20 de agosto de 2011
Spain Road Trip II
El tercer día me levanté más bien tarde. Bajé a desayunar pasadas las once y sólo estaba yo. Luego me subí tranquilillo a la moto y salí camino de Valladolid.

Estaba el aire fresco y yo circulaba tranquilo. Por delante de la moto se me cruzaban las cornejas, a veces diestras y a veces siniestras. En esa zona sí que cultivan el cereal como es debido, con los trigales bien espesos. Algunos estaban recién cortados y a otros les faltaba poco.

No había absolutamente nadie. Paré en el arcén y eché esta foto:



Cuando estaba guardando la cámara me oí el acentillo ese rasposo: "¿qué hace usted ahí?". Un Guardia Civil con la moto parado en medio del carril. "He echado una foto". "¿Y para eso necesita pararse en el arcén?". Yo respondo: "Hombre...". "Venga, continúe", dice con desprecio.

Si va a multar, que multe y ya recurriremos, y si no va a multar que me indique educadamente que continúe la marcha. Pero pararse para echarme una regañina como a un niño pequeño, ¿para eso necesita pararse en medio del carril?

Seguí parando donde me salió de los cojones, obviamente.



Llegué a uno de esos pueblos abandonados que proliferan. No voy a decir ya aquello de la vivienda nunca baja, sino que es impresionante ver cómo nunca hay redención para la miseria de Castilla. Se largan todos y ninguno es capaz de montar una puta empresita, se ve que en su cabeza eso no cabe.



Si nos fijamos en el famoso mapa del uso de Facebook, vemos la gente en la piel de toro dónde está. Portugal tiene más gente en el norte y en la costa, pero la ha distribuido por todo el territorio. España está totalmente hueca por dentro salvo Madrid. La población se apiña en la costa mediterránea. Sólo se salvan de esto un poco Oviedo y el País Vasco.



Ahí creo que sólo quedan jubilados y visitantes de verano.










Parece que ahora que se ha terminado el pladur se ponen a restaurar los castillos. Ahora bajan el IVA, mañana subvencionarán el 15% de la hipoteca. ¿España va a parar de construir algún día?



Aquí el chaletito necesita una mano de pintura. No sé de qué época es, pero parece el senado romano más que una iglesia:













Este castillo del siglo XV me pareció genial. Está en un risco, pero por una estrecha senda le pude dar la vuelta completamente con la moto.





Seguí camino ya sin calor pero con el sol picando. No sé si les pasa a los demás, pero estas zonas llanas no me parecen buenas para vivir.



Llegué a Valladolid demasiado pronto. Esta ciudad está hecha por algún listo que ha querido agilizar el tráfico impidiendo dar la vuelta a todo el mundo. Buscando el hotel estuve con el GPS chapuzas mío dando vueltas por unos barrios, pero cuando quería cruzar la avenida principal todo eran vallas. Luego cuando entrabas en esa avenida te dejaba ir sólo en un sentido y hasta que no sales de Valladolid por el otro lado no puedes dar la vuelta. No han puesto ni una puta rotonda en todo Valladolid. Acabé dando la vuelta por encima de una acera y que venga un picoleto si quiere a reñirme.

Creo que ese día fue el más estúpido de todos los que he pasado viajando en moto. Estaba tan encabronado por las mil vueltas para encontrar el hotel, que empecé a hacer gilipolleces. En vez de salir a buscar un sitio para comer, pensé que mejor comía fruta que llevaba y me echaba una siesta, luego me entró el hambre y en lugar de pedir en la recepción salí a buscar algún sitio y compré un bocadillo descongelado en la gasolinera de al lado. Como no sabía dónde comérmelo, me volví a la habitación y me comí la basura aquella en calzoncillos viendo la tele. Luego me volví a aburrir y me subí a la moto para ver la ciudad. Me entró otra vez el hambre, paré en una gasolinera (que tuve que infringir la ley siete veces para poder entrar) y me compré papas, cacahuetes y un Trinaranjus de litro. Me senté en un banco y me miraba la casta hidalga jubilada como un indigente. Quise luego ver el centro histórico, porque hasta me habían dado en el hotel un callejero, y obviamente no se podía ni parar, las aceras están valladas y no hay un hueco. En el semáforo en rojo eché una foto rápida y ya me volví a pedir la cena en el hotel y ver la tele un rato.



Si bien aún me quedó un momento para comprobar que el Pisuerga pasa por Valladolid.



Ya la mañana siguiente fue otra cosa. Cara a la Cordillera Cantábrica me sentía mucho mejor. El tiempo había mejorado y las nubes protegían un poco del sol. Le di bien de gas y me fui acercando a las montañas.



Empecé a tener frío y me puse el forro de la chaqueta. Luego se puso a lloviznar y me puse el mono de agua para nada. Cuando me vi en las carreteras de curvas ya se me olvidó toda la tontería.





Hacia mediodía se puso a llover bien. Nada más entrar en Asturias paré en una gasolinera. Pedí algún sándwich o bocadillo pero sólo tenían patatas fritas y golosinas. Me compré dos bolsas y me las comí sentado en la moto. Hablé con un hombre que me dijo que en el pueblo de al lado había caído una tromba y un rayo había destrozado una casa. Cuando ya me cansé de esperar a que parase, me abroché el mono y salí dirección a Oviedo.









La visera se me empañaba continuamente y no veía nada. Tenía que levantarla y ver por debajo, hasta que se me mojaron también las gafas. Paré en el puerto de Tarna porque pensé que había visto otra vez al Guardia Civil, pero no, los cuernos de estas muchachas eran más pequeños.



El tunelillo angosto y sin ver un pijo tenía su miga. Parecía que había llegado el invierno.





Empezó a escampar en cuanto llegué a la heroica ciudad.



Llegué al hotel Ibis, que es nuevo y muy grande. Como el ascensor estaba estropeado, me dijeron que me descontaban el desayuno y el aparcamiento, con lo que además del descuento por reservar por internet creo que fueron sólo 49 euros todo.

Oviedo es una ciudad invernal, con encanto. No sé qué rencores o falta de folleteo tenía el tío aquel que escribió el libraco famoso, pero podía haber escrito sobre su madre.





El centro histórico es totalmente peatonal. Hay muchos bares con mesas en la calle. Tiene un aspecto como de parque temático.













Ahora bien, creo que merece la pena visitar la ciudad sólo para leer el cartelón:



Aquí es donde follaba Fermín de Pas:



Con esta tía, se supone. En pelotas mejoraba.





No sé qué dicen algunos de que las asturianas son putas. Yo las vi muy buena gente. En el hotel la muchacha que me atendió era una maravilla, por guapa y por buen rollito. Ahora, cuando tú tienes como personajes más conocidos de tu principado a la Regenta y a Letizia Ortiz...

Seguí con mi visita tan tranquilo. Como metí la moto yo creo que donde no debía, pisando las losas de mármol, cuando tiré a dar la vuelta abrí gas y casi hago un círculo como esos de Valentino Rossi. La vieja se quedó con los ojos como platos.

Dormí de maravilla en el Ibis de Oviedo, que recomiendo a todo el mundo, sobre todo por la muchacha que atiende, que no voy a decir que tenía las tetas muy blancas porque no las pude ver aunque la cara sí, desayuné bien desayunado y salí a ver parte de Asturias, Cantabria y el País Vasco.

Harto estaba de ponerme y quitarme el mono de agua y otra vez amaneció con el chirimiri. Guardé el mono en el cofre, salí con la chaqueta de cordura y si me mojo ya me secaré.



Subí a los Lagos de Covadonga sin ver un pijo. Había turismo a tope por allí, para subir a la ermita y para ver un palacio que hay. Yo nada más quería ver el puerto, la etapa de la Vuelta a España.



El de los Lagos es un puerto más bien corto, con desnivel bastante variable y que te da algún descanso. Pienso que podría compararse al puerto de Tudons de aquí de Alicante. Yo en bici no creo que lo suba porque hay mucho tráfico.

Arriba del todo hay un restaurante pero yo no quise pararme allí.



De los lagos vi poco o nada, había demasiada niebla.





Bajé hasta cerca del pueblo y paré en uno que se llama Bar Restaurante Orandi. Quería comerme unas buenas fabes antes de salir de Asturias. Este restaurante lo regenta un viejo con bigotito pringoso y cara de puterillo que tiene a unos negros allí sirviendo. Pedí una ensalada por la que me clavaron ocho euros y tenía una hoja podrida. La dejé a un lado muerto de asco y me sacaron luego la fabada, que iba en una especie de cazoleta. El viejo se asomó rascándose los huevecillos por el bolsillo del pantalón. La morcilla sabía a tabaco y las alubias exactamente igual que las de lata. 12,90 la fabada, es decir 27,65 € por una lata de Litoral con una ensalada podrida, un vaso de agua y una tarrina de helado. El local tenía pinta de hacer un precio a los del pueblo y otro a los turistas. Ya después de esto decidí dejar de hacer garruladas gastronómicas y pedir sándwich en las gasolineras.

Seguí camino por infinidad de montañas, siempre con el asfalto mojado. Tenía que llegar hasta Santurce.















En el puerto de Palombera hacía un frío de invierno. Eché una meada y seguí para abajo.



Llegué a Santurce a buena hora y me trataron mejor que la otra vez. Pedí cena para comer en la habitación y vi la televisión vasca un ratillo antes de dormir.

Al día siguiente no quise entretenerme mucho y salí rapidito. Tenía que pasar a Francia y quería hacerlo por el mismo camino por el que Pío Baroja salío al exilio.

En Durango me volví a perder varias veces por culpa del GPS y me puse ya de mala hostia. Paré en la gasolinera y estaba todo parado. Pensé en un momento que estaría pagando dentro el tío y quise meter la moto delante, pero me pitó y me hizo quitarme. Ahí ya, más por la vergüenza de mi gilipollez que otra cosa, me puse a blasfemar en catalán y luego cambié al castellano: "¡mierda de pueblo!". Allí se quedaron todos quietos y parados. Yo creo que me comporté mal, pero me di cuenta de que los vascos han soportado a la ETA tantos años por su cobardía y pasividad. En Castilla seguro que me hubiesen hecho callar. Luego dentro al ir a pagar estuve escuchando a una mujer hablar en vasco de verdad, no el esperanto ese acartonado que sacan en la tele. El hombre me pidió perdón por el retraso.









Y el caserón de don Pío, que no podía faltar en este viaje, sigue en el mismo lugar.



A pocos metros nace una pequeña carretera que va curveando seis o siete kilómetros hasta meterse en Francia. Por ahí salió Pío Baroja en el 36, a pie y con la maleta, hasta que llegó a la frontera y les preguntó a los muchachos del pueblo: "¿se puede pasar?". "Usted sí, don Pío". Ahora ya no hay paso fronterizo ni nada, ni tan siquiera una señal que indique Francia. Llegas al primer pueblo y todos los carteles están en francés.

19:06:28 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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