10 de agosto de 2017
Karl Ove Knausgård: Un hombre enamorado
Hace unos cuantos meses leí una reseña sobre Knausgaard en la que se le tachaba de autor sobrevalorado. Esto lo escribía un autor que se considera infravalorado, y a mí me pareció que se podía equivocar.

Compré el volumen Un hombre enamorado, de la serie Mein Kampf, y me puse a leer.

De entrada, se nota que en Anagrama se ha ido Herralde y han puesto a una feminista. Me entretuve durante algunas páginas en apuntar los errores de sintaxis y de concordancia:
p. 105: "todos su conocimiento de".
p. 105: "el esmero y el ingenio invertido".
p. 174: "fotos de la zonas rurales".
p. 175: "un pequeño que otro cerro".
p. 215: "la parte de debajo de barbilla".
A partir de la p. 215 ya dejé de apuntar. La traducción la firman las señoras Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. El ISBN del volumen, por si la tonta de Silvia Sesé quiere ir a corregir los errores, es 978-84-339-7891-2.

Y hablando de la obra, es posible que Knausgaard sea el mayor rellenador de páginas de Europa. Para encontrar a un caradura que le dé a la tecla con mayor ligereza habría que buscar en los archivos de este blog, aunque yo por esto no cobro. El volumen que Knausgaard nos presenta es una especie de borrador amorfo y con gigantismo, en el que ha ido apuntando mecánicamente todo aquello que se le ha pasado por la cabeza, sin casi ningún filtro. Knausgaard es una especie de marmolillo, que sólo describe y narra, sin apenas sentimientos ni reflexión. Cuando intenta ponerse en plan Kierkegaard hace bastante el ridículo.

Knausgaard en general cuenta su vida, aunque mete diálogos y detalles que son imposibles de recordar, por lo que parece que novela un poco sobre la realidad. Cuenta su periplo por Suecia como escritor pseudoprofesional, que va por ahí dando lecturas y redactando informes editoriales, mientras alquila pisos de 30 metros cuadrados y se pelea con una rusa borracha y tan desequilibrada como su propia mujer. Va pariendo hijos todos los que puede y arrastrando el carrito por la acera. Le pone al libro Mein Kampf y luego sale de empujacarritos. En otro momento sale emborrachándose y haciéndose cortes en la cara. También se despacha a gusto en contra de los suecos, porque dice que son fríos y aburridos. Él es la alegría de la huerta.

El individuo no me ha caído bien, no sé muy bien por qué. Es posible que Knausgaard sea más compatible con otro tipo de lector, pero a mí realmente me ha aburrido de mala manera. Me propuse acabar el volumen como una especie de penitencia, y lo he conseguido, pero ya casi sin enterarme de lo que leía.

Argumentaba el reseñador antes citado que el éxito de Knausgaard se basaba en su atractivo físico, en los ojos claros y el pelucón irresistible.

Yo no sé si me dejaría fácilmente seducir por semejante bellezón:



Lo que sí que tengo claro es que a mí Knausgaard no me va a vender ni un solo libro más.

Que nos toma por imbéciles es fácil de comprobar en muchas ocasiones, por ejemplo en la p. 495, cuando tira a beber cerveza y dice:
Me llevé el vaso a la boca, sentí la espuma rozarme los labios, el líquido frío, algo amargo, me llenó la cavidad bucal, que estaba tan poco preparada para ese sabor que un escalofrío me recorrió el cuerpo, mientras la cerveza se deslizaba por mi garganta.
Se le olvida hablar de la realineación molecular debido a la menor temperatura del tejido epitélico del paladar.

Y en general así es como va la literatura oficial de los suplementos, a base de espantapájaros rellenos de paja. No sé si es cierto que los críticos no leen los libros, pero con estos mamotretos soporíferos prefiero pasar mi tiempo en forocoches.

23:18:45 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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