Todos los divulgadores de lo ufológico se han lanzado a ver la película de Spielberg El día de la revelación y a contar emocionados las grandes verdades trascendentes que allí se cuentan. Por poneros un ejemplo, en Brasil un chico ha grabado el aterrizaje completamente real de un OVNI y todo el mundo está inventando IAs, CGIs y buscando el truco, pero cuando vamos a la peliculita de Spielberg, entonces el asunto toma la máxima trascendencia.
La verdad es que la película de Spielberg ni la he visto ni la voy a ver, y menos en una sala de cine en la que la mitad del tiempo voy a estar tapándome los oídos con todos los gritos, tiros y zambombazos que ocuparán la mayor parte del guion. Hace ya varias décadas que no veo películas, la última que he intentado ver es Arrival porque está en Amazon Prime y la tengo a medias desde hace dos semanas.
Pero eso no quita que vaya a hablar de la película, porque una película es algo bien simple y está demasiado claro de qué va. Por las constantes reseñas que me van saltando en mi YouTube, parece claro que esta película no trata del día de la revelación, sino de los días y semanas previos a la revelación. El final coincide exactamente con los segundos previos a ese punto climático en el que se va a dar por televisión la Revelación con mayúscula.
Id a ver la película, estamos en junio, id a un pase vespertino y luego cenad con los amigos al aire libre y comentad vuestros puntos de vista. Yo os voy a poner aquí los míos:
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Un punto único de revelación mediática con un choque psicológico y ontológico mundial no es posible. Ni un discurso de Trump, ni un reportaje de apertura de telediarios, ni un artículo científico, ni un vídeo de reptilianos hablando en directo, ni el aterrizaje de cientos de naves en ciudades grandes va a producir nada remotamente parecido a eso. Los vídeos serán de IA, los aliens serán muñecos, los OVNIs son drones de China, las noticias son un engaño de los gobiernos, el discurso de Trump es una estrategia para las elecciones de medio término. No hay absolutamente ningún evento posible que pueda unir la opinión de toda la humanidad acerca de la existencia o no de los extraterrestres, ni tan siquiera la aparición de los extraterrestres. No existe ese punto de quiebre. La aceptación incontrovertida de nuestra no singularidad tardará varios siglos en asentarse en la psicología colectiva.
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No existe el extraterrestre deseoso de contactar con la Tierra pero inhábil para hacerlo. Por definición, el extraterrestre tiene un desarrollo tecnológico mayor que el nuestro, y de ahí se ha podido comprobar que realizan llamadas telefónicas, falsifican dinero y contratan intermediarios para escribir cartas, falsifican IPs y acceden a internet, canalizan libros enteros mediante algunos seres humanos y hacen lo que quieren.
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No existe el extraterrestre que es capturado, interrogado y torturado por los seres humanos. Sí que han existido extraterrestres muertos por accidentes de sus naves. Esas naves normalmente no se han accidentado por casualidad, sino que han sido derribadas. Aunque la mayor parte de los cadáveres que se han recuperado corresponden a las llamadas "clases proletarias", es decir, humanoides con ADN sintético y psicología de animal doméstico que han sido creados por otra especie superior para usarlos en tareas, es extremadamente difícil que ninguno de esos seres haya permanecido en cautiverio sin que su civilización de origen lo haya rescatado. Algún testigo del Área 51 ha explicado que incluso algunos de estos seres llevan armas gravitatorias implantadas en sus cuerpos y pueden disolver a todas las personas que tienen alrededor. No hay ahora mismo extraterrestres cautivos de los gobiernos, sí que hay híbridos infiltrados en nuestras instituciones, pero son ellos los que dan las instrucciones, no al contrario.
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No existe el extraterrestre que vaya a interaccionar con nosotros de igual a igual. Los humanoides con un ADN más avanzado que el nuestro nos ven como Australopithecus y contemplan los cohetes químicos de Elon Musk como nosotros contemplamos el hacer fuego con un palillo. Todo teatrillo que puedan estos seres diseñar para simular un "primer contacto" es otra película más.
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Los extraterrestres no pueden ser buenos o malos desde un punto de vista humano, porque no son seres humanos. Una civilización extraterrestre puede realizar acciones para preservar la viabilidad de nuestra civilización y al mismo tiempo realizar algunas capturas para vender la sangre en botes de 100 ml. para fabricar medicinas para otra civilización. Así como nosotros protegemos el Masai Mara porque lo consideramos valioso en sí mismo, también llevamos a algunos ejemplares a zoológicos de Europa y los intentamos criar en cautividad.
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Si, como parece probable, los extraterrestres aparecen e interactúan con nosotros en un futuro cercano, saltándose la autoridad de nuestros gobiernos, no se van a limitar a saludar. Tienen una agenda, y esa agenda va a crear una fuerte división en nuestro colectivo, no una unidad. Esto ya ha ocurrido en otros planetas, como han explicado muy bien los Aliados de la Humanidad, y siempre ha llevado al exterminio de un porcentaje de esa civilización.
Hay que leer los libros de Dolores Cannon y de David M. Jacobs para entender un poco la situación real. La humanidad es un producto extraterrestre, una pequeña especie esclava de unos pocos miles de individuos, que quedó luego abandonada y fue intervenida genéticamente varias veces en función de los intereses de cada uno que pasaba por aquí. En nuestro primer millón de años de existencia, apenas crecimos hasta los pocos millones. Los extraterrestres nos han enseñado a hablar, nos han enseñado a escribir, nos han enseñado a cultivar, y también han instigado guerras para que exterminemos a la población que no lleva su ADN. Hemos estado sometidos a tutelas de varios tipos, hemos tenido civilizaciones como Lemuria o la Atlántida que han sido algo así como sucursales de otro planeta. Por el hecho de que tú ahora estés descubriendo al extraterrestre, no significa que él te esté descubriendo a ti.
También hay otra asunción falsa en este tipo de películas que es muy llamativa. Se presupone que somos la única especie inteligente de este planeta, y esto no es así. Ni somos los únicos inteligentes, ni somos los más inteligentes. Hace poco, ha salido otra vez David Grusch y ha hablado de "seres plasmoides sintientes". Muchos de esos seres plasmoides están en la Tierra desde antes de que nosotros fuésemos creados, y otros han sido físicos hasta hace poco y están entrando en esa existencia etérica, y aquí habría que poner a la verdadera especie directora de la Tierra, que son los reptilianos intraterrestres. Por encima de ellos, están los dracos, que no pertenecen directamente a la Tierra, sino que la poseen, al igual que otros muchos planetas. Ahora, a éstos hay que sumar los Sassani, que han sido creados directamente por los dracos para "estar a cargo" de nosotros, según sus palabras.
Somos ganado, somos propiedad privada, somos la especie endémica de un espacio natural llamado Tierra. Si el 10% de los millones que van a ir a ver la película de Spielberg leyesen los libros de Salvador Freixedo, nuestra fortaleza frente a la intervención sería suficiente como para pararla.
Spielberg produce muy buen algodón de azúcar, pero no esperéis de él que diga nada que afecte a su taquilla.
Las canalizaciones de Kalina Angell no llegan a 1.000 visualizaciones por vídeo, y para mí son mucho más divertidas que cualquier película. Pienso que son ciertas y que explican muy claramente la intervención que estamos sufriendo.
Los dracos tomaron control más estrecho de la Tierra hace aproximadamente 30.000 años, en plena Glaciación de Würm, cuando la especie sauroide que ellos habían creado aquí estaba siendo exterminada por extraterrestres humanoides. En ese momento, tomaron dos decisiones importantes: decretaron la prohibición de acceder al Sistema Solar para todas las especies extraterrestres sin excepción, y también decidieron no exterminarnos a nosotros por llevar una parte de su ADN en nuestro ADN. Esto fue y aún es una herencia de nuestros creadores, los Anunnaki, que fueron híbridos humanoide/reptiloide. Toda la población humana en ese momento era de 1-2 millones, repartidos entre África y Eurasia, con algunas comunidades ya en Australia.
Nunca creyeron en nosotros, nos consideraron bastardos y mal hechos. Debido al primer diseño Anunnaki, que estuvo orientado al trabajo en el plano físico, teníamos cegado el acceso a los poderes psíquicos, y aunque nuestra inteligencia pudiera ser alta, nuestra actividad se reducía a lo verbal o lo tecnológico.
A partir de un punto, decidieron que nuestra población debía aumentar para permitirles la parasitación de nuestra energía negativa, de modo que pudiesen evitar la ascensión y la asimilación en la Fuente. Para ello, modificaron el ADN de algunos vegetales como el trigo, el maíz o la patata y crearon el Neolítico.
El pequeño Anunnaki se reprodujo como una plaga y se expandió por todos los continentes, pero apenas cambió mentalmente. Su tendencia al aburrimiento y al consumo de materia prima seguía intacta, y esto hacía muy fácil crear programas de polarización que produjeran el miedo, el odio y la volatilidad emocional. El draco conocía nuestro ADN a la perfección y manejaba nuestra psicología a voluntad. Incluso los reptilianos intraterrestres recibieron un manual de manipulación humana para evitar que les diésemos problemas.
Cuando las civilizaciones en los sistemas estelares más cercanos detectaron esta situación, no tardaron en entender que habría problemas a largo plazo cuando accediésemos a tecnologías de destrucción. El draco no hizo caso de esto, miró para otro lado y siguió prestando tecnología y modelos económicos para la explotación y el abuso, aparte de inyectar sucesivas hibridaciones de su interés.
A partir de 1945, saltaron las alarmas cuando Little Boy explotó en Hiroshima. Era sólo cuestión de tiempo que destruyésemos el planeta entero o que pudiésemos viajar a las estrellas más cercanas para lanzar bombas de plasma. Nuestra falta de conciencia colectiva nos convertía en una civilización insostenible.
Los dracos, entonces, aceptaron o les hicieron aceptar que no podrían seguir alimentándose de nuestra energía y buscaron otras fuentes en otros lugares. A partir de ahí, el miniAnunnaki adicto a la materia prima debía ser modificado para ser sostenible en su planeta. Hubo discusiones, y se trató nuestro caso en algún concilio, pero al final se vino a la conclusión de que, sin modificación del ADN, no había solución. El nuevo patrón se negoció, como se negocia un acuerdo comercial. Acabaron de acuerdo tanto humanoides como reptiloides, grises y dracos.
Los llamados a implantar el nuevo ADN fueron los grises, habitantes de otra línea temporal que fueron introducidos aquí. Estos seres estaban necesitados de ADN fresco compatible, y dado su origen Anunnaki, nuestro ADN les solucionaba su problema de esterilidad y corrupción intrínseca. Se negociaron nuestras abducciones y las hibridaciones que crearon a los Sassani a cambio de una contraprestación: la creación de una raza humana híbrida destinada a sustituir a la actual, una raza con acceso a la telepatía, la conexión con la naturaleza y una conciencia colectiva suficiente. También deberían quedar a cargo, tutelarnos a lo largo del tiempo, creando programas de control para que siguiésemos sus pasos.
Los Sassani se revelaron desde el principio como unos hijos de puta, y pensaron primeramente en allanarse el camino para la introducción de sus híbridos, de modo que la manipulación cultural, en lugar de producir la armonía, se orientó a la desafección, el aislamiento, la discordia, la inhibición de la inteligencia, el pensamiento único y la creación de los dos grandes tabús: la guerra y el racismo. Una población pacificada y adocenada, que considera la defensa de sus características genéticas como un acto de la máxima inmoralidad, es el caldo de cultivo perfecto en el que los híbridos pueden medrar, tomar posiciones de influencia y reproducirse. Los genes modificados de los híbridos son de tipo driver y se imponen siempre en cada reproducción, lo que permite que con unos pocos millones alcancen a toda la humanidad en pocos siglos. El fin justificaba los medios. La pequeña especie bastarda fracasada sería sustituida de manera transparente.

Y en ese punto estamos ahora. El disclosure day no es nada de lo que se imagina Spielberg. Es la fase crítica de una agenda que comenzó hace siglos, que se ha llevado en secreto y sin tener en cuenta nuestro interés, que está destinada a nuestra sustitución como especie y de la cual no tenemos más información que referencias ambiguas en canalizaciones. La fantasía romántica y amable de las películas es la de un negrito de Madagascar que saluda al helicóptero. Ese optimismo estólido de la judía que se maquilla en el tren que va a Auschwitz o el guerrillero del Frente Popular que va a repartir las tierras es lo que afecta a los Maussan, Greer o Spielberg. El disclosure day es el día de la negociación, de la sindicación, de la toma de conciencia de la trascendencia de lo que nos jugamos, del gran valor que tiene nuestro planeta y de los derechos que realmente nos asisten como especie. No podemos aceptar intervenciones en nuestro ADN que no podemos comprender, ni tutelas de gente que sólo ha tenido problemas en toda su existencia. Van a bajar muy pronto, y van a venir de simpáticos, no se van a parecer en nada a ninguna película y van a ser extremadamente peligrosos.