19 de enero de 2010
El cobrador del frac
Estaba leyendo hace un momento unos enlaces más que interesantes: por un lado se comenta que los buitres del FMI rondan al primer moribundo de la eurozona. Esto está muy bien porque así podemos ir viendo cómo nos van a hacer el corte de pelo. Unos tíos que para meterla doblada empiezan por el griego son para tomar en serio.

Luego me he tranquilizado leyendo las buenas razones de un enteradillo, que está seguro de que del euro no se puede salir y además es imposible:
Está, además, la cuestión de la deuda. Si el país que abandona el sistema decidiera cambiar sus deudas en euros a la nueva moneda -para reducir los costes que supone pagar la deuda-, los mercados lo tratarían como un impago. Por tanto, en este frente la devaluación no aportaría beneficios.

Todo el proceso desencadenaría importantes enfrentamientos jurídicos y políticos. Esto lo convertiría en algo mucho peor que una devaluación normal como la sufrida por Rusia y las economías del este de Asia a finales de la década de 1990, o la que experimentó el Reino Unido a comienzos de la misma década. El país en cuestión acabaría perdiendo el apoyo de sus aliados más importantes.
Y más tranquilo me he quedado al leer la opinión de Ian Vásquez:
En un país en dónde las deudas se deben abrumadoramente en dólares, la devaluación implica una bancarrota generalizada. Sin embargo, Duhalde ha buscado evitar tal desastre creando otro. Con una nueva ley que permite a los argentinos no pagar completamente sus préstamos y sus cuentas de utilidades, el presidente ha intentado concentrar los costos de la devaluación en los bancos y en muchas compañías extranjeras. De esta forma el gobierno ha reescrito los contratos de deuda entre entidades privadas en una flagrante violación de la ley de contacto y de derechos de la propiedad privada.

[...]

Sin embargo, una reducción de la deuda por sí sola no ayudará a Argentina. El país puede todavía escoger una dolarización como su mejor opción. De hecho, Buenos Aires todavía necesita establecer un sistema monetario confiable y un programa económico sólido. Sólo así los bancos podrán pedir créditos e impulsar la economía. Hasta entonces, la posibilidad de que los bancos puedan retirarse al sufrir pérdidas completas debe mantenerse abierta. Es la única forma para que a Buenos Aires, el FMI y los mismos bancos se mantengan honestos.

18 de enero de 2002
Yo mandaría a la Chacón, en plan Serrano Súñer, a negociar con Merkel. Pero lo que supongo que harán será esperar a que llegue el cobrador del frac a decirnos lo que debemos hacer. No creo que haya una solución buena: quedarse en el euro es convertirse en Extremadura y acabar de matar toda nuestra industria; marcharse del euro es, al margen de chorradas sobre los "mercados", darles a una pandilla de ladrones la máquina de billetes y con casi total probabilidad acabar como la Weimar.

Si se impusiera un gobierno de tecnócratas, yo creo que lo menos doloroso sería crear un euro paralelo y devaluarlo para luego volverlo a unir a otro tipo de cambio. Sería una especie de acelerador de deflación, para realizar en un año el camino que nos puede costar diez. Porque al final la única verdadera y puta solución va a ser trabajar más por menos dinero. Y eso borrando del mapa todas y cada una de las ideas progres, o acabamos en el tercer mundo.

21:06:00 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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