9 de julio de 2010
16 añitos fiera
Esta semana he escuchado más de cien veces la canción de Dani Martín: "16 añitos fiera". Es una canción totalmente generacional, que muestra la tremenda presión que tuvimos desde bien jovencitos sobre nuestra masculinidad, y también es una pequeña joya literaria que no puedo abstenerme de comentar.

Primero escúchenla.



De entrada, en lo técnico destaca el uso del octosílabo tradicional castellano con la rima asonante. De 52 versos, 21 son octosílabos que acaban en palabra llana y riman en asonante. La primera estrofa, por ejemplo, puede encajar en un romance del siglo XIV.

Luego utiliza también endecasílabos, pero no el endecasílabo "fino" de importación italiana sino decasílabos acabados en palabra aguda. Esto lo hace 15 veces y le da a la canción mucha rotundidad. Luego hay cuatro tetrasílabos que hacen como de enlace y 12 versos un tanto mostrencos, de 6, 9 y 12 sílabas.
Dieciséis añitos, fiera,
me creía el rey del mundo,
con mi lema por bandera:
"lo que digan yo no escucho".

No había nadie que pudiera lograr
que cambiara un poco el rumbo,
con mi idea la primera
y que no agobiaran mucho.

Y así fue,
me rebelé contra todo, hasta el sol,
viviendo entonces una distorsión,
y me enfadé con el mundo.
Malditos complejos,
que siempre sacan lo peor.

Pensé en la fuerza estará lo mejor,
me disfracé de uno que no era yo.
Buscando esa firmeza
llegué a un lugar negro
y pensé que eso era el valor.

Y sufrí de tal manera
por dejar de ser quien era
por pensar que ser cobarde
era ser lo que creyera.

Los valientes son los que son de verdad,
ni los fuertes ni sus guerras,
los valientes los que saben llorar
con la cara descubierta.

Y así fue,
me rebelé contra todo, hasta el sol,
viviendo entonces una distorsión
y me enfadé con el mundo.
Malditos complejos,
que siempre sacan lo peor.

Pensé en la fuerza estará lo mejor,
me disfracé de uno que no era yo,
buscando esa firmeza
llegué a un lugar negro
y pensé que eso era el valor.

El valor es mirarme ahora a la cara
y ser quien soy.

Y así fue,
me rebelé contra todo, hasta el sol,
viviendo entonces una distorsión
y me enfadé con el mundo.
Malditos complejos,
que siempre sacan lo peor.

Pensé en la fuerza estará lo mejor,
me disfracé de uno que no era yo,
buscando esa firmeza
llegué a un lugar negro
y pensé que eso era el valor.

Dieciséis añitos, fiera.
La canción es totalmente narrativa, con una gran sinceridad. El verso que más me gusta es "viviendo entonces una distorsión", porque describe exactamente lo que ocurre en la mente de un chaval.

Creo que hay mucha tristeza en esa canción, una sensación de fracaso que va a acompañarnos a los de mi generación durante mucho tiempo.

Me gusta la capacidad de análisis de Dani Martín, pero no me gustan las conclusiones a las que llega. Él toma la doctrina progre, el daño a ti mismo que te hace la dureza y el carácter, los perjuicios de no encontrar tu lado femenino. Esto lo viene escribiendo en otras canciones desde hace muchos años, como por ejemplo aquella que decía "soy metrosexual y quiero besos". A mí esa tontería feminoide me duró únicamente de los 18 a los 23. A partir de ahí decidí que mis dos mejores amigos eran mis cojones y no he vuelto a sentirme triste ni deprimido. Es importante el uso de la violencia, verbal o física, en algún momento de tu vida, porque de lo contrario puedes verte en ese "lugar negro" sin saber cómo salir. La gente más joven cada vez irá teniendo esto más claro, y puede que la juerga nos pille en una edad en la que no podamos participar.

Sea como sea, y aunque no haya sabido deseducarse, admiro a Dani Martín y la maduración artística y personal que está teniendo. Creo que aquel chaval que iba para ojitos azules de culebrón y luego fue cantante de grupetto muy exitoso se está convirtiendo en un pedazo de poeta.

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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