17 de enero de 2010
De progres y tecnócratas
Estas dos últimas semanas he estado leyendo The C Programming Language, considerado uno de los mejores libros de informática de la historia. No sólo me ha sorprendido el conocimiento que tienen los autores del lenguaje C (uno de ellos es quien lo inventó) sino cómo se preocupan de que entiendas de dónde salen las cosas. En lugar de lo que hacen ahora, que es darte un chorro de funciones que han empaquetado en clases para que vayas juntándolas, Kernighan y Ritchie te ponen como ejercicios que reescribas algunas funciones de la librería estándar. Hay en esas páginas un amor por el conocimiento adquirido a través del esfuerzo, y también la cristalina pureza de la inteligencia de dos genios. He aprendido diez veces más con ese libro que con toda la pila de basura que había comprado sobre Java. El ejemplo del final, en el que se muestran las búsquedas en árbol, es como una combinación de ajedrez. Ahí entiendes cómo se hacen los index del PostgreSQL. La primera edición de la obra data de 1978.

También en estos días he estado leyendo sobre la codificación Unicode, el ideario progre aplicado a la informática. Teníamos unas letras que ocupaban un byte cada una y llegaron ellos a solucionar el problema: primero dos bytes por letra, 65.536 caracteres únicamente. Como eso no bastaba, porque había en Somalia unos bereberes que hacían los garabatos con seis rabos cada uno, pues meten cuatro bytes por letra y todo claro. Hemos hermanado el mundo. Ahora que se lo expliquen a aquellos que defendían el esperanto.

Luego llegan los dos cracks: Pike y Thompson: tranquilos, nosotros seguiremos con nuestro ASCII y vosotros dos bytes por letra y los negros, chinacos y moros, esos cuatro o cinco bytes por letra. Éstos son mejores que Pepiño, que les regala los billetes de avión pero sólo de ida.

El castellano en UTF-8 utiliza dos bytes para todas las letras que están fuera del rango US-ASCII, es decir acentos, eñes y algo más. Y luego, como hay caracteres de un byte y otros de dos, pierdes la correspondencia entre el tipo de dato y su expresión gráfica. O sea, problemas y consumo de recursos para hacer lo mismo que antes. Vamos a pasar una década con textos que se ven mal, con cagarrutas por las webs. Y si alguien se cree que se acabarán las incompatibilidades, que se vaya desengañando: Windows utiliza un formato que llama UTF-16, pero que no es multibyte sino de ancho fijo (UCS2). Y otros usan el UTF-32. En quince años habrá tantos UTFs como codificaciones ISO.

Aquí en España recuerdo yo a fervientes defensores del formato, y veréis cómo en los comentarios aparecen también.

Es una epidemia de mediocridad generalizada la que ha impregnado a toda la sociedad occidental en los últimos 30 años. La informática es sólo un ejemplo más de la venta de humo y el desperdicio de los recursos.

Y ahora estoy viendo la tele y aparece ese charlatán llamado Punset: el objetivo de la educación no ha de ser formar tecnócratas sino ciudadanos con unas bla, bla, bla (juro que no recuerdo qué conceptos vendía). Y es que pienso que esa es la esencia de lo progre: el pensamiento volitivo, el rechazo de la razón en beneficio de difusas emociones que no aportan ninguna base real. O como decía la negrita aquella del Bronx: ¡change! ¡change! ¡hope!

22:11:02 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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