7 de febrero de 2010
Retomando el tema docente
Vuelvo a encontrarme con otro articulillo sobre los marines en Vietnam, quiero decir los profesores de la ESO. Como es un tema que prometí ampliar, aunque tengo la panza demasiado llena hoy como para escribir en largo, cuento algunas cosas hasta que me entre la modorra de la siesta.

En primer lugar, hay que entender las jerarquías en el profesorado y la diferencia entre los distintos destinos. Como la educación en España es pública en su práctica totalidad, se encuentra en ella lo mejor y lo peor. Esto implica que algunos profesores tengan lo mejor y otros tengan lo peor, según el barrio o la ciudad donde presten servicios. Si algún destino es manifiestamente malo, en el concurso de traslados quedará el último por cubrir, con lo que irán allí interinos con poca experiencia y menos ganas. Entonces, cuando el trabajo más difícil se le da al más inexperto suelen acabar las cosas mal. Es un poco como si a las manifestaciones más violentas de la kale borroka mandásemos a los que acaban de salir de la academia, los hostiasen a todos y luego dijésemos que la profesión de policía está muy mal.

El artículo en cuestión se basa en un teléfono de ayuda al profesor anónimo o no sé qué chorrada, algo de lo que no he oído hablar. No sé si la ayuda es económica, moral, afectiva o te enseñan a afrontar los problemas de una manera racional. Ciertamente la educación secundaria es un pequeño nido de progres que deben de pensar que cuando alguien les da una hostia la culpa es suya por haber tenido la cara tan cerca. ¿A qué teléfono de "ayuda" hay que llamar cuando te agrede un padre, un hijo o una suegra? Pues al del cuartelillo, obviamente.

A mí ni me han agredido, ni me han amenazado ni me han insultado más que por lo bajini, y nunca he hecho como si no oía. Tampoco he faltado ni una sola hora en mis seis años de servicio.

En mis primeros meses trabajando una vez me empujó un chavalote y lo cogí del pescuezo para bajarlo al despacho de la jefa de estudios. De tal manera que, como se había echado a llorar, me querían expedientar a mí. Al final no hicieron nada.

En Pilar de la Horadada me enfadé con un chavalote marroquí que no hacía más que gritarme. Salió pitando de allí y luego me dijo una muchacha que se había compinchado con otros hermanos islámicos para coserme a navajazos en la calle. Salí tranquilamente y me lo encontré en la acera: se puso a mirar a ambos lados y salió cagando leches para meterse otra vez en el instituto. Parece que la versión que a él le habían contado era básicamente la contraria. Era una cachonda la niña aquella. Se llamaba Saliha y ya volvió a Marruecos.

Estrés y enfados en las aulas siempre ha habido y siempre habrá. Leed este fragmento:
Súbitamente se armó un jaleo, que fue in crescendo, con gritos agudos (aullaban, ladraban, pataleaban, repetían a coro: ¡Charbovari, Charbovari!) que luego fue rodando en notas aisladas, y calmándose a duras penas, resurgiendo a veces de pronto en algún banco donde estallaba aisladamente, como un petardo mal apagado, alguna risa ahogada. Sin embargo, bajo la lluvia de amenazas, poco a poco se fue restableciendo el orden en la clase, y el profesor, que por fin logró captar el nombre de Charles Bovary, después de que éste se lo dictó, deletreó y releyó, ordenó inmediatamente al pobre diablo que fuera a sentarse en el banco de los desaplicados al pie de la tarima del profesor.
Esto no es la LOGSE sino la infancia de Carlos Bovary, personaje de la novela de Flaubert. El ambiente que recrea se sitúa a finales del siglo XVIII aproximadamente.

El método que utiliza el sistema educativo actual para captar recursos humanos consiste en un examen escrito y luego otro oral sin más alumnos que el tribunal de la oposición. Si se trata de entrar como interino, a veces con el escrito basta. Aprobados esos exámenes, el empleado permanecerá toda su vida laboral en esa profesión, independientemente de su capacidad o motivación.

Esto es lo mismo que si un tío alfeñique se presenta para butanero porque le han dicho que se liga mucho, y cada vez que intenta levantar una bombona se desloma. Entonces, tiene la empresa obligación de mantenerlo toda la vida de baja en baja y no poderlo cambiar, y él llamará al teléfono del butanero anónimo para explicar el intenso dolor del espinazo, el trauma psicológico, la fobia a las bombonas, la sudoración de los sobacos y el escarnio público. Pero lo que no hará en ningún momento es buscarse otro empleo.

No se habla nunca de esa gente que odia su empleo, que trata con displicencia a los alumnos y que falta todo lo que puede. Es mejor y vende más el "terror en las aulas" que el "jetas, infelices y maltrabajas en la docencia".

Lo que subyace, por supuesto, es la inmadurez del españolito que vive del qué dirán. A un torero lo manda el toro al hospital y dice estar deseando volver al ruedo. "Están hechos de otra pasta". Estos otros se hunden en la miseria porque se ríe de ellos una quinceañera. Lo que ocurre es que se avergüenzan de lo que son, y eso es lo más triste que le puede ocurrir a una persona. Eso y tener una hipoteca que no te deja cambiar de empleo.

Otra cosa es el bachillerato, donde hay matriculado más de un ganso que vende fantasías universitarias a sus pobres padres cuando lo que no quiere es ponerse a trabajar. Ahí sí que creo que debe el profesor dar la clase con total tranquilidad, y quien no esté dispuesto a cerrar la boca ya puede ir desfilando dirección al INEM.

Y otra cosa muy distinta son los padres. Ahí sí que he tenido tres o cuatro encontronazos, con gente que viene a veces con situaciones extremas de desempleo o depresión, y se cogen paranoias. Otros, sencillamente, le echan morro a la vida porque ellos lo valen.
Una se me presentó con su hija, que no era ni alumna del instituto, para hablar del otro hijo. Y el director me obliga a meterme en un despacho a aguantar allí un careo indecente. Otros se metieron en el aula mientras salían los niños, sin horario de atención ni nada, a dar allí por culo sin que nadie los frene. Otra me venía detrás objetándome que su hija no había obtenido la nota necesaria en selectividad para estudiar medicina porque yo le dije que pensase también en otras carreras porque lo iba a tener muy difícil, y eso la desmoralizó.

Debo de ser el único profesor que se coge más cabreos en el Bachillerato que en la ESO, pero así es.

Porque yo no veo que las madres de los condenados vayan a insultar al juez, a amenazarle o levantarle la mano. La dinámica de ese servicio ya implica una protección para ese funcionario. Pero en la educación no, aquí lo primero es ir y cantarle las cuarenta, para que al menos sufra un poco. Se presupone una buena voluntad en todos los padres y es evidente que no sucede así. Es hora ya de establecer unos controles para que no tenga cualquier tuercebotas acceso tan directo al funcionario que debe decidir cosas que le pueden perjudicar. Esto es mucho más claro en el Bachillerato, donde ya no se trata de medidas pedagógicas para el niño sino que posiblemente se trata de excluir a su hijo en favor de otros que son mejores que él.

Así que no sé qué solución milagrosa se pueda dar a todo esto, más que ir mejorando cosas sueltas poco a poco. Si tuviese aquí un palillo y un quinto de Estrella de Levante a lo mejor lo tenía todo más claro.

17:52:39 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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