3 de agosto de 2011
Spain Road Trip I
Este verano me quería hacer mi típico viaje motero coincidiendo con los discos-móviles de mi pueblo y así que les den morcilla a estos descerebrados. El problema era que sólo le quedaban a mi moto 4.000 km. hasta el próximo cambio de aceite y también el neumático delantero aguantaría un poco más pero no hasta Berlín, como era mi primera intención. Entonces, como no había estado nunca ni en Castilla y León ni en Asturias, me tracé un itinerario para llegar hasta allí por la meseta y luego recorrer la cordillera cantábrica, pasar a Francia por Navarra y ya volver para abajo. Un viaje más barato que los otros que he hecho y en el que casi todo el tiempo puedes hablar tu idioma.

El primer día, para llegar a Alcalá de Henares, donde iba a hacer noche, pasé por La Mancha con un calor tórrido y un sol de justicia. Es una zona que ya conozco creo que demasiado, vacía y abandonada. Los trigales, un tanto ralos, aparecen aquí y allá. Yo creo que tienen desaprovechada la mitad del espacio por falta de gente que lo quiera trabajar. En La Mancha se vive de la pensión o se emigra a Alicante.




Estos tíos parásitos que no te quieren dar el agua, luego montan aeropuertos donde nadie quiere ir y le pasan la factura a toda España. El tío que los ha gobernado durante más tiempo tiene negocios hípicos y un patrimonio inmobiliario colosal, pero ellos bien que ladran contra Camps.

Llegué a Alcalá del Júcar ya por la tarde, abrasado por el solano. Es un pueblo que ya conocía, muchos valencianos van allí a cazar en invierno.



Como es zona turística y en expansión, las promociones pladurescas no deben faltar, con las persianas bajadas y un silencio de cal y mirto.



Estas montañas son las únicas que hay en kilómetros a la redonda.



Seguí camino por carreteras secundarias. Los nombres de los pueblecitos evocan la belleza de su entorno:



Más allá, dirección a Cuenca, sigue la campiña, aunque ya se sale de La Mancha y poco a poco hay más montañas.





Cuenca me gustó bastante. Es una ciudad pequeña y muy compacta, no hay un cinturón de urbanizaciones ni chalets en mancha de aceite. La gente suele vivir en pisos dentro del casco urbano. Parece que estaban contentos por el buen tiempo. La chica de la gasolinera me dijo "hoy sí que se va bien con la moto". Yo tenía los huevos hervidos.



Rondé un poco por las callejuelas medievales pero pronto salí de allí. No me sobraba demasiado tiempo. Me quedé con ganas de tirarme al pantano, que me gusta más que la playa porque sales más limpio de lo que entras.



Pasando Guadalajara y ya casi anocheciendo, no pude evitar desviarme de mi ruta. "Desde 240.400 €". Entré lógicamente a ver esos chollazos.



Creo que éstos son los terrenos de la suegra de Esperanza Aguirre. La estación del AVE al lado mismo. Tan al lado, que ya la pusieron allí antes de urbanizar.



Esto es desarrollo económico. Toda esa cantidad de parejas jóvenes y guapas que pueden trabajar en Madrid y vivir en este entorno privilegiado. Me sentía agobiado con tanto tráfico. Si no tapan la grieta esa va a crecer ahí un alcornoque.





Dense prisa en trincar los chollitos, que se los quitan de las manos:



Ya después de esta séptima maravilla seguí camino y dormí en el Ibis de Alcalà de Henares. Todo correcto. Pedí medio pollo con patatas y me lo comí en la habitación.

Al día siguiente me tocaba pasar por Madrid y, aunque no me interesa demasiado la ciudad, sí que tenía ganas de ir a ver al tío Paco antes de que Zetapedo lo desentierre.

Pasando por Colmenar Viejo, hay allí aparcados unos utilitarios urbanos por si hicieran falta.



Tirando hacia el puerto de Navacerrada hay unos pueblecillos muy alegres y tranquilos, con sus cigüeñas de campanario y la gente veraneando al fresco y al barato.





El puerto de Navacerrada es una zona ciclista importante, aunque con demasiado tráfico. Me quedé con ganas de subirlo en bici y luego pegarme el pique en la bajada. Allí ya de calor nada.







Siguiendo por una carreterita se llega al valle de Cuelgamuros, también llamado de los Caídos. Zona muy tranquila, con aire bien oxigenado y todo el mundo conduce con cuidado. Llegas a la entrada y te hacen parar para informarte de los horarios y las normas. Luego sigues conduciendo unos kilómetros por la montaña.



La construcción es imperial, megalítica. Dirán que es fascista, pero Zetapedo con los 400.000 millones que se ha pulido ya podría haber dejado algún edificio que no fuese de Pladur. Cuando bajé de la moto me encontré al facherío ibérico en su hábitat natural: las gafas de pera, el pelo relamido, la camisa de manga larga. Se despedían unos y decían: "que paséis buena semana". Entiendo que la misa dominical la hacen siempre ahí, como es de ley.





Yo iba hecho un gañán, con mi chaqueta motera debajo de un brazo y la bolsa con parte del equipaje en el otro. Cuando tiré a pasar por el detector de metales me dijo el tío: "¿llevas un cuchillo?". Y en eso me acuerdo de que cogí un cuchillo de la cocina por si tenía que cortar cinta americana. Saco el arma blanca, la entrego en el registro y me dejan pasar con los bártulos para adentro.



La basílica, que no la dejan fotografiar, es uno de los sitios más acojonantes de España. En la entrada, hay ya dos guerreros musculosos gigantes que te miran fijamente. Bajas unas escalerillas y ves el altar al fondo. Estás debajo de la montaña, no han puesto las piedras en la bóveda sino que la han tallado. Dicen que utilizaron a presos republicanos que se deslomaron trabajando allí. Creo que había alguno para el que esto fue lo único bueno que hizo en su vida.

La idea, claro es, era ver la tumba de Franco de cerca. Después de caminar un buen trecho sobre el mármol impoluto llegué al altar y encontré primero la tumba de José Antonio. Pone sencillamente eso, "José Antonio", sin más explicación. Giré luego alrededor de la cruz y detrás estaba la de Franco, que pone "Francisco Franco". Pensaba que le habrían puesto "Caudillo de España por la Gracia de Dios", pero no le pusieron nada. A los lados queda todavía espacio para Zapatero y la Pajín, que los veo con ganas de meterse allí.

Delante de Franco se siente uno ante Dios y ante la Historia. Además, me quedaba todavía otro cuchillo más pequeño en la bolsa que el policía no vio. Estuve unos cinco minutos de meditación hasta que me convencí de que no iba a levantar la cabeza y salí.

El pajarraco éste, que creo que lo atropelló un camión, lo podrían haber metido también dentro, aunque fuese en uno de los nichos sin nombre:



Muy cerca de allí está el monasterio de San Lorenzo del Escorial, que yo me lo imaginaba más tranquilo y sosegado pero tiene más tráfico que el Paseo de la Castellana.



Seguí camino dirección a Ávila, por un puerto con muchos moteros. Paré antes de salir de la provincia de Madrid y me pedí un chuletón de Ávila verdaderamente brutal. Yo creo que pesaba más de un kilo. Y la ensaladita previa era grande también.

Ya con la panza como un gorila tiré para abajo, meando varias veces por las cunetas.





Ávila es otra ciudad como Cuenca muy compacta y muy cómoda, con las murallas como elemento distintivo.






No sé por qué sobrevuela toda esa cantidad de pájaros por allí.



Me pegué una vuelta por dentro, aunque estaba un poco cansado de tanto sol y calor.




Esta cuesta es la que suben los ciclistas justo al final de la tradicional etapa de la Vuelta a España. Ahí me acuerdo un año que ganó Perico Delgado que cuando llegó tenía el baile de San Vito.













Seguí camino hacia Salamanca por carreteras secundarias. Esta zona no está tan yerma y abandonada, pero agosto se ve que no es su mejor época.









Llegué prontito al hotel, me quité todo el equipaje y quise salir a pegar una vuelta por las calles. La chica del hotel tenía esa severidad castellana. A mí estas mujeres algunas me caen gordas, pero otras parece que lo llevan con más gracia.



Salamanca es una ciudad bastante divertida, con turismo de ese de bocadillo que cada vez prolifera más. A mí pasarme el día con la mochilita por las aceras echando fotos a unas paredes de piedra arenisca no me apasiona, pero en la T-Max esos cascos antiguos te los recorres en unos minutos.



Tienen la piedra muy clara o es que no hay bastante contaminación, porque en Valencia las catedrales son casi negras.
















Había en unas escalerillas unos tocando la guitarrita y pidiendo limosna o no sé qué hacían. Creo que se equivocan los salmantinos si creen que con ese turismo van a sacar algo. La chusma esa lo que hace es espantar al turista que gasta más.



Y luego el rollo de la ciudad universitaria, que fue capital del Imperio. Qué buenos los tiempos pretéritos.





Yo a veces me pregunto si dentro de 400 años los que hayamos pasado por el mundo en esta época habremos dejado algo más que autopistas y centros comerciales.









Seguí rondando con la moto por las callejuelas. No había ningún vehículo de motor, pero tampoco ninguna señal me impedía el paso. Al final ya vi que todo es lo mismo y además los edificios estaban todos cerrados, cosa que me parece de sentido común.



Volví al hotel a cenar y dormir. Me estaba divirtiendo pero tenía ya ganas de llegar a las montañas cantábricas.

19:21:33 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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