10 de diciembre de 2017
En el Cabo de Gata
El viernes me dio por ir a ver el Cabo de Gata. Por pereza de no mirar bien el Maps antes de salir, acabé primero en Cartagena, por error, y luego di la vuelta y me metí en una autopista de peaje por la que circulé yo solo. Por 104 km. pagué 16,90€. Probablemente el atraco peajístico más grande de España. Se ve que aquello de abaratar para atraer la clientela no se lleva ya, ahora es pillar al incauto y pegarle el clavadón.

A la altura de Mazarrón paré en un área de servicio y eché esta foto:



Mi idea primera era llegar a la altura de Níjar y bajar directamente hasta San José, pero un poco antes vi una señal de "Parque Natural del Cabo de Gata" y acabé en Carboneras. Este pueblo tiene allí unas playitas aceptables y también unas industrias de cemento o petroleras.





Están las casas pintadas de blanco, algunas con pinta de construcción artesanal:





No quise volver a la carretera general y me fui a buscar Agua Amarga, por una carreterita de montaña. Llegué a un montículo en el que había un camino que subía montaña arriba y paré a echar algunas fotos. Esto se llama la Mesa de Roldán y al fondo está la Playa de los Muertos.





Es una zona bonita, pero se diferencia muy poco de la Costa Blanca.





Había un caminal muy empinado, con asfalto deteriorado, que subía hasta el faro. Yo no sabía si atreverme, pero al final me metí y llegué hasta arriba.















Me intenté luego meter por otra carreterita, que salía en el Maps, pero estaba intransitable y sin señalización alguna, por lo que bajé del coche, caminé unos cientos de metros y decidí volver y dar media vuelta. Posiblemente en moto se pueda recorrer, sobre todo de trail.

Luego llegué al pueblecillo de Agua Amarga, que parece un poco de parque temático, con todas las casitas encaladas y con aspecto de nuevo.



Por los coches que vi, y algún transeúnte, parece que hay un turismo residencial que busca una tranquilidad mayor que en la ya saturada Costa Blanca. A mí me gustó bastante el sitio. No sabía si me iba a encontrar por allí a Michel Houellebecq, que tiene una casa en esa zona, aunque no sé la población exacta.







Luego intenté cruzar hasta San José sin volver a la general. Avancé ya por el centro del parque natural, por unas lomas áridas y ventosas, de tierra blanca, a veces tupidas de esparto.





Ésa es la zona en la que Houellebecq ambienta La posibilidad de una isla.





Pasé por Fernán Pérez y Albaricoques, para torcer ya hacia San José.





Hay un cierto movimiento de construcción y adosado pero menos que aquí:





Llegué luego sin contratiempo a San José, que es como una Jávea en pequeño y sin desarrollar aún:









Hay luego unas indicaciones para ir a las playas de Los Genoveses y Mónsul, por una pista forestal:









Esto es la Playa de los Genoveses, nada de particular:







Me interesó más la playa de Mónsul, que está bastante cerca. La gente se subía a esta inmensa duna. Es mucho más grande que la de Arenales del Sol:



Es una playa bonita y pintoresca:





Houellebecq la describe así:
Nuestra nueva casa estaba un poco al sur de San José, cerca de la playa de Mónsul. Enormes bloques graníticos cercaban la playa. Mi agente veía con buenos ojos este período de aislamiento; según él, me vendría bien un retiro…




Desde la playa de Mónsul, en lugar de volver por donde había venido, decidí investigar un camino más estrecho que se adentraba hacia la falda de la montaña. Sólo vi un coche que intentaba entrar y automáticamente daba media vuelta. Un kilómetro más adelante el camino se interrumpe por una verja cerrada con un candado, aunque hay un hueco para pasar andando. Vi que el camino seguía y algunas personas caminaban hacia arriba. Decidí llegar hasta el montículo para echar unas fotos de los acantilados:





Pero luego vi que el camino seguía hasta el antiguo faro, varios kilómetros más arriba:



Quedaba ya poca luz, pero seguí paseando un poco más, con la idea de dar media vuelta cuando se hiciese de noche.





Pero luego me piqué y pensé que no me quería ir sin llegar al faro, de modo que apreté el paso mientras seguía echando fotos.





Hay en un momento un recoveco en la montaña que alarga bastante la llegada. La gente ya daba media vuelta porque se hacía de noche. Yo seguí.



Hay unas rocas allí que parecen metal derretido, como si hubiesen salido del núcleo de la tierra:



Las vistas son magníficas, aunque estaba muy oscuro ya:





Llegué finalmente con la última luz rojiza:





Esperaba luego una luna lorquiana para el descenso, pero era una noche negra y nublada. Me había dejado el móvil en el coche y apenas veía dónde pisaba. De todos modos, me sentía a gusto en aquella oscuridad, entre las moles graníticas, alejado de todo ser humano. Ése fue el mejor momento del viaje.

A la vuelta, pare a la entrada de Níjar en una BP a echar gasolina y luego, por pereza y ganas de llegar rápido, aunque hay recorrido alternativo por Murcia, volví a meterme por la autopista de los 16,90€. La madre que los parió.

14:26:21 ---------------------  

El País de Loix (Alberto Noguera)
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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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