22 de septiembre de 2009
La cuestión marroquí
Hace mucho tiempo que tengo ganas de hablar de este tema y al final no creo que me vaya a salir un artículo muy brillante. Intentaré contar lo que sé.

Poniendo el ejemplo de Pilar de la Horadada, que conocí el año pasado, hay una población marroquí que trabaja en la huerta. Esta gente vive en pequeños pisos alquilados o en barracas entre los invernaderos. Muchos de ellos no tienen luz, no tienen agua corriente, no tienen libros para sus hijos, pero tienen mezquita.

La mezquita la ha pagado alguien. Es un bajo en la calle llamada Luna, que ha costado unos 90.000 euros. El imán de allí tiene la nacionalidad española y predica cosas como que España antes era de Marruecos y pronto lo volverá a ser. Si pasas por allí con el coche, una pestilente y andrajosa guardia pretoriana te mirará de costado.

Puedo dar fe de que gran parte de los bereberes que arriban a los invernaderos a ganarse el pan no han oído en su vida un solo discurso panislamista, y en menos de un año son fervientes antiespañoles.

Le dije una vez a una chica marroquí, ya casi mayor de edad: "creo que en el Islam son los hombres los más interesados en la religión". Me respondió que sí.

El Islam no es la blanda y femenil religión católica. Estos tíos sueñan con invadirnos y someternos. De entrada, no diferencian entre poder político y religioso. Los sermones no son sólo morales, se acercan más a lo de Goebbelslondo pero con el dedo levantado.

Lo primero que hace una familia marroquí que entra ilegalmente en España es pedir su tarjeta sanitaria. La llevan los niños a modo de DNI. Es fácil que acudan a consulta varias veces por semana.

Importante también es la beca para material escolar y la ropa y comida de Cáritas. Si se llega a cotizar, luego el paro hay que agotarlo antes de volver.

Alguno de todos los sesudos economistas que pueblan la piel de toro podría entretenerse en calcular el dinero que el Estado está gastando en sanidad, educación, manutención y subsidios de desempleo para extranjeros. Más que nada para saber a cuánto ha salido el metro de pladur.

A lo anterior, añadámosle el coste de una eventual expulsión, si es que algún día se llega a producir. Posiblemente queden por aquí como los gitanos, como ejemplo de integración y amor por España.

Me gustaría preguntarles a los progres si era esto lo que ellos esperaban y si han encontrado ya alguien a quien echarle la culpa. A lo mejor dicen como aquella de los mundos de Logse: más dinero para desdobles.

18:54:16 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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