13 de julio de 2007
En Villanueva del Trabuco
El jueves hice otra excursión con el coche por los pueblos de España. Tenía ganas de ir a ver el pueblo de mi madre, Villanueva del Trabuco, en el que no había estado desde hacía unos 20 años. Tenía los recuerdos ya bastante borrosos. Mis padres han ido yendo de vez en cuando, tampoco mucho porque no quedan ya allí más que primos de mi madre. Pero a mí en mi adolescencia la idea de pasarme 6 + 6 horas metido en el coche con mi padre se me hacía muy dura. Luego, cuando murió mi abuelo, pasé un poco del tema andaluz, hasta que un día hablando con mi tío me aconsejó que fuese por mi cuenta y vería las cosas de otra manera.

El trayecto de Finestrat a El Trabuco es todo autovía. Primero pagas peaje hasta Alicante y luego ya todo gratis. Hay que dejarse caer hasta Murcia, torcer luego hacia Granada y al final hacia Málaga. El Trabuco está entre Archidona y Loja, en la parte noreste de la provincia de Málaga, tocando ya la de Granada.

El coñazo fue que hasta pasar Murcia no me quité el tráfico espeso. Todos esos cabrones que conducen exaltados son muy típicos de allí. Además, no paraba de ver las grúas de los "resorts". Cientos de grúas alrededor de Murcia y en la famosa Alhama de Murcia. Y en la radio, machacando la publicidad de Polaris World. Pero qué hostia se van a dar y qué poquita pena me dan.

Empezaba incluso a pensar que iba a ser un viaje muy pesado, con calor y tráfico. Pero fue entrar en Andalucía y todo se vació, y además bajó la temperatura. Ya estaba en la meseta. Enseguida empezaron a aparecer los campos de trigo y los olivares, con los pueblecitos blancos escondidos entre las lomas.

Guadix:

Podría haber llegado de un tirón al Trabuco, pero quise parar a ver Guadix, un pueblo que parece encasquetado en un valle de piedra pómez. Se veían también desde la autovía las casas que algunos se habían excavado en la roca.

Si alguien va con la idea esa de una Andalucía atrasada y miseriosa, que se la quite de la cabeza. Eso que lo deje para Teruel o Cuenca. En Andalucía los pueblos están llenos de gente y muy bien cuidados.



Esto es una especie de catedral, hecha en esa roca tan particular de la zona. Me acerqué a echar un vistazo pero acabé sentándome a la sombra. Eran las tres de la tarde y el sol picaba en la cocorota de mala manera.



Pero antes de irme quise echar un vistazo a las casas/cueva aquellas. Había algunas habitadas y reformadas, otras se anunciaban incluso como hotel, pero en el mismo borde de la carretera me encontré con unas que estaban abandonadas:



Hasta las viejas sillas se habían dejado:



Me metí a husmear dentro. Aquí el salón comedor. Se notaba el fresquito de la roca, estos sí que no necesitaban ni aire acondicionado ni calefacción.



Los techos se los habían hecho abovedados y todo, ahí picando.





Y este se había puesto una puerta de esas buenas. Lo que no sé es por qué han abandonado de esa manera esas casas.





A los lados había otros habitáculos, pero no te podías poner de pie. Yo no sé si los utilizaban como almacén o para encerrar al cerdo.



Y el burrito este blanco lo tenían amarrado allí al lado.



Y estas son las casas que aún están habitadas. Se las han reformado para tener una fachada normal.



Detrás había casas normales muy nuevas, de esas de lujo. A mí ya me estaba entrando bastante calor y me subí al coche para seguir camino.


Sierra de Huétor:

Por la autovía llega un momento que te pones a subir y subir. En mi coche tuve que meter la cuarta. Algunos camiones van por la derecha casi parados. Una vez que llegas arriba pone: Puerto de Mora, 1380 m. Yo creo que nunca había subido a tal altitud. Aquí ya de calor nada. Había una señal que ponía: "parque natural de la Sierra de Huétor". Me metí a pegar un vistazo.



Unos abetos y unos pinos altos que sólo los había visto en Alemania. Esto está ya cerca de Sierra Nevada. Según dicen, hay hasta arces y sequoyas. Llueve sus buenos 550 mm. al año, y nieva bastante en invierno.



Hay una carreterita que bordea ese parque natural.




El Trabuco:

Luego ya te pones a bajar y cuando te quieres dar cuenta estás en la salida que pone "Villanueva del Trabuco". Nada más meterme por ahí me encontré con esta empresa. Ahí es donde hacen el aceite, que luego venden con la marca Hojiblanca. Dice mi madre que ahí te venden garrafas de cinco litros a muy buen precio. La próxima vez que vaya compraré.



Estos son los campos que segaba mi abuelo con la guadaña.



Me contaba muchas historias de allí. Algunas veces, segando segando se encontraba con un "niá", un lugar donde alguna gallina había ido dejando sus huevos fuera del corral. Decía que podía haber hasta diez huevos. Les hacía dos agujeritos con la punta de la guadaña y se los bebía uno detrás de otro. Luego se acostaba en la paja a hacer la digestión.



Mi abuelo era natural del Trabuco y vivió allí hasta los 60 años. Fue jornalero en varias cuadrillas y luego casero de un par de cortijos. A última hora tuvo un cortijo arrendado y se lo producía todo él, pero al final había que dar la mitad de la producción al señorito. Parece que se podía ir pasando pero sin tirar cohetes. Este cortijo se llamaba Mariandana, y aunque lo busqué no lo pude encontrar.

Pero si la familia emigró no fue por la miseria sino por el "qué dirán". Mi tío dejó embarazada a mi tía, con 18 años, y tanto miedo le daban las maledicencias que en pocos meses cogieron la maleta y se vinieron a Pedreguer, a emplearse en una fábrica de bolsos. Creo que el trabajo se lo consiguió un pariente lejano que ya estaba aquí.

Luego mi madre, con 16 años, se vino también para ayudar a criar a la niña y buscar luego trabajo. Mi abuelo y mi abuela, viéndose ya mayores y solos, se vinieron también.

Mi abuelo era un hombre bastante tímido y cerrado, pero muy bondadoso. Esa idea del andaluz saleroso y agitanado no la he tenido yo. Eso se dará más en la costa. Mi abuelo era andaluz montañés, recio y callado, aunque le gustaba mucho reírse. Era rubio, con los ojos azules y la cabeza cuadrada tipo alemán. Vivió 85 años sin ninguna enfermedad conocida. Ni dentadura postiza se puso. Con 80 años aún se iba a comer andando a casa de mi tío, en la otra parte del pueblo, y volvía caminando todo tieso por las aceras. No aprendió nunca a leer. Me pedía que le leyese las cartas. A nuestras bicicletas las llamaba "tararañas" y al monopatín "cazoleta".

A última hora se fue apagando y acabó sin poder casi moverse en la cama. Yo iba a veces a verlo y le decía: "si es que no se muere usted nunca", y aún tenía los huevos de reírse. Un día, estando mi madre en su habitación, le dijo: "yo podría morirme ya". Bajó mi madre a por la comida y cuando subió estaba ya muerto. Qué personaje. Se llamaba José María Navarro Luque, aunque en el Trabuco se le conocía por Paco Petro. Cómo lo echo de menos.



Esto es el casco urbano. El pueblo tendrá tres o cuatro mil habitantes. Parece que lo repobló Carlos III con inmigrantes alemanes, allá en el siglo XVIII. Lo de El Trabuco le viene por un ventero que iba a por la mercancía a Loja siempre con un trabuco, harto ya de que lo asaltasen los bandoleros.



Si os fijáis, no hay ni una sola grúa. Eso sí, tienen las casitas muy bien arregladas. Me acordé de que mi abuelo siempre decía que en Andalucía hacía calor al sol pero te ponías a la sombra y estabas fresco. Yo dudaba de aquella sombra milagrosa andaluza, pero es verdad, a 700 metros de altura y con el aire seco te pones a la sombra y se está bien.





Están reformando una de las calles principales para poner adoquines.





Muy típicos de allí los mulos. No sé si los utilizan aún para algo o los tienen por tradición.



Esta es la zona nueva, con casas tradicionales, aunque algunas con colores raros.




Alfarnate:

Luego me quise ir al pueblo de mi abuela, Alfarnate. Está a pocos kilómetros, aunque metido en la montaña. Mi abuela se llamaba Dolores Gallardo Ortigoza, y era una de esas matriarcas echás palante. No llegué a conocerla porque se murió con 50 y pocos, teniendo yo un año. Conocí a su hermana Carmen, que estuvo viva hasta hace poco. En su casa de Alfarnate nos quedamos una semana de pequeños. Tenían también un chalet en Málaga y también estuvimos por allí. Su marido se llamaba Eliseo y tenía algunas tiendas, me parece recordar.

Alfarnate está a unos mil metros de altura, rodeado de olivares y sembrados. Dicen que el aceite es aún mejor que el del Trabuco. Eso será ya virgen extra ++. Antiguamente era una zona bastante inaccesible. Por esa carreterita que se ve a la derecha se emboscaba José María el Tempranillo con su cuadrilla. Todavía en tiempos de mi abuelo había muchos bandoleros. Había otra ruta a través de la montaña, pero tenías peligro de despeñarte. Hacia abajo por la misma carretera se va a Loja. Para allá iba caminando mi abuelo, a veces de noche y en invierno para comprar medicinas cuando alguien se ponía enfermo. Todavía en Pedreguer guardaba la pelliza que se ponía.



Alfarnate se parece un poco a Tárbena, un pueblecito de montaña con callejuelas estrechas y casitas modestas. Los señoritos aquí arriba no subían.



Estuve dando algunas vueltas y había un montón de ancianos sentados en la calle, allí de conversación. De calor nada de nada, ahí en invierno se quedaban aislados. Está el asfalto de la carretera cuarteado en algunas zonas por la nieve y el hielo.






Gor:

Empecé el camino de vuelta y me llevé una sorpresa. Tenía ganas yo de visitar el mundo de Gor. Me metí a ver si había alguna kajira pero otra vez sólo había viejos con la boca abierta. Ya di media vuelta, tomé la autovía y volví a casa.



13:30:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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