29 de enero de 2010
Cánovas
En 1912 Galdós publicó Cánovas, última entrega de los Episodios Nacionales. Buscando hoy fragmentos de literatura del tiempo, me he encontrado esto:
«Hijo mío: Cuando a fines del 74 te anuncié en una breve carta el suceso de Sagunto, anticipé la idea de que la Restauración inauguraba «los tiempos bobos», los tiempos de mi ociosidad y de nuestra lasitud enfermiza. (...) Pero en esta tierra tuya, donde hasta el respirar es todavía un escabroso problema, en este solar desgraciado, en que aún no habéis podido llevar a las leyes ni siquiera la libertad de pensar y del creer, no me resigno al tristísimo papel de una sombra vana, sin otra realidad que la de estar pintada en los techos del Ateneo y de las Academias. Los «tiempos bobos» que te anuncié has de verlos desarrollarse en años y lustros de de atonía, de lenta parálisis, que os llevará a la cansunción y a la muerte.

Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose, hipócritas, en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación; no remediarán la esterilidad de las estepas castellanas y extremeñas; no suavizarán el malestar de las clases proletarias. Fomentarán la artillería antes que las escuelas, las pompas regias antes que las vías comerciales y los menesteres de la grande y pequeña industria. Y, por último, hijo mío, verás, si vives, que acabarán por poner la enseñanza, la riqueza, el poder civil, y hasta la independencia nacional, en manos de lo que llamáis nuestra Santa Madre Iglesia.

Alarmante es la palabra revolución. Pero, si no inventáis otra menos aterradora, no tendréis más remedio que usarla los que no queráis morir de la honda caquexia que invade el cansado cuerpo de tu Nación. Declaraos revolucionarios, díscolos, si os parece mejor esta palabra; contumaces en la rebeldía. En la situación a que llegaréis andando los años, el ideal revolucionario, la actitud indómita si queréis, constituirán el único síntoma de vida. Siga el lenguaje de los bobos llamando paz a lo que en realidad es consunción y acabamiento... Sed constantes en la protesta, sed viriles, románticos, y mientras no venzáis a la muerte, no os ocupéis de Mancho. -. Yo, que ya me siento demasiado clásica, me aburro..., me aburro.»
Esto es lo que escribió ese viejo, cansado y ciego Galdós por "razones económicas" al final de su vida. Había sido olvidado ya por casi todos, imbuidos como estaban del Modernismo y sus plumas de Chueca. Una excepción a eso fue Pío Baroja, que publica ese mismo año de 1912 El árbol de la ciencia.

10:47:15 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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