajón"
Este peluquero al que voy es una mina. Si la penúltima vez que fui ya me dio un adelanto, ayer la cosa se quedó clara.

Bueno, pues este señor es para mí un buen termómetro por dos razones. La primera es que habla con cientos y cientos de clientes, todos hombres. La segunda es que su inteligencia me parece mediana, del montón, no creo que sea de los primeros en enterarse de las cosas. (Tengo para mí que la gente inteligente, como los gays, tendemos a reconocernos entre nosotros, al tiempo que los tontos tienden a admirar a otros tontos).

Voy al grano: la cuestión es que antes de mí había otro hombre cortándose el pelo. Ahí estuvieron hablando de nimiedades. Cuando me senté yo en la silla, el tío en lugar de pagar y marcharse se volvió a sentar detrás y siguió hablando con el peluquero. Yo normalmente hablo poco cuando me cortan el pelo, sobre todo porque sin gafas veo borrosa la cara del otro en el espejo y no sé qué gesto tiene. También me niego a que me corten el pelo mujeres, a no ser que sean de mucha confianza, porque quieren conversaciones profundas y han llegado a preguntarme hasta qué trabajo tengo (en ese momento estaba en el paro, le respondí la verdad y ya no abrió más la boca, acabó su trabajo a toda pastilla y me despidió con un "suerte con todo").

Este hombre estuvo ahí hablando de chorradillas hasta que mencionó a su mujer, que según parece quiere renovar el coche y tiene el capricho de un todoterreno. Él decía: "¿y ahora qué falta me hace a mí un coche de diez millones?". El peluquero le respondió: "eso es parecido a lo mío, mi mujer quiere ahora una piscina, y yo le digo: espera, a ver cómo evoluciona la cosa". El otro le aconsejó: "pues haz el agujero mañana mismo, porque si no al final lo harás igual y con mala cara".

Luego se pusieron a hablar de delincuencia. Parece que en Denia ya atracan en plena calle Campos, incluso decían de un matrimonio que entró a una consulta de un médico y dentro de la misma consulta los desvalijaron. A otro le habían pegado una paliza. En fin, lo normal hoy en día.

Y ahora viene lo importante: el peluquero incluso deja de cortar mi cocorota, se gira y le dice: "pues esto no es más que el principio, el problema es que no sabemos hasta dónde llegará el bajón, la cosa podría ponerse muy mal". El otro se calló y yo, por supuesto, también.

Entonces, ahora pensad lo que queráis, pero he visto, en cuatro o cinco cortes de pelo, a este hombre pasar del optimismo inocente a los negros augurios. Hace dos años tenía tres sillas siempre llenas y varios clientes leyendo revistas. Tenía también dos trabajadoras que lo ayudaban y otra sección al lado para mujeres con cuatro o cinco peluqueras más. Luego echó a una de las chicas y puso a un argentino que cortaba muy bien. Ahora el argentino ya no está, la otra silla está vacía y la tercera silla simplemente ha desaparecido. La sección de mujeres no la vi bien, pero desde la calle se veía completamente vacía y creo que sólo tenía a una trabajadora.

El "bajón" al que él se refiere es, por supuesto, el bajón del consumo. Pero cuando lo relaciona con la delincuencia es porque ya relaciona el parón del consumo con el aumento del paro. Las mujeres de estos dos pequeños empresarios están aún en la euforia y siguen pidiendo cochazos y piscinas, pero ellos están ya con el ánimo mohino. Esta es la España verdadera, la de pie de calle. La otra, la que se cree que adelantará a Alemania, es sólo un chiste sarcástico.

16:09:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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