29 de agosto de 2009
Scotland Road Trip II
Dentro del ferry se vive ese pseudolujito de moqueta maloliente tan propio de los ingleses. Hay un comedor autoservicio, un par de restaurantes y un pub. Pero también hay casino, bingo, videojuegos y una tienda de "grandes marcas". Todo al doble del precio español. Esto de las marcas parece que le gusta mucho a esta chusma inglesa, que se pasó el día mirando sin comprar casi nada. Yo me pasé el día paseando por la cubierta, viendo primero la costa española y luego el mar azul. Estaba el tiempo magnífico, el Atlántico tan calmado como un lago. Había varios grupos de aficionados a la fauna marina que se habían llevado unos catalejos gigantes con sus trípodes. Luego dijeron por megafonía que se habían avistado ballenas, escualos, cachalotes, delfines, yo no había visto nada.

Me pedí una cerveza en el bar terraza, en vaso de plástico, y me soplaron 4,5 €. La comida: pollo con patatas, pastel de queso, ensalada pequeña, pan con mantequilla, 13.88 libras. Para cenar me quise pedir fish & chips, pero como tardaba en salir me fui con una ensaladita y una botella de agua (6.54 libras). Cuando estaba pagando vino la mujer amablemente con el plato y yo con chulería le dije que no lo quería ya. Me fui a dormir y me sonaban las tripas más que el motor del barco, me tuve que quitar el pijama y acercarme al pub, que era lo único abierto, y una muchacha italiana me sirvió un cuenco de arroz con salsa de carne y una pinta de lager por 7.95. Luego ya me dormí como un tronco y me levanté tarde, desayuné muesli con fruta y yogur, zumo de naranja y tostada con mantequilla (4.81). A mediodía ya sí que comí el fish & chips con habichuelas, que me lo sirvió una mujer que era de Bilbao y se quedó sorprendida de que alguien en aquel barco hablase español. Luego ya hice la maleta y estuve viendo cómo se acercaba la costa británica.

Nada más abrieron la puerta del ferry, salí el primero y me metí en la autopista. Se me hacía bastante raro el ir adelantando por la derecha, y tampoco sabía muy bien a dónde iba. Eran ya las seis y media de la tarde y quería llegar a Coventry a dormir, pero quería hacer ruta por los pueblos.

Cogí una carretera hasta Salisbury y paré a echar gasolina. Le di a la muchacha la tarjeta de crédito y el DNI. La tía no sabía qué hacer con el DNI, lo quería pasar por el lector. Le digo que eso es sólo una tarjeta de identidad y se pone listilla "¡Oooh! ¡I see!". Bienvenido al país que inventó la comprehensive school.

De ahí pasé a Marlborough, Swindon, Lechlade, Burford. En uno de esos pueblos paré a comprar un kebab a unos turcos, que me miraban con desprecio. Luego me preguntaron de qué país era y dije que de España. "Ah, España", y querían ya conversación simpática. Yo pensaba, a ver si me dais ya la bazofia para llevar y aquí os quedáis sudando grasa, cabrones.

La zona sur de Inglaterra es muy frondosa:





Pasé por un pueblo llamado Stow-on-the-Wold, que tiene todas las casas de piedra amarilla. Iba dándole bastante caña y se estaba haciendo de noche, así que no eché muchas fotos. Aquí vi cómo se saludan los moteros ingleses, que es ladeando la cabeza. Me parece más seguro y cómodo.

Paré a comerme el kebab y sólo me entró la mitad, la carne parecía virutas de madera. Luego puse el GPS y enfilé ya dirección a Coventry, pero como ese GPS no lleva mapa, en una rotonda me equivoqué y no pude dar la vuelta hasta Birmingham, luego volví atrás y encontré el hotelito Ibis, con un dependiente ruso o polaco que era un tío serio y eficiente.

Mientras esperaba para pagar había a mi lado un españolito que se retorcía para pronunciar cada palabra: "if posibol rum jau mach". Ridículo y lamentable, acomplejado por estar en Inglaterra. Llevaba en la barba perrofláutica un cartel que ponía "yo voté a ZP". Se pidió una habitación doble para dormir con su madre en el hotel F1 de al lado, que tiene el baño compartido.

Yo me subí a la habitación, intenté pegarle cuatro bocados más al kebab, me lavé los dientes y me dormí.

Coventry-Kilmarnock:
Seguía yo empeñado en no tocar las autovías. Estuve toda la mañana de pueblo en pueblo, con un tráfico horrible. Los semáforos ingleses se ponen en ámbar antes del verde, y ahí le pisan bien a fondo, sobre todo si han visto que te has saltado la cola por su izquierda. Si quería salir delante de ellos tenía que dar gas a fondo. Había también por allí un poquito de Plan E, aunque se ve que no han sido tan ceporros de publicitarlo a bombo y platillo, porque no es normal que hubiese tantas obras municipales justo en las zonas donde más cartelitos de "sell" había. Yo recordaba Inglaterra como una zona muy poblada y con tráfico, pero en estos últimos catorce años el tráfico se ha doblado. Tienen atascos africanos por casi todos los pueblos.

Seguí avanzando sin tocar ciudad alguna hasta que un poco al norte de Manchester comenzó a chispear. Yo llevaba en el cofre un mono de agua pero quise confiarme a la chaqueta y los pantalones de cordura, que decía el listillo de la tienda que eran impermeables. Me los quise poner en un pequeño túnel que daba a un patio y salió un tío: "perdone, pero ¿está aparcando aquí?". Le digo "¿puedo cambiarme de ropa en un minuto?". "Voy a salir en un segundo". De manera que tuve que cambiarme los pantalones y ponerme los cubrebotas de látex en el arcén de la carretera. Valiente pueblo hipócrita, sucio e inmoral.

Pronto me fui dando cuenta de que por la chaqueta el agua pasaba, especialmente por las costuras de los hombros. Los pantalones también calaban por la zona de la bragueta. Llegué a un pueblo llamado Carlisle, en la costa oeste casi ya en Escocia. Pregunté en un Premier Inn y me dijeron que en el otro del mismo pueblo quedaba una habitación. Fui para allá y me dijeron que la acababan de vender. Les pregunté si en el de Kilmarnock, al sur de Glasgow, había algo libre. Me dijeron que sí y quise que me la cobraran ya desde allí. Tenía la referencia GPS de aquel hotel y, aunque tarde, llegaría seguro.

A todo esto, el agua no daba tregua. Las gotitas iban resbalando por las mangas de la chaqueta. Los guantes Alpinestar con Goretex estaban totalmente empapados ya. En Dumfries paré a echar gasolina antes de que cerraran, y me metí a cenar en un local de la cadena Little Chef. Es un restaurantito pasable, pero podían poner un poco más de cantidad en los platos.

Seguí luego ya de noche, con todas las gasolineras cerradas, por una zona bastante deshabitada. El móvil me empezó a vibrar y paré a ver quién era. No era nadie, vibraba sin parar y los botones no funcionaban. Estaba empapado de agua. Le quité la batería y lo tiré al cofre, que por cierto es totalmente estanco, no le entra ni gota. Tampoco les entró ni gota a los zapatos, los cubrebotas de látex de 15 euros superan a cualquier goretex y otros sacadinero. Esa idea de que existe una ropa de moto de tal calidad y de tal "tejido inteligente" que vale tanto si hace sol como si llueve, quitáosla de la cabeza. Si os llueve con ganas y durante muchas horas, lo único que os va a servir es un mono de agua totalmente impermeable con las costuras termoselladas y los ya mencionados cubrebotas de látex. El precio de las dos cosas son 45 euros.

Llegué al Premier Inn, me metí en la habitación y con el secador pude arreglar un poco la cosa. En la recepción había una rubia jovencita, bien maquillada y con las uñas llenas de roña. Hay que joderse.

Los Premier Inn son ya hotelitos de mucha calidad y te salen por unos 90 euros, incluso el desayuno Premier, que es el que yo me tomé. Pides los ingredientes de una carta y te viene la muchacha con el plato. Yo me pedí panceta, habichuelas, huevo revuelto, una rodaja de morcilla gigante y una especie de chorizo vegetal que estaba muy bueno. Luego empecé con el continental: muesli con yogur, zumo de piña, tostadas con mantequilla y mermelada.

Los escoceses son muy buena gente y con ellos hay que cambiar el chip. No se parecen a los ingleses más que en la lengua, que la hablan con mucho acento.

No había parado de llover. Me puse todo el equipo y salí a ver Escocia, que era el motivo que me había llevado allí.

Mañana sigo.

14:45:24 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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