12 de febrero de 2018
Menos mal que me marché
En el verano de 1999, después de obtener mi licenciatura, me matriculé en los cursos de doctorado en la especialidad de Literatura Española (en lengua castellana, quieren decir) y preparé mi trabajo de investigación bajo la dirección de Joan Oleza. La Fundación Max Aub me dio una beca no muy cuantiosa y de eso me mantuve precariamente el primer año. Pablo Iglesias siempre pregunta a todos cuántas matrículas de honor ha obtenido. Yo, sin ser de la cuerda ideológica, he obtenido cinco matrículas de honor, todas en literatura contemporánea, tanto peninsular como latinoamericana.

Al año siguiente, estuve enviando algunos currículum a EEUU para enseñar en alguna universidad, ignorante como estaba de las políticas de género que ya se venían siguiendo. No hubo respuestas positivas y hasta uno de los profesores de allí, español que había iniciado sus investigaciones también con Joan Oleza, me estuvo disuadiendo.

Recuerdo que en ese tiempo me llegó un e-mail a mi buzón acusando a uno de los catedráticos de aquel departamento de estar cobrando su nómina completa, complementos incluidos, sin aparecer por las aulas ni un día en todo el año. Esto lo publiqué en mi blog y lo tuve que retirar, más por la petición de mi maestro Joan Oleza que por las amenazas de querellas de este profesor, al que yo respetaba más bien poco. Unos días más tarde, otra profesora me estuvo recriminando mi publicación, muy dolida y afectada, diciendo que "esto se suele hacer con algunos catedráticos muy importantes". Bien, entonces esto se solía hacer.

A mí me pareció que en aquel mundillo había demasiados "jóvenes investigadores" y demasiado pocos sillones.

Se trataba de conseguir una beca de investigación y tirarse cinco años trabajando por unos mil euros sin seguridad social ni de ningún tipo, esperando quedarse luego en la calle. La beca ni tan siquiera la pude conseguir porque en el expediente académico me faltó algo de nota, había sacado muy buenas notas en lo que me interesaba y notas más bien mediocres en lo que no me interesaba (aunque saqué la licenciatura en cuatro años en lugar de cinco).

Ahí hubo unos meses algo más oscuros, en los que estuve en casa de mis padres echando currículum por Infojobs para sumarme a la "revolución digital" como programador. Nadie se interesó por mí, creo que con buen criterio, y de repente me dio por enviar los currículum al modo tradicional en sobres de papel. En tres días me metí en un periódico de corrector y pronto pasaría a redactor, sólo para comprobar que allí lo que había era otro embudo de egos sin ningún futuro.

En ese año inscribí mi tesis, que ya no versaba sobre Max Aub sino sobre "La información en la novela actual".

De hecho, acabo de encontrar el Word con el proyecto que inscribí:
Proyecto de tesis de Alberto Noguera Navarro, dirigida por Joan Oleza Simó.

Título: “La información en la novela actual”

Introducción:
Las cohabitaciones entre novela y periodismo, entre imaginación e información, se han producido desde sus mismos inicios en el siglo XIX, si bien durante el siglo XX se produjo un aparente divorcio que llevó a la novela a alejarse de los lectores y al periodismo a encumbrarse económica y socialmente.
Pero esta separación entre una novela para las élites basada en la imaginación, con una fuerte tensión compositiva y un débil nexo con la realidad, y un periodismo de información cada vez más popular que apuntaba directamente a las masas no existió más que en la mente de la crítica. Hay un hilo soterrado que cruza todo el siglo XX, desde la trilogía de La lucha por la vida de Pío Baroja hasta las ficciones actuales de Saul Bellow, Irvine Welsh o Norman Mailer, pasando por el ciclo de los Campos de Max Aub, el realismo social español o la non fiction novel posmoderna.
La novela no ha dejado en ningún momento de cumplir una misión informativa, algo que en algunos cenáculos críticos españoles aún suena a anatema pero que es demostrable con textos concretos.
Hasta ahora el problema se ha encauzado como una contraposición entre realidad y ficción, pero el interés de esta tesis no está en esa dicotomía sino en el tratamiento que los novelistas actuales hacen de la información y la recepción que los lectores le dan. Se pretende analizar desde la novela culta hasta la más popular, mediante ejemplos concretos. En cada tipo de novela la información puede tener un papel distinto: desde legitimar la verosimilitud de una trama demencial hasta ser el elemento central de todo el relato.
Esta heterogeneidad de los referentes impide la exahustividad y obliga a describir una tendencia más que a hacer un inventario definitivo, pero al tratarse de un campo casi totalmente inexplorado el resultado debe valer la pena.
El periodo estudiado comenzaría a finales de la década de 1980, con la implosión del sistema comunista y el nuevo interés por la realidad que se desarrolla en aquellos años posmodernos. Triunfan obras como La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe, en las que los autores utilizan técnicas periodísticas, bordeando el reportaje. A partir de aquí hay un punto de inflexión para comenzar a sellar el cofre vanguardista y abrir nuevas posibilidades a la novela.
El éxito comercial de este tipo de libros no es una anécdota. En un entorno literario cada vez más mercantilizado, especialmente en el género de la novela, la rentabilidad económica ayuda a canonizar un escritor en la mente de los otros autores, que se dejan influir con más facilidad. Esto hace necesario en esta tesis considerar la difusión de las novelas como uno de los factores fundamentales.
El ámbito de estudio incluye varios países, por una cuestión de honestidad: no es posible estudiar tendencias novelísticas en una sola lengua cuando las traducciones en cualquier país se cuentan por decenas de miles al año y los espacios de exposición en las librerías están ocupados en buena parte por autores extranjeros. Tanto los lectores como los escritores leen indistintamente novelas en español o traducidas, al igual que la crítica de oficio. Las novelas extranjeras seleccionadas habrán tenido influencia en España.
El resultado será un corpus de textos que intente trazar un mapa lo menos difuso posible. El criterio de análisis es totalmente objetivo: tratamiento de la información. Para mayores profundidades habría que acotar mucho más el campo de estudio y esta tesis podría perder su sentido.

Objetivos:
El objetivo fundamental es demostrar que todavía para un cierto público las novelas cumplen una función informativa. Además, esto explicaría mejor ciertos fenómenos como la novela Soldados de Salamina, con un éxito comercial que sorprendió a críticos y editores. Otro objetivo secundario sería demostrar cómo los autores actuales se ven influidos muchas veces más por otros autores extranjeros que por sus compatriotas.

Bibliografía:
Se incluyen títulos de novelas que ejemplifican lo que se busca, sin perjuicio de que la nómina aumente considerablemente en el trabajo final.

Cercas, Javier: Soldados de Salamina, 2001.

Mailer, Norman: Oswald, un misterio americano, 1996.

Roth, Philip: Me casé con un comunista, 2000.

Wolfe, Tom: La hoguera de las vanidades, 1991.

Brown, Daniel: El código Da Vinci, 2003.

Ruiz Zafón, Carlos: La sombra del viento, 2002.

Ford, Richard: El periodista deportivo, 1986.

Ford, Richard: El día de la Independencia, 1995.

Welsh, Irvine: Trainspotting, 1993.

Houellebecq, Michel: Las partículas elementales, 1998.

Follet, Ken: Los pilares de la tierra, 1989.

Grandes, Almudena: Los aires difíciles, 2003.

Muñoz Molina, Antonio: El jinete polaco, 1991.

Pérez Reverte, Arturo: La carta esférica, 2000.

Updike, John: La belleza de los lirios, 1998.
Coño, ahora que lo pienso, esta tesis le hubiese venido bien leerla a Sergio del Molino, en el caso de que la hubiese llegado a escribir. La verdad es que no tenía ni puta idea de cómo escribir aquella tesis y creo que era el típico proyecto que suena bien y luego es difícil de implementar.

También recuerdo que llegó un momento en el que me di cuenta de que yo no quería ser marinero sino capitán, de que no quería pasarme la vida estudiando las novelas de los otros sino escribir las mías. Escribí dos y las publiqué en una pequeña editorial, otra vez en el embudo de egos.

Unas pocas semanas antes de marcharme del periódico, asqueado de la corrupción (y me marché yo, no me echaron), vi por casualidad en la web de la Universidad de Valencia, que habían rebajado el baremo para obtener beca de investigación y que yo podía fácilmente obtenerla con la recomendación de Joan Oleza, sólo que el plazo acababa de expirar.

Me decidí finalmente a obtener una nómina digna en un oficio que no se basara en la mentira o en una burbuja de egos. Cuando vine a empezar a trabajar en el instituto María Ibars de Dénia era ya el año 2004.

Ahí me volvió a llamar Joan Oleza para impartir un curso de doctorado sobre los blogs y las nuevas formas de expresión en internet. Hice un curso yo creo que aceptable, con conocimientos que me habían costado años de conseguir, y la asistencia a la clase fue mermando poco a poco hasta que el último día apenas quedaban tres o cuatro personas. Es posible que influyese el hecho de haber yo elegido como horario de las clases tres horas seguidas el viernes por la tarde (porque debía compaginar aquello con el horario del instituto en Alfaz del Pi). Me dijeron que me iban a pagar mil euros en total y el desplazamiento aparte. El desplazamiento sí lo pagaron, aunque presentando hasta la documentación del coche, pero los mil euros tardaron meses y meses. Me dijeron que había un problema, porque el dinero debía llegar del banco de Santander, en unas subvenciones o similar, y hasta que no llegase no me podían pagar a mí. Finalmente, cobré 800 y pocos euros en lugar de mil, sin mayor explicación. Creo que tardaron unos ochos meses en pagar.

Durante ese tiempo, no sé si la nómina y los complementos del catedrático fantasma seguían ingresándose.

Ahí me dije que no iba a volver a trabajar para la UV. Había algo que no me gustaba, una chulería, una sensación de que te hacían un favor por dejarte trabajar. Había demasiada gente con demasiadas ganas de subirse a la tarima.

Pocos meses después me volvieron a llamar para impartir Lengua Castellana a unos estudiantes de la Universidad de Virginia. Me dijeron que la certificación de las horas impartidas me la haría la Universidad de Virginia en lugar de la de Valencia, y que las horas computarían como ELE, acreditables para ser profesor también en los institutos Cervantes.

Pero yo decliné el ofrecimiento y no volví a saber nada de la UV.

Y hoy leo un reportaje de El País titulado "Profesor universitario desde 300 euros". Y lo peor no es el titular sino la foto de los cuatro zombies. Dice el artículo:
Pese a su amplio currículo y sus 14 años impartiendo seis clases semanales de dibujo técnico en la Universidad de Valencia (UV), gana 549 euros netos al mes.

[...]

Los asociados - 22.871 profesores en España, el 23,6% de la plantilla en el curso 2016-17 y en incremento desde que empezó la crisis- son el último eslabón de la cadena de precariedad de las Universidad pública española, en la que hay "profesores pobres", según la definición del presidente de los rectores, Roberto Fernández.

[...]

Sí se sabe que hay parte -los llamados falsos asociados- que ni siquiera tienen un trabajo fuera y se dan de alta como autónomos para poder estar en la universidad.

[...]

"Si hay 5.000 profesores en la UB, más de 2.000 estamos cobrando como mucho 480 o 500 euros".

[...]

"Damos lo que sobra" [asignaturas que los profesores titulares no han querido].
Y mientras tanto, yo no sé si aquel catedrático fantasma aún sigue cobrando su nómina o se jubiló ya con pensión máxima.

En otro artículo se hablaba de que estos profesores asociados representaban el 25% de la plantilla pero impartían casi la mitad de las clases. Entonces, es interesante el reparto económico que realizan en sus departamentos estos intelectuales de izquierdas, tan defensores de los derechos de los obreros.

Hay también otro caso de uno que empezó conmigo que, después de encadenar contratos, acabó totalmente en el paro.

El 68 yo creo que quiere pasar por la vida como una plaga de langosta, dejando tierra quemada. No van a dejar los pollavieja yo creo que nada. Yo no sé qué hay, del mundo en el que a mí me educaron, que no se haya hundido, pervertido, prostituido y desbaratado. La religión progre trae la Edad Media, todo lo va a destruir.

19:53:17 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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