14 de septiembre de 2009
Lo que ha pasado en la educación
Estaba esta mañana viendo al ministro Ángel Gabilondo en un programa y hablaba de la educación, de los problemas muy graves que hay por allí y por allá. A mí me sorprende que haya que darle tantas vueltas a algo que parece bastante claro y simple. La decadencia empezó más o menos al implantarse la LOGSE y tocó fondo cuando yo empecé a trabajar, allá en el 2004.

Los problemas llegaron en dos fases, una de ideologización progre propiciada por la LOGSE y otra de narcotización propiciada por el dinero gratis.

1992-1998:
En esta primera fase fue el propio sistema educativo el que perdió sus valores. Se creó una ley a la medida de las ideas progres, basada en los complejos de culpa y en la subversión de las jerarquías. El concepto taumatúrgico era la "comprensividad". La comprensividad venía a ser traducción de la tradicional comprehensive school anglosajona, que significa "escuela integradora". Y así como tenían el nivel de inglés tenían el resto de cosas.

Fueron básicamente dos conceptos los que se combatieron: la autoridad del profesor y el esfuerzo del alumno. Para acabar con la autoridad se estableció toda una serie de derechos de los alumnos que no tenían su correspondencia en los profesores. Se prohibió, por ejemplo, sacarlos del aula por ser contrario a su derecho a la educación, por más que estuviesen impidiendo el desarrollo de la clase y la educación de todos los demás. También se dificultó al máximo la expulsión de los alumnos del centro por más faltas de conducta que acumulasen. La figura del profesor debía de ser amable y en pie de igualdad, un endeble comercial que, como es lógico, fue derivando cada vez más hacia la hipocresía. Y así se entiende el desprecio que los alumnos han sentido por ellos.

Más dañino que lo anterior fue la nueva orientación pedagógica: había que "aprender divirtiéndose", todas las actividades debían de ser "motivadoras", y esa motivación debía de ser similar a la de los videojuegos. La capacidad de concentración, la resistencia al esfuerzo intelectual y el gusto por el trabajo bien hecho no importaban tanto como el entretenimiento y el goce de los placeres inmediatos.

Por poner un ejemplo, cuando yo iba al instituto jugábamos partidas de ajedrez con media hora por jugador. Cuando volví como profesor y organicé un pequeño torneo, nadie quería jugar a más de diez minutos por jugador.

Todavía esto colea por los institutos. Me dijo una vez una profesora que se notaba que yo no tenía vocación docente porque nunca organizaba actividades extraescolares. Cierto es que nada educa tanto como pegarles un paseo a media mañana por el mercadillo.

Pienso que el profesor que pasa una jornada laboral haciendo de monitor de los juniors tendría que cobrar ese día el salario correspondiente a un monitor de los juniors. Pero esto no sólo no sucede así, sino que el pasearlos por ahí suma créditos para obtener un sexenio y hasta aumenta la nota en las programaciones que se presentan a las oposiciones.

Las generaciones que han pasado por la LOGSE tienen un bajo desarrollo cerebral que arrastrarán toda su vida. Si en la fase de crecimiento no se estimula la mente adecuadamente, luego ya es tarde. Esto ya he dicho otras veces que pienso que se hizo intencionadamente desde el neoliberalismo, utilizando esa inconsciencia de los progres.

1999-2004:
En este periodo, a la LOGSE se sumó el dinero gratis. Ya los padres de los alumnos empezaron a perder también sus valores, lo que por supuesto se transmitió inmediatamente a sus hijos. De entrada, se relativizaron todos los criterios éticos y morales a uno solo que era el dinero. En la más pura ortodoxia liberal, quien tiene dinero es porque ha sabido hacer un bien a la sociedad. Quien no lo tiene no sólo es culpable de no tenerlo sino que es alguien despreciable que no ha encontrado su utilidad. Esto en un país con una casta dirigente dedicada a la rapiña desde don Pelayo.

En la consideración de los padres, la escuela pasó de ser el lugar donde sus hijos construían su futuro a la guardería donde se divierten hasta que ellos salen de trabajar. Estos tíos que le ponen el DVD al niño cuando van en coche y lo mandan de campamento en vacaciones no han protestado ni una sola vez cuando hay otro alumno en clase que impide que se dé la lección, pero saltan como locos cuando algún profesor ha castigado a su retoño.

La euforia crediticia castigó a la educación en todos sus pilares básicos: cuanto más gañán y con menos estudios, más dinero se ganaba; la situación laboral del funcionariado, completamente desprestigiada: ni recibía comisiones, ni podía cobrar en negro, ni disfrutaba de más crédito que el que pagaría de su nómina; la educación en valores, un verdadero cuento que sólo servía para que el vecino trincara más que tú. Para un padre emprendedor y con éxito, la escuela era un lugar donde se enseñaban cosas inútiles por personas inútiles. Y en estas ideas, más o menos edulcoradas, educaron a sus hijos.

Pero el daño no acabó ahí, sino que estas personas sin valores acabaron en muchas ocasiones en la desestructuración familiar. Ahí surgió ese nuevo perfil de alumno que es el hijo de divorciada, que a la desvalorización suma la absoluta infelicidad desde su más tierna infancia. Lo arreglaremos con actividades extraescolares.

En el año 2004 habíamos tocado ya fondo y la situación era insostenible. Niños de 14 años que aún no sabían leer, otros que directamente salían corriendo de las aulas, padres que agredían a los profesores, aulas que sólo eran un gallinero, extorsiones y violencia en el patio, continuas bajas por estrés.

El PSOE era responsable de la LOGSE, pero el PP lo era del neoliberalismo y la burbuja de crédito. Faltaba ZetaPedo.

2005-2009:
Aquí empezó a producirse una corrección ideológica. Los claustros empezaron a reaccionar cada vez con más fuerza. Exigían una vuelta a la autoridad para poder desempeñar de manera mínimamente digna su función. También muchos padres comenzaron a ver que no querían a sus hijos convertidos en cretinos. Ya que la educación profesionalmente no servía de nada, al menos que inculcara el buen comportamiento. Este giro copernicano no fue fácil, puesto que los cuadros directivos habían sido conformados a medida de la LOGSE.

Poco a poco se fue avanzando. Los alumnos se podían sacar del aula y eran atendidos por un profesor de guardia. Los expedientes de expulsión fueron aumentando. Nadie defiende ya el modelo logsista. El ministro Gabilondo ya habla de autoridad y esfuerzo. Poco a poco, los directores de la LOGSE se irán retirando o cambiarán su forma de pensar.

Y desde 2008 el paro viene azotando más fuerte al que no tiene estudios. Esto no es que sea una buena noticia, pero pone algunas cosas en su sitio. Desde que se cortó el crédito, los gañanes y los analfabetos son lo que son, así de dura es la realidad. Hay crisis y hay también transmutación de valores.

Y así como era inimaginable que un piso bajara de precio o que el IPC fuese negativo, sorprenderá tal vez que diga que veo a la educación hoy mejor que hace dos años. Los padres ya no tienen aquellos humos y los niños quieren aprobar. Y conmigo aprobarán, ya lo creo, pero hincando esos coditos.

13:22:30 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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