27 de junio de 2009
Carrillo carnicero
Estoy viendo el documental Carrillo comunista. Lo he cogido justo cuando hablaba de Paracuellos del Jarama, tirando balones fuera como siempre. Me he quedado mirando sus ojos de asesino. Hay algo siniestro, inmoral y despreciable en este ciudadano. En apenas veinte minutos, ha reconocido ya muchas muertes pero a su manera eufemística y liante. Durante la guerra y después de ella, ya en el exilio, mandó a muchos correligionarios a una muerte segura mientras él permanecía bien resguardado. Manejaba a las personas como un verdadero carnicero completamente fanático, exaltó a las masas para conseguir más carne de cañón, alargó todo lo posible una guerra perdida, patrocinó durante décadas el terrorismo en la España franquista. Rompió con su propio padre por haber apoyado la rendición ante la evidente imposibilidad de ganar aquella guerra. Publicó una infame carta:
Cuando pides ponerte en comunicación conmigo olvidas que yo soy un comunista y tú un hombre que ha traicionado a su clase, que ha vendido a su pueblo. Entre un comunista y un traidor no puede haber relaciones de ningún género. Tú has quedado ya del otro lado de las trincheras.
Y todavía mejor:
Cada día es mayor mi amor a la Unión Soviética y al gran Stalin, a los que vosotros odiáis y calumniáis precisamente porque han ayudado a España de una manera constante a través de toda nuestra lucha.
Lo que nunca le perdonaré a la Transición es haber restablecido el prestigio de este psicópata sectario y haberle dado de comer del erario público durante 35 años.

Cuando hablaba de las matanzas en el Madrid sitiado le salía la sonrisa, le brillaban los ojos ante el recuerdo de los buenos tiempos, los aviones franquistas abatidos, las delirantes proclamas ante un pueblo exaltado.

Luego ha hablado de Stalin: lo tenía engañadito a este pobre Carrillo, nunca se pudo imaginar que Stalin era tan malo. En su inocencia de agitador político y guerrillero terrorista, nunca pudo imaginar lo que luego llegó a saber (muerto Stalin, claro).

Y se cubre más de gloria en su lucha antifranquista: mítines, exaltación, puño en alto, pero el culo siempre a salvo, en busca del escaño. La revolución sería luego hacerle reverencias a un Borbón, integrarse en un sistema que iba claramente al bipartido. Lo más sorprendente del documental es que aparenta haberse creído que le iban a dejar ganar las elecciones. Pero al final siguió el método Rajoy: seguir y seguir hasta que el partido quede reducido a la nada. Purgar a Cristina Almeida y a quien haga falta. Enfrentarse con la dirección soviética, que el Estado español ya le paga sueldo de diputado y su consiguiente pensión.

Y luego, cómo no, la gloriosa escenificación del 23-F. "Me di cuenta de que me mataban si ganaba esa gente". ¡Qué león!

00:26:39 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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