10 de septiembre de 2009
Scotland Road Trip V
Mi último día en Escocia lo comencé también temprano y también con desayuno inglés, aunque esta vez las alubias estaban bien cocinadas y no eran de bote. Aquí en este hotel yo creo que tomé el desayuno más bestia de todo el viaje. Que tengo buen saque matutino lo saben los que me conocen, pero las chips del día anterior dejaron ahí un hueco que me tocó la moral.

Eché gasolina y salí dirección a Perth. La carretera era buena, el tráfico escaso. Yo no soy muy de alta velocidad en la moto, me gusta el curveo, pero a aquellas alturas ya me había dado cuenta del único fallo que tiene la T-Max para viajar: la pantalla crea unas turbulencias bastante fuertes que confluyen justo en tu cabeza. Si circulas varias horas a alta velocidad y con casco abierto, te castiga los tímpanos de mala manera. Por lo demás, una gran moto que no dio ningún problema.

Caí en la cuenta de que no había comprado ningún regalo ni recuerdo para mi familia. Tenía claro que no iba a probar el haggis, pero del whisky no pensaba lo mismo. Quería un par de botellitas de single malted del terreno, que no fuese el biocombustible con colorante que nos venden aquí, que no hay quien lo trague si no se mezcla con Coca Cola. Pasé de largo una destilería y decidí que a la siguiente había que parar. Lo que me encontré fue el Scottish Liqueur Centre, donde me atendió una muchacha muy seria y amable. Me dio un par de chupitos para catar, y al segundo ya no me salía la voz. Me llevé dos botellas, una de 11 años y la otra de 12.

Tiré luego en dirección a Edimburgo, a ver qué había por allí. Lo mejor de la ciudad, la tía ésta que se entrena para el triatlón.





Luego, pues edificios antiguos.



Casas del típico estilo, como las hay en cada pueblo.



Aspecto frío y granítico en las calles, una sensación realmente angustiosa.



Aquí la catedral:



Esto creo que era el castillo. Por su ubicación, se parece al de Denia, pero mucho más reciente.



Yo creo que todos esos que hablan maravillas de Edimburgo son pedantorros y gente que no quiere admitir que se ha gastado la pasta para ir a ver paredes de piedra arenisca. Es cierto que hay un turismo urbano, de autobús, bicicleta y bocadillo en Edimburgo. Es cierto también que por ejemplo Madrid, ciudad por la que no tengo ninguna predilección, tiene mucho más y mejor que Edimburgo. A mí en las ciudades no se me ha perdido nada, y si llego a coger un día lluvioso ni me paro.

Cuando ya estaba a punto de largarme, pasó por delante un Hammer limusina y se pusieron unas americanas a gritarme allí vacilando. Llamaba mucho la atención mi moto por allí, qué manera de fardar. Salí cagando leches, claro.

Compré dos sandwich de gasolinera, una botella de agua y después de zampármelos en una cuneta pillé la autopista a ver hasta dónde llegaba. Iba probando posturas para ver si evitaba las turbulencias, hay que poner la cara más pegada a la pantalla. No sé qué solución pueda tener esto, pero no le quiero poner la cúpula baja.

A media tarde, me había cansado ya de autopista. Paré en un área de descanso y pedí habitación en una pensión de la cadena Wellcome Break. Al ir a cenar me di cuenta de que estaba ya en Inglaterra.



"A freshly toasted giant tea cake with a lovely mug or pot of tea". La economía inglesa necesita su sistema educativo deficiente. Si los ciudadanos ganasen 20 puntos de CI de la noche a la mañana, su economía implosionaría, sólo saben vender a los tontos.

Estuve luego un rato en la habitación viendo al Buenafuente de Inglaterra, lo cierto es que no recuerdo el nombre. Me reí bastante y me dormí pronto.

Carlisle-Coventry
La vuelta de los viajes no es nunca tan divertida como la ida. Yo quería pasar Inglaterra lo más rápido posible, no creo que haya ningún país que aborrezca más.

Salí a la autopista sin desayunar y paré en la siguiente área de servicios. Allí el desayuno me lo cobraron como debe de ser, a tanto la loncha de panceta, a tanto el cucharón de alubias, a tanto el zumo de naranja. Seguí sin más incidente hasta Coventry, donde me alojé en un hotel Ibis totalmente vacío en las afueras. Tenía las habitaciones separadas de la recepción, al otro lado del aparcamiento.



Era un polígono industrial, en domingo totalmente vacío. Está allí la fábrica Jaguar.



Cogí y me pegué unas vueltas conduciendo por la derecha.



Quise pasearme un ratillo por Coventry pero me harté enseguida, de tan vacío.







La retórica inglesa que no nos falte.



Había en el hotel una muchacha de Bulgaria o por ahí que me puso una pinta y me preparó un kebab. Me fui a dormir pronto.

Coventry-Portsmouth
Más Inglaterra, ahora por carretera secundaria. Sin incidentes reseñables.

Si acaso, algún tanque:



Pero no pasa nada porque hacemos como en Tiananmen con una piruleta.



Llegué muy pronto a Portsmouth y estuve matando el tiempo. Éste fue el peor día de todo el viaje, nada más llegar me informaron de un retraso de dos horas. Estuve en una zona que parecía la sala de espera de un aeropuerto, y también viendo los barcos de la armada británica que estaban atracados allí.



Se puso a mi lado un tío con una vespa que quería recorrerse España. Era un mierda antipático pero de esos infantil gafapastoso, no sé si gay. No quería que le echase fotos a su vespa y cuando se fue se la eché. El coche de detrás es un Renault 5 Turbo que había comprado un tío de Canarias que era también profesor.



Aquí cada loco con su tema. Nos subimos por fin al barco y vi por qué el Pride of Bilbao es algo más barato. El de Britanny Ferries que va a Santander es más grande y nuevo.



Me acosté pronto creyendo que ya el viaje estaba claro. Por la mañana me desperté muy mareado. Creí que la cosa se controlaría pero fue a peor. Me levanté para vomitar y me volví a acostar. Así estuve cerca de 24 horas, por más biodraminas que me intentaba tragar. Se ve que el cabroncete del capitán aumentó la velocidad para recuperar el retraso. No sabía si iba a poder subirme a la moto para salir de allí.

Bilbao-Pedreguer
A las cinco de la mañana del segundo día noté que el barco se movía menos. Pude ducharme y hacer el equipaje. Salí a mirar el mar, a ver si con una referencia no me mareaba. Fue amaneciendo poco a poco, conseguí sacar la moto y en cuanto toqué la autopista el mareo desapareció.

Pasé Bilbao y me salí de la autopista en Durango. Pedí en un bar un café con leche y un bocadillo de lomo. Miré en el mapa una ruta para no tocar ninguna autovía hasta mi pueblo. Durango, Otxandio, Vitoria, Maeztu, Zúñiga, Sesma, Lodosa, Andosilla, Marcilla, Ejea de los Caballeros, Tauste, Gallur, Magallón, Fuendejalón, La Almunia de Doña Godina, Cariñena, Belchite, Lécera, Muniesa, La Hoz de la Vieja, Mezquita de Jarque, Perales del Alfambra, Peralejos, Teruel, Villastar, Libros, Torrebaja, Ademuz, Talayuelas, Sinarcas, Utiel, Requena, Cofrentes, Ayora, Almansa, Yecla, Villena, Bocairent, Agres, Muro de Alcoy, Margarida, Pego, Pedreguer, y por en medio muchos pueblos más.

Saliendo de Durango, en Izurtza, hay un frontón que han decorado con un cartel que creo que dice "venid a ver Euskadi".



También en lo que parece el Ayuntamiento hay una banderita.



Comí en Belchite ensalada, chuletas de cordero, pan, vino y tarta por 9,5 €. Lo que te cuesta en Inglaterra la tostadita para el té.

Pasé luego, antes de Teruel, el puerto de San Just, del que no había oído hablar.



A partir de Cofrentes ya cayó la noche y con un poco de paciencia llegué hasta casa sin ningún problema. Me acosté y tenía todos los recuerdos del viaje. Es bonito viajar y gastarte un montón de dinero para darte cuenta de que donde has nacido es donde mejor estás.

20:36:25 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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