27 de noviembre de 2011
La mente holotrópica
En estas semanas en las que no he visto la tele, he estado leyendo The Holotropic Mind, de Stanislav Grof. Hace tiempo que vengo hablando con una gran amiga mía sobre los estados alterados de conciencia. Primero fue la respiración holotrópica, que no me convenció por el efecto físico de la hiperventilación; luego fueron los delirios de Ayahuasca, que no me convencieron por ciertos efectos secundarios que algunos participantes reportan y especialmente por los trastornos de la percepción de la realidad, que son más fuertes que con ninguna otra droga; luego estuve leyendo sobre meditación y otras técnicas menos intrusivas, que sí que me convencen, aunque demandan tiempo y dedicación. Y queda el LSD, al que Grof dedica prácticamente todo su libro.

Empieza con un extenso ataque contra el "universo newtoniano" de la acción-reacción y todo el materialismo. Según Grof, las fórmulas de Newton son la alienación del ser humano, unas cadenas que nos han atado durante siglos a una visión plana de la realidad. Así estamos en Occidente con nuestras pequeñas y arrugadas almas, mientras que en los poblados de la Amazonia o en los arrabales de Nueva Delhi disfrutan de la verdadera felicidad merced a esa expansión de la conciencia.

A mí estos ataques contra la ciencia occidental no me sorprenden ya, aunque me tienen un poco aburrido. Esta gente de la New Age, tan defensora del orientalismo y de los maravillosos gurús, podría explicar por qué en la India todavía no han acabado con el sistema de castas o por qué en China no mandan los budas sino los comunistas.

La ciencia occidental no dice en ningún momento que no pueda existir nada más, simplemente te pide que demuestres y controles aquello con lo que vas a trabajar, cosa que después de milenios de meditaciones y contactos con el más allá parece que no están los chamanes ni los rastafaris en condiciones de hacer.

Queda claro que lo que dice aquí Grof es un pequeño resumen de las principales teorías de la New Age, que no ha sido nunca más que el apéndice guayón y multicultural de la psicodelia. Estos movimientos, como bien sabéis, prometían llevarnos a un salto cualitativo aún mayor que el habido entre el mono y el homo sapiens. Amor y hermandad para todos. Y ahí es donde ve Grof las verdades fundamentales, cuando empieza a tomar LSD.

Como también les ha ocurrido a muchas otras personas, que han visto la verdadera realidad a través del ácido lisérgico:
Convenció a su esposa, quien se lo creyó, de que ella era la reencarnación de María. Se las arregló para reunir unos pocos apóstoles LSD, e hicieron planes para irse a la montaña y establecerse allí. Decía que su jefe era Pedro. Pero Pedro se negó a tomar la droga. El Salvador vendió sus posesiones y regaló su dinero. El incidente pudo no haber llegado a mi atención si Pedro no hubiese tratado de retener a un previamente efectivo jefe de ventas... Durante nuestra entrevista el Salvador se mostró hipomaniaco, grandilocuente y absolutamente convencido de su omnisciencia. En áreas no concernientes a su recién descubierta divinidad, su pensamiento era apropiado. No era hostil ni alucinaba. Cuando se le sugirió que podría vebder Biblias en lugar de revistas para que pudiera no sólo mantener a su familia, sino hacer un servicio por la humanidad, no aceptó el consejo. No se pudo hacer un seguimiento.

[...]

Un estudiante casado tomó marihuana y modestas dosis de LSD con placenteros resultados. Luego tomó una cápsula de 300 mcg y durante tres semanas después estuvo muy asustado. Pequeños animales se arrastrababan en su habitación, y tenía terroríficas sensaciones de que el tiempo se había detenido. Por las noches caminaba por las calles con su esposa porque tenía miedo de cerrar los ojos. 'Me hubiera matado de no tenerla a ella', declaró. Se preguntaba si 'alguna vez podría salir de esto'. La condición eventualmente desapareció con tratamiento psiquiátrico...
Un estudiante renuente a tomar LSD finalmente fue persuadido por un amigo de tomar 'media cabeza', cerca de 150 mcg. Durante meses después, fue incapaz de estudiar o concentrarse en nada. Tuvo que dejar la escuela porque le resultaba imposible estar quieto en clases o preparar sus debres. Tenía extraños sentimientos de falta de significado de la vida...
Muchas otras cosas han pasado.. Las complicaciones sociales no son menos serias que las psiquiátricas.. En personas ténuemente ajustadas el regreso de la Lisergia puede ser incompleto. Valores y aspiraciones pueden perderse en el camino. Nada vale la pena -estudios, trabajo e intereses familiares se disuelven. Encuentran un poco de similitud con gente desadaptada y forman cultos donde los discursos son una jerga pseudofilosófica y las subidas de una-humanidad-arriba [oneupmanship] significan estar 'en onda' ('cool').

[...]

cuando yo he visto a muchachos y muchachas que han pasado por algún daño como resultado del uso de alucinógenos, lo más difícil es establecer confianza con ellos, que es lo que perdieron en el momento del llamado "mal viaje": perdieron confianza en el mundo, en los demás, y se conectaron con otros pozos de experiencia que existen en el inconsciente -y que son verdaderamente destrozadores-, se centraron en eso y bajaron de los efectos bajo la influencia de esos sistemas difíciles o negativos. Y claro, tienen que trabajarlas. No es que el saño haya venido del psicodisléptico o del enteógeno en sí, pero sí provocó una reorganización o una pérdida de la organización donde pueden pasar muchas cosas.
Aquí habría que añadir el mediático caso de Ylenia Carrisi, la hija de Albano y Romina. Parece que la afición psicodélica le venía ya de su abuela, que acabó en un psiquiátrico, y luego con su madre iba fumando porritos y tal vez tomando algún cartoncillo. El día de Reyes de 1994, según un guardia de seguridad, se tiró tranquilamente al río Mississippi después de pronunciar las palabras "yo pertenezco a las aguas".

De esto Grof no habla, obviamente. Cuenta sus sesiones de psicoterapia, cómo pudo acceder al inconsciente de gente que estaba muy estropeada y a partir de ahí encontrar la terapia adecuada. Cuenta las transformaciones personales, las experiencias místicas, los procesos naturales de superación de traumas. El LSD aparece en este libro como la gran panacea, como si hubiésemos vuelto a principios de los 60 y estuviésemos en California a punto de subir a la furgoneta. Tiene la marca Holotropic Breathwork registrada y preside la empresa Grof Transpersonal Training, que te cobra 150 € por cada hipoxia cerebral y unos 1.400 por darte el certificado de "facilitador" y hacer tú mismo tus sesiones.

Claro, con este amor al universo y dedicación desinteresada, se entiende que no tenga Grof especial interés en los aspectos negativos o peligrosos del LSD. De hecho, diría que la prohibición del maná lisérgico fue para este buen samaritano tan perjudicial como la caída de la libra en 1992 para George Soros. Y así el libro tiene muy poco de científico y mucho de panfleto publicitario. Para Grof, todo "mal viaje" no es más que un viaje inconcluso, que acabará siendo beneficioso cuando se complete con más LSD o respiraciones. Toda depresión o neurosis que pueda saltar (y saltan) después de estas terapias no es más que la combustión y consunción de procesos que de otra forma hubiesen machacado nuestra vida como un pequeño y sordo dolor de muelas. Esto lo cree Grof, lo creen los chamanes, lo creen los gurús de la New Age, pero no lo cree casi ningún psicólogo actual, dado que la psicodelia ha sido totalmente abandonada por la psicología científica.

Pero el libro sí que tiene aspectos interesantes, en especial las que él llama Matrices Perinatales Básicas. Hace aquí toda una ampliación de la teoría de Freud para incluir en nuestro inconsciente las huellas de todos los meses de gestación y sobre todo el parto. Para Grof, el cerebro es como un disco duro que se va formateando lentamente durante la gestación, hasta que en el momento del nacimiento se le instala el sistema operativo que ya lo acompañará el resto de su vida. Y claro, debido a la complejidad de la mente y a su naturaleza biológica y no mecánica, esa instalación puede salir mejor y puede salir peor.

Grof habla de cuatro Matrices Perinatales Básicas (BPM). Esto Bibiana Aído y las abortistas deberían leerlo.

La BPM I corresponde a la fase embrionaria, cuando ni el sufrir ni el preocuparse tienen ventaja evolutiva alguna. La mente todavía no ha construido su propia identidad, ni tan siquiera tiene mecanismos para razonar y su conciencia se encuentra mezclada con la de la madre. Y así, aquel que accede a las zonas de memoria correspondientes a esta fase experimenta sensaciones de inefable beatitud, de plenitud oceánica y de comunión con todo el universo. La conciencia se expande y se disuelve en todo lo existente. No hay ni tiempo ni espacio. Son éstos que salen diciendo que han percibido una presencia totalizante que los llenaba y los amparaba, el sumo hacedor divino. Era el coño de su madre, pero por dentro.

La BPM II corresponde a la fase fetal, en la que se van construyendo funciones mentales no tan agradables, pero que evolutivamente te van a permitir sobrevivir. Aquí, conforme avanza la gestación se van sintiendo terribles angustias, opresión, claustrofobia. Grof reporta declaraciones sobre lo asqueroso que está el tabaco cuando su madre fuma o el dolor cuando la mujer se dio un golpe con una mesa. Ya la conciencia va afianzándose y va dándose cuenta de lo estrecho y opresivo que es el mundo. Esta BPM es la que da esos malos viajes con angustias, sudores, pánicos y malos rollos que se mezclan con imágenes desagradables de la memoria posterior.

La BPM III corresponde al momento del nacimiento, cuando todo ese universo que es lo único que has conocido y que ahora te oprime vas a reventarlo con la cabeza. Esto tal vez sea lo más cojonudo que hagas en toda tu vida, por eso de la correcta o afortunada ejecución dependerá la base psicológica que tendrás el resto de tus días. Según Grof, los niños nacidos por cesárea tienen un carácter más pasivo y derrotista, mientras los que consiguen abrirse paso por sus propios medios serán grandes luchadores y emprendedores. El parto fácil y rápido da un hombre triunfador, el parto dificultoso y largo da una persona que se complicará la vida, los partos con forceps o con peligro de estrangulamiento con el cordón umbilical dan personas con traumas ya desde antes de echar su primer aliento. Las personas que experimentan esta BPM tienen sensaciones de euforia, de agresividad y de ser Puyol cuando remataba en la semifinal contra Alemania.

La BPM IV corresponde a los primeros días después del nacimiento. Aquí el niño necesita ser cuidado por quien sea, y por tanto sus sentimientos son de confraternización con todas las personas del mundo. Esto supongo que es lo que experimentaron los hippies y por tanto creyeron que ya tenían solucionado el mundo, pero evolutivamente una inocencia tal sólo es rentable si eres un bebé y tienes quien te vaya a cuidar. Porque decir que en este estado de confraternidad el ser humano es mejor, es como decir que las gallinas son los mejores pájaros porque no necesitan volar. En el Paleolítico para salir adelante hubo que matar a muchas bestias, a muchos neanderthales y a otros semejantes, por lo que el "amor para todos" sólo podía llevarte a la puñalada o la cornada de mamut por la espalda.

Por eso pienso que los hippies y la New Age se basan simplemente en la explotación de ese sentimiento infantil. Para personas especialmente estresadas puede valer, aunque si persiste el problema deberían ir a terapia, pero para toda una sociedad ni hablar. Si el LSD se prohibió porque potenciaba esos sentimientos, creo que bien prohibido está. El fiarse de todo el mundo es un evidente error. La persona que quiere a toda la Humanidad es una persona enferma o que no ha madurado. En el mundo no creo que haya más buenas personas que hijos de puta, y si se quiere se puede mirar la Historia. El amor para todos pienso que es lo mismo que el dinero para todos, nada más que papel. El amar, al margen de palabritas de adolescente, es realizar unos actos, establecer unas prioridades y vincular unas emociones que por definición ocupan un lugar y un tiempo, por eso el amor que podemos dar es limitado. El amar es aferrarse a una persona, el encontrarla diferente y especial sobre todas las demás, y eso no es más que un mecanismo evolutivo para defenderse de los demás. Las hormigas no sienten amor porque no necesitan defenderse de sus congéneres, como nos pasa a nosotros. Y por lo tanto, por más que nos pese, el amor y el dinero sólo tienen sentido porque unos lo tienen y los otros no.

Y no se acaba aquí el libro de Grof, porque luego entra en el dominio de lo transpersonal. Esto es lo que ya transciende la ortodoxia newtoniana que él tanto aborrece. Básicamente se limita a dar ejemplos de personas que adivinaron el pensamiento de otras, de hijos de tuvieron recuerdos que pertenecían a sus padres, de una mujer que sintió que era una ballena que estaba dando a luz, de muchos que pudieron contemplar sus vidas pasadas. Aquí entra en un terreno metafísico y reflexiona sobre la naturaleza de la conciencia. Dice que la conciencia existe en el universo lo mismo que la materia-energía o el espacio-tiempo. Cree que todo tiene conciencia en este mundo, hasta las piedras, sólo que nosotros la hemos acumulado en mayor cantidad porque nuestro cerebro está diseñado para ello.

Aquí en este campo estoy esperando yo que tanto Grof como Weiss dejen de forrarse con sus libros y sus respiraciones y entren directamente en materia científica para demostrar de manera clara y fehaciente sus postulados. Yo estoy con la mente abierta y me alegraré de que un buen día salgan en la tele y digan: "señores, hemos descubierto el mecanismo que genera la telepatía y la psicología transpersonal, ahora mismo les voy a indicar algo". Y de repente que a la mente me salte: "compre Ariel, que lava más blanco". Y luego si abre el sobre y saca un papel que pone "compre Ariel, que lava más blanco", ya podemos empezar la nueva fase de la historia de la Humanidad, pero mientras todo vaya a base de casos aislados, de dimes y diretes y de drogas pues seguiremos con nuestro sano escepticismo.

Luego ya se mete Grof más en harina aún y habla de la transgresión del tiempo, de viajes al pasado e incluso al futuro. Saca ejemplos de viajes astrales, de precognición, de imposibles casualidades y sobre todo habla del inconsciente colectivo de Carl Jung. Según parece, a este psicólogo toda su sabiduría le vino de mano de un espíritu superior llamado Filemón. Y decía Filemón, antes de que llegase el Superintendente, que la conciencia de la Humanidad es como un río que nos lleva a todos juntos y que solamente nos hemos acostumbrado a cerrarnos en nuestra propia conciencia por un absurdo convencionalismo. Pero eso no impide que se pueda saltar de unas conciencias a otras si uno aprende a hacerlo.

Y me ha gustado porque después de Filemón salen también los arcanos mayores del tarot, que Jung llamaba "arquetipos". Y Grof insiste en que estos arquetipos no son convencionalismos psicológicos sino que tienen una existencia real y efectiva, que el mago, la sacerdotisa y los enamorados existen tan realmente como cualquiera de nosotros. No sé si controlan también las tiraditas de la baraja.

Dice aquí Grof, creo que con razón, que el universo no está hecho de manera exacta para que nosotros podamos comprenderlo. El universo tiene reglas que nosotros nunca llegaremos a comprender, y esto lo debemos de aceptar.

Pero eso no implica que vayamos a creernos que todo el monte es orégano. Por mi parte, pienso que la telepatía existe y que los experimentos realizados hace tiempo ya, sobre todo en la Unión Soviética, son bastante concluyentes. Podría contar dos experiencias que tengo con algunas llamadas al tarot.

La primera fue hace alrededor de un año, llamé al tarot de Rappel y pregunté, entre otras cosas, por una mujer que con la que a veces coincidía por medio de otras personas y que me gustaría conocer mejor. La tarotista me dijo: "a ella la veo como muy crecida, es una mujer muy trabajadora y ambiciosa, tiene una relación que mantiene por inercia porque ya no hay amor". Y luego siguió especificándome mas cosas y aconsejándome que me hiciese atrás. Le pregunto: "¿pero de qué signo es?". Y me responde: "la veo como un signo de aire". "¿No será libra?". Se queda dudando: "no, no es libra". Sigue ella hablando y luego se corta a mitad de la frase: "ya sé de qué signo es: acuario". Pasan varios meses y yo, aunque a veces hablo con esta mujer, no me atrevo a preguntarle por su signo. Pero un día la novia de otro amigo saca a colación el tema de su horóscopo y ella dice: "como yo, que soy acuario".

La segunda experiencia es más reciente. Yo había ido a casa de una amiga a charlar en principio de manera distendida, aunque ya llevaba "el cuchillo bajo el poncho", como dicen los argentinos. En cuanto tuve la oportunidad, entré en el tema que yo buscaba: intenté convencerla de que fuese a una terapia psicológica. Ella montó en cólera y yo salí de allí por piernas. Llamé al día siguiente a una tarotista de Alicia Galván llamada Montse y le pregunté si yo podría tener una relación con esta mujer. Y sin yo indicarle ni mi signo ni ningún otro dato, me dijo: "esta mujer lleva años en los que se ha acostumbrado a hacer lo que le dé la gana, a entrar y salir sin preguntar a nadie. Tiene un sentimiento de inseguridad que la hace necesitar ser el centro de atención en las fiestas. Sí que quiere tener una relación contigo pero dice que eres muy cerrado, dice que tú a veces le dices cosas que la sorprenden y la hieren. Cree que vas a ser celoso y que la quieres tratar como si fueses su padre". A partir de ahí, de las "cosas que le sorprenden" yo no dije nada de la cagada del día anterior, obviamente.

Por eso, en cuanto a la transpersonalidad pienso que algo hay, aunque son tantos los mixtificadores que al final la actitud más prudente es dejar correr el tema. Hay una teoría sobre estos fenómenos que me parece bastante convincente: decía uno que nuestra mente no tiene la conciencia dentro del cerebro físicamente, sino que la conciencia está por el universo, al margen de espacio y tiempo, y lo que hacemos es sintonizarla como receptores de radio. A partir de ahí, puede alguien mediante las drogas o mediante el aprendizaje cambiar momentáneamente de canal e interceptar conciencias ajenas. Esto se conseguiría mediante la glándula pineal, que por el gran desarrollo de nuestro cortex y nuestra evolución hacia el razonamiento lógico tenemos los humanos medio atrofiada y de inferior tamaño proporcional al del resto de animales. De ahí que fenómenos como los de los perros, que "huelen" tu miedo, o los de los pájaros, que huyen todos de golpe, se entendería porque ellos trabajan con esos procesos más aún que nosotros. Entonces, concluye este experto, que está en la onda de la New Age, que el ser humano debe recuperar esas percepciones extrasensoriales y desarrollarlas.

Pero yo concluyo más bien lo contrario: cuando el ser humano ha evolucionado de forma que ha superado totalmente al resto de animales, cuando se ha convertido en el rey de la creación, es porque en un momento dado como especie tomó el camino de la lógica y de la técnica, lo que parece que evolutivamente ha reportado los mayores beneficios. Es posible que la glándula pineal pueda hacer cosas que nos sorprendan mucho, pero esas cosas serán de utilidad muy limitada. Porque si se pudiese por ahí llegar a algún sitio, no estarían los chamanes con sus hijos pidiendo comida y con la esperanza de vida en 40 años. Porque mientras los chamanes se toman su brebaje y se convierten en jaguar para hacer su viaje astral, yo aprieto un botón de mi móvil y hablo con el Perú, con efectos más que claros y verificables, y no pidiendo a los demás que tengan fe en lo que digo.

Por eso tengo que concluir que el libro de Grof habla de un campo por el que la psicología va a tener que avanzar bastante, que abre puertas más que interesantes pero que de momento sólo sirve para entretenerse y para que él haga un buen negocio. Por cierto que otro día hablaré de otro caso en el que la del tarot sólo me dijo vaguedades y yo con una investigación a pie de calle descubrí una verdad más que acojonante.

20:12:56 ---------------------  



© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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