25 de noviembre de 2017
Pío Baroja: Rojos y blancos
Este libro se presenta como un supuesto tomo IX de las memorias de Baroja, aunque no hay tal. Es más bien un dietario, para mí un blog, de los años que Baroja pasó en París, del 37 al 40. Había leído ya La Guerra Civil en la frontera y me había enterado de manera definitiva de lo que fue el 36, de cómo lo montaron y lo llevaron adelante. Esto para mí es un asunto cerrado y no admito más controversias ni adoctrinamientos en ningún sentido.

Pero en este tomito Baroja simplemente se dedica a contar lo que hace. Está en la residencia universitaria de París en un cuarto pequeño, con un lavabo, habla con algunos otros exiliados, conversa con algunas mujeres francesas, le vienen a ver unas chicas norteamericanas que lo han leído en inglés, va a algún convite y demás. Es interesante la información que da sobre su carrera como escritor:
Uno escribe porque en España el tiempo hay que pasarlo de algún modo. Escribir no tiene mayor importancia que otro menester cualquiera. Lo único importante que yo le veo es que no se gana para vivir. Yo, con la pluma conseguía, el año que más, unas cuatro o cinco mil pesetas. Y cuente que, según los editores, soy de los que venden más. Aquí, desde el duque al chófer y desde la cocinera a la gran dama, nadie se preocupa del libro. La vida actual tiene muchas exigencias inmediatas: el naturismo, el sol, el automóvil, la buena mesa, el baile, las piscinas, el cine, la aventura... ¿Y dónde está quien, por recreo, se encierre a solas con un volumen para pasar la tarde? Esto ya no lo concibe la gente.

Se escribe poco y malo; decae la novela... ¿Y qué? ¿Quién que no sea un loco o un descentrado va a ponerse a escribir novelas en el mejor de los casos, por menos de trescientas pesetas mensuales?

El espectáculo es muy sencillo de resumir: no hay literatura buena, porque no hay un céntimo para quienes la producen, los viejos están mandados retirar, y los jóvenes con talento persiguen la gloria y la fortuna en actividades más fáciles. Y, claro, los pocos jóvenes que se arriesgan en literatura son unos pelmazos que no hay quien los soporte. Lector que atrapan, lector que curan de la funesta manía de leer.
Me ha parecido que eran palabras escritas ayer, salvo en lo de que "se escribe poco". Se queja de las 5.000 pesetas anuales. En este artículo se muestran ejemplos de salarios según el año: en 1929 el salario de un obrero oscilaba entre 1.500 y 3.000 pesetas al año.

Luego cuenta Baroja su visita a Suiza, a casa de su amigo el nazi Paul Schmidt, que tiene una criada que le pone platos de sopa con una esvástica hecha con perejil.

Luego vuelve ya a España y le garantizan que podrá estar en Vera del Bidasoa, aunque en poco tiempo ya se reinstaló en Madrid y volvió a sus paseos por el Retiro con Azorín.

Al final, dice en el postfacio Fernando Pérez Ollo que durante su detención en el 36, que fue lo que desencadenó el exilio, Baroja sí que estuvo en riesgo de ser fusilado y que el general que fue a liberarlo, Carlos Martínez Campos, llevaba en el bolsillo su orden de ejecución. Esto, según Pérez Ollo, lo declaró el propio Martínez Campos a un historiador. No me cuesta nada creerlo, porque Baroja era incómodo para los unos y los otros. Luego, ya durante el exilio, hubo algunas maniobras a través de sus contactos para congraciarse con el Régimen, enviando algunos artículos a periódicos falangistas y publicando el tomito Comunistas, judíos y demás ralea (título que, según Baroja, le impuso el editor).

En general, es un libro interesante pero mucho menos que el que trata de la Guerra Civil. Es un libro recomendable sólo para los muy barojianos.

Actualización:
He estado pensando en la afirmación de Baroja acerca de los escritores "pelmazos" que espantan a los pocos lectores que quedan. Entre estos escritores, los más destacados eran Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró, Juan Ramón Jiménez (en su versión en prosa) y por supuesto Gómez de la Serna, que era un fiera de los periódicos y que ahora nadie le recuerda. No había todavía aparecido la generación de posguerra (Cela y Delibes), con la que se entendería mejor Baroja.

Pienso que la causa de la decadencia actual de la literatura la tiene el monocultivo ideológico, el bloqueo de todo lo que no sea progre. También ayuda un poco el material de arrastre vanguardista, que es ya una chatarra vieja pero que algunos aún usan para encubrir su falta de talento. Los lectores parece que han evolucionado ideológicamente muy rápido después de la crisis, pero los escritores no se han movido del bloque alineado, dependientes de unos medios que se van hundiendo poco a poco. Entonces, pienso que Amazon es muy buen síntoma, pero las editoriales grandes deberían ir ya entendiendo al lector de hoy y desvinculándose de los medios tradicionales.

La literatura en vida de Baroja nunca se llegó a recuperar del todo, pero salieron Cela y Hemingway, que se declararon admiradores suyos, y, a rueda de éstos, escritores más jóvenes en Europa y EEUU, que él en sus memorias dirá que le gustan más.

20:32:21 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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