14 de agosto de 2008
Portugal Road Trip
Cuando me propusieron un viaje a Lisboa acepté sabiendo que allí iba a ver el futuro de España: una economía con 15 años de decadencia, unos políticos desnortados, incapaces de encontrar la salida del túnel, una sociedad apática que espera que los problemas se solucionen solos. Lo cierto es que nunca había estado en Portugal y sentía una cierta curiosidad.

Entramos por el noreste, hicimos noche en Braganza. Este pueblo es algo así como Muro de Alcoy en grande, no le encontré personalidad específica. Lo mejor fue el hotel Ibis en el que dormimos y los cojones de este toro, que casi tocan el suelo en plena embestida:



Quisimos luego pasarnos por Coimbra, ciudad universitaria, con nombrecito. Estaba vacía en pleno agosto y caía un sol de justicia. Me pareció un poco como el campus de Taronjers de la Politécnica de Valencia pero con las paredes desconchadas. Yo empezaba ya a notar el olor a naftalina y a decadencia que tiene el país. Portugal parece estar en el límite de no poder realizar las tareas básicas de mantenimiento de su patrimonio histórico.





Es Coimbra una ciudad que por alguna razón me dio muy malas sensaciones, con sus edificios mohosos, su campus hipertrofiado y su ubicación tierra adentro. Algo por dentro me decía que escapara de allí.



Por la tarde llegamos a Estoril, donde habíamos reservado el hotel. Avanzamos por una avenida llamada Marginal, bordeando el mar. La cosa tenía un aspecto más alegre, con más gente.



Pero si te fijabas un poco, veías cosas como esta:



El hotel que pillamos era de una cadena llamada Sana y tenía también el aspecto de un Mercedes viejo con la estrellita rota. La habitación que nos asignaron estaba en la primera planta, sobre los extractores del aire acondicionado, tenía olor a moho y estaba adaptada para discapacitados. Costaba 92,5 euros la noche en una superoferta, el teórico precio normal eran 190 euros.

Dejamos las maletas y nos pegamos una vueltecita por los alrededores. A pocos metros está el Casino Estoril, también supongo que testigo de pretéritos tiempos mejores, con su jardín palaciego y el cartel luminoso al fondo:



Cenamos luego en un establecimiento peculiar: una especie de puerta trasera de un hotel muy lujoso, donde te ofrecían un buffet libre. La comida era realmente buena, y el servicio era totalmente de lujo. Acabamos, giramos la esquina y vimos que aquello se comunicaba con un exclusivo restaurante con sillas de diseño y luces indirectas, donde los clientes con cara de circunstancias miraban una carta gigante y se pedían una exquisita perca con gambas, de la que yo tenía la panza llena por unos euros.

Buscamos luego la zona de la playa y el viento frío casi nos tiraba al suelo. Nos hicimos un par de cervecitas en un local cerrado y caminamos luego por un espolón bastante oscuro. Me quedé un rato mirando el Atlántico. Pensaba yo en que ya eran ganas de irse por allí a conquistar América, con lo bien que se está bajo las faldas de la madre como mi generación.



Por la mañana seguí viendo cosas raras. Un caserón con parcela de buen tamaño, a pocos metros de la playa y del Casino Estoril y en estado ruinoso.



Sin moverse de la terraza del hotel, se ven más:



Incluso parece que en las villas de antaño vive la basura hogaño:



Todo en Estoril sugiere una silenciosa y lenta decadencia, tal vez no percibida por sus habitantes, como una veterana cabaretera que tiene ya los dientes grisáceos y la mirada perdida.



Estas dos fotos son de un pueblo muy turístico llamado Sintra:



El turismo dominguero no ha impedido que los palacetes vayan pudriéndose.



Bordeando la costa en dirección norte, las cosas están peor:



Cuesta mucho imaginarse los tiempos gloriosos de ese caserón, pero por su fisonomía es seguro que los tuvo. Está a unos 20 metros del mar:



Algún edificio tiene brujas seguro:



Casal Tres Marías. Seguramente las tres ya muertas:



Muy cerca de allí encontramos esta magnífica playa. Las hormiguitas esas que se ven son las personas. Detrás sólo había una pinada. Eso sí, frío y viento:



Lo cierto es que no llegamos a visitar Lisboa. Estaba yo cansado y desganado. La tocamos brevemente en coche para salir en dirección a Extremadura, pasando por un inmenso puente sobre el estuario del Tajo:



Paramos luego en Almagro, pueblo simpático, solariego, de antiguo abolengo:



Me recuerda un poco al Burgo de Osma, por su ambientación histórica, pero sin esa severidad. Almagro es lúdico, teatrero, el escenario de una comedia de capa y espada.



Nos quedamos en una preciosa casa llamada Posada los Caballeros, con ambientación de época. Si vais a quedaros en Almagro, el sitio vale la pena.

Nos pasamos al día siguiente por el famoso corral de comedias. Un poco snob el ambientillo. Te daban un aparato que hacía al oído la explicación de la falla. El comentario más inteligente que escuché fue el de un chavalín de tres años con sus gafitas de plástico, que nada más entrar exclamó: "¡Pero si aquí no hay nada!".





23:56:15 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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