9 de octubre de 2018
Paula Bonet: The end
Entre el ruidillo que hay ahora de muchachas milennial que van sacando libros y tuíteres por todas partes, he descubierto a una impresionante ilustradora que no conocía y que incluso trabajó de profesora de Lengua en la educación valenciana.

Bonet hace un libro que se llama Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END y hace una serie de dibujos preciosos, con un arte goyesco basado en retratos, pero además añade textos suyos de tipo lírico en los que va contando diversos momentos climáticos y anticlimáticos de su vida.

Bonet ha hecho un libro que sólo ella puede escribir, como Sia escribió una canción que sólo ella puede cantar. Puede haber libros ilustrados por uno y escritos por otro, pero cuando es la misma ilustradora la que aporta la forma textual de lo dibujado, el efecto me ha impactado.

Durante varias noches antes de dormir he estado mirando el libro de Paula, me he reído con el chaval que se comió las gambas que le dibujó en un papel y he sentido también cierta impresión cuando ha contado su violación:
S. me atravesó sin desviar su rumbo, rápidamente, partiéndome en dos, seccionándome con un corte limpio. El recuerdo de los meses que pasamos juntos se borró con la misma velocidad, pero no su nombre ni el rastro que dejó en el suelo: una herida horizontal a unos quince centímetros de mi barbilla.
Bonet es talento en estado puro, una tía que pilla una brocha de bazar, un bote de pintura negra y te pinta esto en la pared. Es un poco como las pinturas negras de Goya, tiene arte, tiene duende.

No hay en el libro una orientación feminista, más bien aparece una chica muy heterosexual, enamorada continuamente del narcisista de turno, especialmente de los escritores, a los que idolatra y frente a los que se hace pequeñita y piensa que no está a la altura. Hay un rosario de relacioncitas difíciles, mal planteadas, tal vez tormentosas y, sobre todo, efímeras. Cuenta también varias veces sus costumbres amatorias maratonianas:
Desde que se conocían no existía la pena, habían conseguido equilibrarse y, además, después de cada uno de sus revolcones, amanecían en su habitación agotados, como si hubieran hecho kilómetros y kilómetros en vertical escalando montañas; y entonces miraban a su alrededor y veían que estaban rodeados de miles de condones.
Y el libro acaba en una escena de tipo Mad Max, en la que su amante no baja del tren en la parada en la que ella lo espera y desaparece simplemente para siempre.

Y yo quiero a Paula y la quiero ver con ese hijito que tanto anhela y con ese escritor intelectual, ese Arthur Miller que la ame y le escriba versos y comparta, de claro en claro, ese erotismo igualitario a pleno consentimiento. Pero me atrevo a hacerle una pregunta: ¿dónde está, Paula, esa mujer independiente, empoderada, que concilie la vida laboral y que lidere su familia numerosa? ¿Dónde se han ido los amantes, y los sueños, y los años de juventud, ubi sunt? Aquí sólo veo inseguridad, dolor y fracaso. Se dice que el hombre actual se encuentra perdido, desorientado, sin rumbo. Esto no lo dudo, pero a ellas las veo aún peor, con un vacío emocional y una soledad que ha anticipado el deterioro físico. No hay ideologías contra la pérdida de la fertilidad. El feminismo marxista homosexual ha mirado por las lesbianas y ha dejado tiradas a las heterosexuales. Quisieron conseguirlo todo a costa de los hombres, pero los hombres hemos fracasado y ellas con nosotros.

No sé si tendré ánimos de comprar también su libro más reciente, que se llama Cuerpo de embarazada sin embrión y en el que cuenta sus abortos espontáneos por haberse embarazado a edad demasiado avanzada.

20:11:10 ---------------------  

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© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


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