21 de abril de 2008
Cuando la fuente se seca
Más de dos años después de que Richard Ford acabara su novela, he podido comenzar a leerla. No se han apresurado mucho los de Anagrama, que digamos. Lo cierto es que no me está gustando absolutamente nada. Decía Pío Baroja que la imaginación es una fuente que mana torrencial en la adolescencia y que con los años se va secando hasta no quedar nada. A Baroja le duró la fuente hasta casi los 70 años. A Ford se le debió de secar a los 55.

Esta novela (en España publicada como Acción de Gracias) no está a la altura de la anterior por muchas razones que tal vez en este artículo no acabe yo de perfilar bien. Cuando a un escritor se le notan las improvisaciones y sobre todo la pereza de releer lo escrito, mal vamos. Hay en esta novela muchas frases que son absurdas y Ford lo sabe, lo malo es que le da igual porque cree que va a colar.

Pero no cuelan:
Otra forma de decir esto (y hay muchas maneras de expresarlo todo) es que algún impulso vital me estaba enfrentando severamente con lo que daba la impresión de ser mi identidad (tras una larga ausencia), planténdome, si me decidía a aceptarlo, un imperativo que ninguna de mis decisiones de reciente memoria -voliciones, preferencias, compás adicional, tiempo vivido mar adentro- me había presentado, aunque pudiera afirmar lo contrario y apoyarlo con un sinfín de argumentos. Para un hombre de esencia nada previsible, en eso había un ansia de fatalidad, de solidez, de eso que representa el "carácter".
A ver si alguien me puede decir qué significa todo ese párrafo. Me recuerda un poco a las imposturas intelectuales de los franceses pero en versión fast food.

Aunque hay más cosillas raras en las 90 páginas que llevo leídas (tiene 730):
Pero me di cuenta de que en lo que a mí se refería, muy pocas cosas tenían carácter indeleble -salvo lo que ya había hecho, dicho, comido, etc.-, y todas juntas no prejuzgaban lo que pudiera hacer en el futuro. Yo tenía una historia, de acuerdo, pero en realidad mi personalidad no era muy típica, al menos carecía de una esencia interna en la que alguien, incluido yo mismo, pudiera basarse para hacer predicciones. Y para arreglar eso, pensaba yo, había que hacer algo. Necesitaba ir en busca de una apariencia de carácter reconocible y convincente. ¿Y es que eso no es el sueño más preciado y prepóstumo de todos? La noticia de nuestro prematuro fallecimiento pillando a todo el mundo tan de sorpresa que hermosas mujeres han de abandonar cenas elegantes para estar un rato a solas consigo mismas, sus pobres maridos mirando alrededor, confusos; hombre maduros comprendiendo que no pueden acabar la conversación de sobremesa en el Founders Club porque están demasiado conmovidos. Niños que se despiertan llorando. Los chuchos aúllan, los sabuesos se ponen a ladrar. Todo porque algo fundamental e inefable ha desaparecido, y el mundo entero lo sabe y no halla consuelo.
Y toda esta reflexión lleva al prostático y cincuentón Frank Bascombe a fundar una inmobiliaria. Como lo oís. Y a mí este personaje, que me cayó tan bien hace 13 años, me parece ahora un cursi pegajoso y un filósofo doméstico que quiere deslumbrar a las secretarias.

Y sobre el tema inmobiliario, hay más afirmaciones que demuestran esa "penetración" de Ford en su sociedad:
Aquí, el precio medio de una casa es de cuatrocientos cincuenta mil, el mercado de mayor crecimiento del país: el año pasado. Sólo que no va a durar. Un par de vecinos ya ha puesto carteles por su cuenta, lo cual es preocupante. Aunque para mí todo es tan natural como el proceso de sequía de los estanques, y nadie debería lamentarlo. Me gusta ver que se hace uso del paisaje.
Y más adelante añade:
Cuando la gente no quiera tener una casa frente al mar, será porque ya han asfaltado los océanos.
Afirmación palillera donde las haya. La novela está ambientada en el año 2000, en el pico de la burbuja tecnológica. Para salir del agujero, se dio más y más crédito hasta la situación actual. Pero él tranquilo, era un proceso natural como los estanques. Este Bascombe es un digno representante de su generación.

Y luego se va a hacerse promotor:
La idea de que esta desfasada tierra de labor, ese bosquecillo bonito pero inútil, ese riachuelo seco, cenagoso, pudiera transformarse en una urbanización tan lisa como una plancha, en la cual brotarían viviendas colosales en promiscuas permutaciones arquitectónicas que formarían como una maravillosa ciudad de otros tiempos, y de que todo eso podría hacerse a su instancia y beneficio, es casi más de lo que puede soportar.
Y la fantasmada que tan bien conocemos:
El precio de las casas en esa zona -enormes chalés adosados de aspecto versallesco- está por las nubes, incluso con las actuales fluctuaciones del mercado, y cualquiera que disponga de una excavadora y teléfono móvil y aún no esté cumpliendo condena en la cárcel puede hacerse rico sin siquiera levantarse de la cama.
¿Éste es aquel antihéroe inadaptado que hacía aceradas críticas al sistema norteamericano? Lo noto un poco atontado. Aunque sí que es muy creíble su obsesión antiBush, los progres y el ladrillito, esos grandes amigos.

Esta novela tiene un único interés: confirmar la idiotez y la empanada mental del ciudadano medio norteamericano durante los "felices años 90" antes de que todo empezara a joderse. Sólo por eso, creo que voy a terminar el libro.

14:14:36 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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