19 de marzo de 2017
Pío Moa: Los mitos del Franquismo
Hace una semana me dio por pedir en Amazon Los mitos del Franquismo, de Pío Moa. Este libro, más que tratar "mitos" concretos, lo que hace es un recorrido histórico desde los años previos a la Guerra Civil hasta el presente, desde un punto de vista favorable a Franco.

Pío Moa parece uno de esos historiadores argumentativos tan típicos de España. Son gente que antes de ponerse a investigar ya tiene las conclusiones en su cabeza, y esas conclusiones muchas veces obedecen a sus intereses personales, a los bloques políticos y mediáticos en los que se refugian para ganarse el sustento. No hay en España historiadores tipo Stanley Payne, que empiezan su investigación con unas ideas y pueden acabarla con otras.

Pío Moa hace un libro en defensa de Franco y del Franquismo, con dos cojones. Y pienso que no hay en él un mayor grado de manipulación que en los libros de los historiadores progres.

Yo en la facultad, dentro de mis estudios de Filología Hispánica, tenía un porcentaje de un 20% de créditos de libre configuración y optativas de "tipo C". Los cursé todos en la anexa facultad de Geografía e Historia, buscando las asignaturas de historia contemporánea. Allí tuve profesores como Jesús Millán y sobre todo Mari Cruz Romeo, con la que aprendí el fracaso liberal en España y el ciclo de guerras civiles que confluye en el 36. Estos profesores fueron excelentes, pero también hubo otros como Alfons Cucó, que era un marxista de éstos argumentativo, que necesitaba ir vertiendo sus opiniones mientras explicaba.

Hay en el libro de Pío Moa un epílogo titulado "¿qué es un historiador?". Y concluye que un historiador es alguien que escribe libros de historia. Yo discrepo de esto. Un historiador es, para mí, una persona que encuentra información, documentos o datos que antes se desconocían del pasado de una sociedad. De la relevancia de esos datos y de su correcta interpretación depende la calidad de ese historiador. Hay historiadores basura y hay pseudohistoriadores de periódico que desconocen las cosas y las manipulan.

Cuando investigué sobre Max Aub en Segorbe, con una beca de la Fundación Max Aub y en el equipo de investigadores de Joan Oleza, descubrí muchos documentos inéditos, que indexé y catalogué, y luego presenté una conclusión a modo de trabajo de investigación de doctorado que recibió un sobresaliente cum laude. En mi trabajo, no se me ocurrió poner ninguna opinión, ni andar arrimando el ascua a ninguna sardina. Yo pensaba, y aún pienso, que Max Aub fue un pobre amateur que no tenía ningún valor como escritor. Simplemente, ejercí de historiador y dejé que cada uno interpretase los textos.

Entre las cosas que descubrí de Max Aub y que antes no se conocían fue el estrecho seguimiento que realizó de la realidad española hasta 1972, año de su muerte. Tenía cientos de columnas de opinión inéditas incidiendo una y otra vez sobre los mismos temas.

El libro de Moa me parece acertado en unos aspectos y desacertado en otros. El periodo previo a la guerra, cuando afirma que las hordas frentepopulistas estaban ya metiendo fuego a España cuando tuvo que saltar Franco, lo considero acertado. Y lo digo porque mi abuelo, Alberto Noguera Rosselló, se había alistado ya en 1935 en la Guardia de Asalto porque "sabía que iba a haber una guerra civil". También hay algunas entrevistas de Baroja en el 33-34 en las que afirma que España va a ir a una dictadura de derechas o a una dictadura de izquierdas (y dice que prefiere la de derechas). Entonces, la situación era de gran incertidumbre, por cuanto la República se sabía insostenible, especialmente por la estupidez de un personaje como Azaña.

Sobre el tema controvertido de si Franco alargó la guerra para asegurarse antes el poder absoluto, dice Moa que esta estrategia se debió a la convicción por parte de Franco de que el enemigo se canibalizaría en sus luchas internas sin tener que gastar más vidas de sus soldados. Esta interpretación probablemente sea cierta. El estilo militar de Franco no era de blitzkrieg sino de torniquete progresivo.

Ya comentando el Franquismo hace Moa afirmaciones que me parecen dudosas, como la reducción a únicamente 20.000 del número de represaliados. Esto no me lo acabo de creer, porque Moa se basa en las sentencias de muerte que se conservan, pero dudo de que no hubiese muchos más que fueron asesinados sin juicio y hechos desaparecer. En la pirámide de población de España, todavía hasta hace poco se podía ver el hueco en el lado masculino en las generaciones nacidas de 1905 a 1915.

Hace luego Moa toda una serie de piruetas para dejar siempre a Franco como Caudillo intachable, sin mácula en su comportamiento, en el periodo de la II Guerra Mundial y el aislamiento posterior. Pienso que Franco no pensó en ningún momento en España sino en sí mismo, en estrategias arteras para mantenerse siempre en el poder. Lo que sí que describe muy bien Moa es la maniobra por la que Franco evitó entrar en la guerra a favor de Hitler, a base de pedirle más y más ayudas sin decirle nunca ni que sí ni que no. El razonamiento de Franco era muy simple: si gana Hitler mandará él y yo estaré subordinado al III Reich, y si ganan los aliados me invadirán y me ejecutarán. Entonces, primero se dedicó a ganar tiempo y a pedirle trigo al Führer y luego, cuando vio que el Eje iba a perder (y esto tuvo la astucia de verlo muy pronto), empezó a distanciarse y a entenderse con Churchill en secreto. Es cierto que Churchill le prometió devolverle luego Gibraltar, y no lo cumplió, pero al menos lo mantuvo en el poder.

La década de la autarquía, hasta 1950, Moa la describe como una Arcadia feliz, de concordia, admiración del Caudillo, abundancia y prosperidad. Dice que en La Colmena de Cela se exageran las críticas porque el autor quería hacerse el "progre". Y dice que, si se cogen los casos negativos, en todas partes hay desgracias. Dice también que Franco no tenía oposición, que si se hubiesen puesto las urnas sacaba mayoría absoluta. Y pone de ejemplo el referendum de 1947, en el que se preguntaba: "¿Aprueba el Proyecto de Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado?". Ganó el "sí" con un 93% y esto lo interpreta Moa como una legitimación popular del Franquismo. En mi pueblo, los que iban a votar decían: "vamos a elegir entre SÍ queremos que se quede, o NO queremos que se vaya".

Sí que pienso que tiene algo de razón Moa cuando cita el mal recuerdo y la decepción que dejó el Frente Popular, el contraste entre la belleza de sus discursos y el comportamiento criminal y traidor que siempre tuvieron. Es posible que hubiese entre el pueblo un cierto agotamiento de todo ideal político, lo que benefició mucho al Régimen.

Franco fue un Rajoy, una persona que no tiene ni orgullo, ni ideología, ni lealtad con nadie, nada más que maniobras para mantenerse siempre en el sillón.

Ya la década de los 50 la considera Moa un remanso de paz y prosperidad, enturbiado si acaso mínimamente por las intrigas del PCE. De esta década se suele hablar poco, y se la identifica con la de los años 40. No parece que fuese así, y gran parte de los problemas de hambre y escasez se habían solucionado. No creo que fuese la dolce vita que Moa nos cuenta, pero fue un tiempo en el que se sentaron las bases de la impresionante prosperidad de los 60.

Ya hablando de los 60, tengo poco que discrepar con Moa. El crecimiento fue imparable, la industrialización fue muy intensa y estuvo muy repartida, el desempleo era nulo, la natalidad crecía sin parar y había seguridad en las calles. Los crecimientos del PIB en esa década tuvieron una media del 7%. Y esto con una igualdad social muy superior a la de los países capitalistas.

Es famoso el dato de que a la muerte de Franco España tenía un PIB per capita del 80% de la media de la CEE. Ahora, tomando como referencia esos mismos países, aún no hemos vuelto a llegar a esa cifra (estamos algo por encima del 70%).

Interesante el concepto que aplica Moa de "salud social": población reclusa, drogadicciones, alcoholismo, fracaso matrimonial, fracaso escolar, abortos, violencia doméstica, ETS. Pone el ejemplo de los presos: de 10.700 en 1966 a 70.000 en 2010. En este otro artículo se concreta: de 23 presos por 100.000 en 1975 a 161 por 100.000 en 2009. En 2017 esta cifra ha bajado un 19%. En cuanto a divorcios, estamos ya entre los primeros del mundo. En fracaso escolar, somos líderes europeos, con casi un 20% (el 40% entre los niños). Divorcio y fracaso escolar de los niños están directamente relacionados. También somos líderes de la UE en consumo de cocaína y cannabis, desde hace ya tiempo. En prostitución, somos el tercer país del mundo. En abortos, estamos en casi 100.000 al año (en España llegan a nacer algo más de 400.000 niños al año: un 20% de los embarazos es abortado artificialmente, doblamos la media europea).

Entonces, la versión progre de un franquismo con el burro y los sacos de almendras, en contraposición a la Democracia con el crecimiento económico y las autopistas es simplemente una falacia.

Luego se mete Moa a analizar las causas de la caída del Régimen, y viene a la sorprendente conclusión de que fue la traición de Tarancón y un sector de la Iglesia lo que precipitó el paso a la democracia.

A mí esto me sorprende, porque si se sabía que el conde de Barcelona había querido una democracia parlamentaria análoga a la inglesa, si se sabía que el príncipe Juan Carlos tenía buena relación con la monarquía inglesa, si se sabía que tanto Alemania como EEUU consideraban ya preparada a la población española para tener una democracia liberal, y si se conocía el interés del mismo Franco por entrar en la CEE (y habiendo puesto la CEE la condición previa de la democratización), no tiene sentido que Moa se queje de traiciones clericales, porque allí se trataba de "mariquita el último" y todos eran ya demócratas de toda la vida antes incluso de la muerte de Franco. España fue a un régimen democrático porque era lo que Juan Carlos I prefería y lo que tenían los países de nuestro entorno.

En este sentido, el asesinato de Carrero Blanco, que Moa interpreta en clave únicamente doméstica, sí que me parece una jugada de la CIA para eliminar al sucesor directo de Franco, designado por el mismo Franco como presidente del Gobierno, un cargo que sólo había ocupado el Caudillo desde el 36. Luego, el nombramiento de Arias Salgado (en lugar de Fraga, que hubiese sido más previsible) sí que fue interpretado por los otros países como una rendición ya final. Franco, hasta en su lecho de muerte, supo leer la situación.

Hay luego unos apéndices bastante útiles en los que Moa enumera a los principales ministros del franquismo y explica la estructura jurídica del Régimen (con las Cortes, los "procuradores" y las leyes fundamentales).

En general, es un libro útil y necesario, pero que se tiene que leer junto con otros más progres para intentar entender la verdad, que está en medio. Además, Moa escribe bastante bien.

Actualización:
La entrevista de Baroja que he citado se publicó en el periódico El Sol el 11 de noviembre de 1931 y se puede leer completa en esta web. La frase famosa fue:
Si se hace la experiencia de la dictadura socialista, que se haga bien. Ya que nos arruinemos, que sea con brillo.
Pero la frase que yo recordaba no la dijo en esa entrevista sino en otro artículo, que aparece en el volumen La Guerra Civil en la frontera y que se explica en este artículo:
"a pesar de todo -escribe- creo que una dictadura blanca, no siendo clerical, es, hoy por hoy, preferible para España. Una dictadura de militares se puede suponer lo que va a ser. Consignas más o menos severas, pero con sentido. Una dictadura roja en todos los países es lo mismo, un poder lleno de equívocos, de intenciones obscuras y de confusiones".


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"Mirar el río hecho de tiempo y agua
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