15 de abril de 2017
El futuro del libro
Estoy últimamente leyendo artículos y viendo conferencias por el YouTube que hablan del libro, de las librerías, de los escritores, de los dispositivos de lectura y de la inutilidad del Twitter.

Yo, en 2008 cuando salió el Kindle, ya expresé mi opinión poniendo demasiada fe en el futuro de los blogs, aunque sí que vi la importancia del fenómeno. También vi que se iba a producir una gran reconversión de la literatura, aunque al final la cosa se ha quedado en un término medio. Los libros que se siguen publicando y vendiendo son completamente tradicionales, no han incorporado ni van a incorporar ya innovación estructural alguna. De hecho, hay folletines decimonónicos y novelita de género, como si se hubiese querido volver a los orígenes. Pero sí que están cayendo y desdibujándose los intermediarios, editores, distribuidores y vendedores.

Parece que la guerra entre digital y papel ha pasado a ser la guerra entre venta on line y venta en librería.

Las librerías son comercios ineficientes y obsoletos, que generan cuellos de botella en la distribución y obligan a mantener unos precios de los libros excesivamente altos. Piden entre un 30% y un 40% del precio final del libro, requieren de una distribuidora que también se queda con un 20%-25%, obligan a aceptar los libros en depósito (incrementando el riesgo para las editoriales), generan devoluciones que consumen recursos de distribución, encareciendo aún más los libros, y obligan a destruir muchos miles de libros cada año. Al final, dejan al autor con un 10% del precio final, antes de empezar a liquidar sus libros como saldo o directamente venderlos de segunda mano y no pagándole nada. Pero aún peor que todo esto es el efecto de concentración de las ventas en unos pocos títulos. Las librerías pasan el año esperando el gran best seller en el que concentrarán toda la atención del público, poniendo grandes pilas en las mesas de novedades, expositores con la foto a tamaño natural del autor y moviendo el run run todo lo posible hacia un único título. Esto ha ido empobreciendo la literatura, arrastrando a las editoriales hacia un modelo de grandes adelantos y riesgo máximo, y expulsando del mercado a autores que hubiesen podido dar más juego.

Las editoriales, erróneamente, han estado vendiendo la imagen del "librero" como un buen samaritano que nos trae la cultura a nuestras casas, pero en realidad sólo es un vendedor preocupado por comprar barato y vender caro. Los libros han acabado siendo un producto perecedero, que las editoriales promocionan sólo al principio, antes de que las continuas novedades de las otras editoriales desplacen ese título y lo lleven a la trituradora. Los autores pasan dos años escribiendo el libro, asoman la cabeza durante un mes en las librerías y vuelven a su letargo sin apenas hacer ruido. Al cabo de año y medio les llega una liquidación que es una miseria.

Y, por culpa de este desperdicio de papel, esta desmotivación de los autores y este encarecimiento de los precios las ventas han bajado mucho y siguen bajando.

Las librerías on line, por otra parte, funcionan bajo la lógica de la Red, que es distinta de la lógica de la tienda física. Ya hace un montón de años se habló de un pequeño fenómeno aparecido en Amazon que sorprendió a todos: uno de los libros más vendidos era El peor viaje del mundo, de Appsley Cherry-Garrard. Este autor estaba muerto y nadie hizo la más mínima promoción del libro, que por otra parte llevaba ya tiempo a la venta. El libro se puso a vender muy lentamente, luego un poco más rápido y finalmente estaba en los primeros puestos, gracias a las recomendaciones de los lectores y a los comentarios que iban dejando. Esto lo explicó muy bien hace nada menos que 13 años Chris Anderson, editor de Wired en su artículo "The Long Tail".

Hace poco leía a un agente literario decir que cuando Amazon controle el mercado sólo aceptará en su tienda a los autores que más vendan. Este señor no tiene ni idea. Amazon vende ya muchos más libros electrónicos que de papel, y casi la mitad de esos libros son de autores independientes surgidos de la nada. De igual forma, en los libros de papel la mitad de las ventas se reparten en esa "larga cola", a razón de pocos ejemplares por título, y sólo la otra mitad corresponde a las ventas típicas de una librería física.

Las librerías como Amazon no generan apenas devoluciones, ni tienen limitación en el número de títulos expuestos. Una librería grande tiene entre 5.000 y 10.000 títulos en exposición. Una librería como la FNAC puede llegar a los 150.000. Amazon, en 2014, ya anunciaba que había superado los 23 millones de libros en papel y los 3 millones en el Kindle. También está Amazon incentivando la famosa impresión bajo demanda, para editoriales y autores, que garantiza que el libro se imprima una vez que se ha vendido.

Todo esto hace que un libro que en la librería valga 20€, con 2€ para el autor, en Amazon teóricamente pueda valer 10€ (4€ para imprimir, 4€ para Amazon y 2€ para el autor).

Pero esto no sucede porque las librerías mantienen esa gran barrera de contención que es la ley de precio fijo. Esta barrera se romperá cuando Amazon venda ya más del 50% de los libros de papel y las editoriales preparen ediciones ad hoc con márgenes más estrechos ya preparadas para venderse sólo on line. Si no lo hacen las editoriales grandes, otras lo harán y les irá muy bien. También lo harán, y lo están haciendo, los autores independientes.

En todo caso, no creo que las librerías lleguen a desaparecer del todo porque siempre les quedará la ventaja de la compra compulsiva y del lector al que le gusta toquetear un poco. Sí que tendrán que ajustar sus beneficios, y eso les obligará a tener un catálogo mucho más reducido (o en muchos casos a cerrar las puertas).

Y luego, paralelamente, funciona el libro digital. Aquí hay grandes ventajas y también una gran injusticia. De entrada, la gente los libros digitales se los está bajando gratis. Esto es como si en el Mercadona pusieran una puertecita lateral para salir con el carro lleno y las cajas fuesen de uso voluntario. Si ahora mismo se eliminasen los libros en papel en España, las editoriales quebrarían en bloque y los escritores dejarían la mayoría de escribir. El surtido digital de libros se mantiene como experimento y como forma de mantener un pie en el futuro, pero las ventas no superan el 5% de la facturación total.

Otra situación habría si se prohibiese el pirateo. La lectura en un ereader de tinta electrónica de gama media ya es más agradable y mejor que en el papel. Además, el catálogo, de acceso inmediato, muy pronto superará al de los libros en papel. Los precios son variables, pero a 0€ pueden estar los títulos de autores con derechos ya caducados (Lorca, Valle Inclán, Machado o Unamuno entre los más recientes), por unos 3€ los de autores independientes (que se llevarán ellos 2€ limpios), y por unos 9€ los de editoriales (25% para el autor). Luego, cuando los libros vayan haciéndose viejos, lo normal es que vayan bajando el precio.

Pero de momento lo que están haciendo muchas editoriales es poner los precios del digital a un nivel que no desincentive la venta del papel, porque del digital apenas van a sacar beneficio.

Otro fenómeno que sorprende un poco es la cantidad de gente que lee libros en tabletas y móviles con pantallas AMOLED. Estas pantallas cansan la vista y producen insomnio, lo que habla de la necesidad de una buena pantalla de tinta electrónica en color.

La situación actual a mí ni me molesta ni me disgusta, porque las editoriales han sido empresas supeditadas a los periódicos, que a su vez han estado alineados con los partidos políticos y su régimen cleptocrático. Las editoriales "independientes" han sido dependientes y vasallas de los suplementos literarios y sus reseñitas, y las editoriales grandes han estado directamente controladas en su accionariado por grupos mediático/políticos como PRISA y Planeta.

Además, los autores no son escritores profesionales sino columnistas de partido que usan la novelita bienal como excusa para mantener ese escalafoncillo de prestigio y poder manipular aún más.

Como extensión de esto, las librerías han sido sus mejores aliadas para bloquear la disensión.

¿Y qué es lo que veo en el futuro más inmediato?

Creo que tienen futuro:
  1. Los libros electrónicos baratos a 3€.

  2. Los libros en papel a 10€ con impresión bajo demanda o con tiradas muy pequeñas, preparados sólo para Amazon.

  3. Las librerías físicas en lugares de mucho tránsito de gente y con alta facturación.

  4. Los autores independientes no manchados por la corrupción política.

¿Y qué no tiene futuro?
  1. Los libros electrónicos por encima de 9€ y con precios que ya igualan al papel.

  2. Los libros en papel con encuadernación americana, las páginas fresadas y precio de 20€.

  3. Las librerías físicas que entierran la mitad de su catálogo para luego acabarlo devolviendo, o que no puedan seguir en marcha si pierden el descuento del 30%-40%.

  4. Las ediciones de bolsillo con papel barato, letra pequeña y apretujada, tapas sin solapa y porcentajes de risa para el autor.

  5. Las editoriales pequeñas que no tienen más objetivo que sacar reseñas en algún suplemento literario y establecen con sus autores relaciones de vasallaje.

  6. Los suplementos literarios que viven, o han vivido, de los recuadritos publicitarios de las editoriales.

  7. Los autores de pose, que escriben "para salir en el periódico" y que son vistos ya como una caspa y un fracaso por parte de los lectores.

¿Qué hechos pueden ayudar a acelerar este cambio?Entonces, el cambio está siendo lento pero irreversible, hay grandes resistencias y el modelo contractual de las editoriales impide que los autores se independicen. No sé si las editoriales podrán justificar su existencia, es posible que los autores y los lectores aprendan a encontrarse por su cuenta, pero la literatura va a seguir y la diversión también.

13:13:12 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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