Sin duda, habréis oído hablar del mito de Hiperbórea, siempre envuelto en una capa de tabú. La mayor parte de las referencias que a veces se encuentran en canales esotéricos o de conspiraciones lo vincula al nazismo o a posturas racistas tamizadas por la New Age. Esto no es falso, pero la realidad es que Hiperbórea fue una civilización tomada completamente por cierta por los historiadores griegos y romanos.
En este artículo voy a analizar y comentar toda la información que hay disponible sobre Hiperbórea y luego voy a emitir mi opinión. Ya adelanto que mi intención final no es demostrar científicamente nada, sino valorar la posibilidad de que la II Guerra Mundial fuese otra intervención extraterrestre similar a la que produjo los exterminios de Josué en Canaán.
En la antigüedad clásica hay múltiples referencias a esta civilización llamada Hiperbórea (Ὑπερβορεα), término que significa "más allá del viento del norte", porque el viento del norte era el Bóreas (βορεα). Se han encontrado hasta ahora 46 referencias directas de poetas, historiadores, geógrafos y mitógrafos grecolatinos, que abarcan desde el siglo VIII a.C. (Hesíodo) hasta el siglo X d.C. (Suidas). A éstas, hay que añadir 12 citas indirectas, que consisten en menciones que los autores clásicos hacen en sus propios textos de fuentes que no se conservan.
Heródoto fue el primer historiador y geógrafo de la Hélade, considerado aún hoy una fuente fiable en muchos aspectos. Durante años, se ha creído que algunos de sus datos eran fantasiosos, como por ejemplo el canal excavado por Jerjes en el monte Athos o la descripción de la construcción naval egipcia, y recientemente se han hallado pruebas arqueológicas de que estos datos eran ciertos. Quedan por contrastar las afirmaciones sobre la tecnología empleada en la construcción de las pirámides de Guiza o las "hormigas gigantes" que extraían oro en Asia, pero al tiempo.
Heródoto escribe en su magna obra Historias, libro IV, cap. 32–36:
Acerca del pueblo hiperbóreo, ni los escitas ni ningún otro habitante de esas tierras nos dicen nada, salvo quizás los isedones. Y, creo yo, ni siquiera estos dicen nada; pues si lo dijeran, también los escitas lo habrían contado, igual que cuentan lo de los hombres de un solo ojo. Pero Hesíodo habla de los hiperbóreos, y también Homero en su poema Los Epígonos, si es que esa obra es verdaderamente de Homero.
Pero los delios dicen de ellos mucho más que ningún otro. Dicen que unas ofrendas envueltas en paja son llevadas desde los hiperbóreos hasta Escitia; una vez que estas han pasado Escitia, cada nación las recibe por turno de sus vecinos hasta que son transportadas hasta el mar Adriático, que es el límite más occidental de su viaje; desde allí son llevadas hacia el sur, siendo los habitantes de Dodona los primeros griegos en recibirlas. Desde Dodona descienden hasta el golfo de Malia, y son transportadas a Eubea, y una ciudad las envía a otra hasta que llegan a Caristo; después de esto, Andros queda fuera de su recorrido, pues los caristios las llevan a Tenos, y los tenios a Delos. Así —dicen— llegan estas ofrendas a Delos.
Pero en el primer viaje, los hiperbóreos enviaron a dos doncellas portando las ofrendas, a las que los delios dan los nombres de Hipéroque y Laódice, y con ellas, como escolta para su seguridad, a cinco hombres de su pueblo, los que ahora son llamados Feréferes y son grandemente honrados en Delos. Pero como aquellos que enviaron nunca regresaron, tomaron a mal el verse condenados a enviar siempre gente sin recuperarla, y por eso llevan las ofrendas, envueltas en paja, hasta sus fronteras, y dicen a sus vecinos que las envíen desde su propio país al siguiente; y las ofrendas, se dice, llegan por este medio a Delos. Por conocimiento propio puedo decir que existe una costumbre semejante a estas ofrendas; a saber, que cuando las mujeres tracias y peonias sacrifican a Artemis Real, llevan paja consigo mientras sacrifican. Sé que hacen esto.
Las muchachas y los muchachos de Delos se cortan el cabello en honor de estas doncellas hiperbóreas que murieron en Delos; las muchachas, antes de su matrimonio, cortan un mechón y lo depositan sobre la tumba, enrollado en torno a un huso (esta tumba está al pie de un olivo, a la izquierda de la entrada del templo de Artemis); los muchachos de Delos enredan parte de su cabello en torno a un tallo verde, y lo depositan igualmente sobre la tumba. De este modo, pues, estas doncellas son honradas por los habitantes de Delos.
Estos mismos delios relatan que dos vírgenes, Arge y Opis, llegaron desde los hiperbóreos, por medio de los pueblos antes mencionados, a Delos antes que Hipéroque y Laódice; estas últimas vinieron a traer a Ilitía el tributo que habían acordado pagar por aliviar los partos; pero Arge y Opis, dicen, llegaron con los propios dioses [Apolo y Artemis], y recibieron honores propios de los delios. [...]
He dicho esto y baste acerca de los hiperbóreos; pues no relato la historia de ese Abaris, que se dice fue hiperbóreo, quien llevó la flecha por todo el mundo, ayunando todo el tiempo.
Historias, libro IV, cap. 13.1:
También hay un relato recogido en un poema de Aristeas, hijo de Caustrobio, natural de Proconeso. Este Aristeas, poseído por Febo [Apolo], visitó a los isedones; más allá de estos —dijo— habitan los arimaspos, de un solo ojo, más allá de los cuales están los grifos que guardan el oro, y más allá de estos, de nuevo, los hiperbóreos, cuyo territorio llega hasta el mar. Excepto los hiperbóreos, todas estas naciones (y en primer lugar los arimaspos) están siempre en guerra con sus vecinos; los isedones fueron expulsados de sus tierras por los arimaspos, y los escitas por los isedones, y los cimerios, que habitaban junto al mar del sur, fueron acosados por los escitas y abandonaron su país. Así pues, el relato de Aristeas no concuerda con la versión de los escitas sobre este territorio.
Entonces, llama la atención que Heródoto esté describiendo en el siglo V a.C. unas ofrendas, mercancías físicas, con origen en Hiperbórea, no sólo un mito de transmisión oral. Es una mención clara de un vínculo ritual mantenido en el tiempo entre esta misteriosa civilización hiperbórea y específicamente el santuario de Delos.
La siguiente fuente de interés es el poeta Píndaro, también del siglo V a.C. Sabéis que la poesía en la antigüedad tenía muchas veces carácter historiográfico y en gran medida se tomaba por cierta, sobre todo en el género de la épica.
Píndaro escribe en sus Odas Píticas, en el cap. 10.25 y siguientes:
De las más bellas glorias que los mortales pueden alcanzar, a él le es dado navegar hasta el confín más lejano. Sin embargo, ni la nave ni los pies que marchan pueden hallar el maravilloso camino hacia las asambleas del pueblo hiperbóreo.
Pero fue con estos con quienes Perseo, el caudillo guerrero, celebró un festín en otro tiempo, entrando en sus hogares, y dio con sus sacrificios al dios, aquellas famosas ofrendas de hecatombes de asnos; pues en sus banquetes y en sus ricos elogios Apolo se deleita grandemente, y ríe al ver la desenfrenada lujuria de esas bestias brutales.
Tampoco la Musa es extraña a su vida, sino que por todos lados los pies de las doncellas que danzan, los plenos tonos de la lira y las flautas resonantes están todos en movimiento; con hojas de brillante laurel ceñidas a su cabello, se agolpan con corazones felices para unirse a la festividad. La enfermedad y la vejez consumidora no visitan a esta raza sagrada, sino que, lejos del trabajo y de la batalla, habitan seguros de la implacable venganza del destino.
Allí, con el aliento del coraje en su corazón, hacia aquella asamblea de hombres felices, guiado por Atenea, llegó en otro tiempo el hijo de Dánae, Perseo, quien dio muerte a la Gorgona [Medusa].
Y en sus Odas Olímpicas, cap. 3.12 y siguientes:
Pues al pueblo hiperbóreo, siervos de Apolo, persuadió con bellas palabras cuando, para el bosque hospitalario de Zeus, su leal corazón rogó por el árbol, para dar sombra que todos los hombres compartieran, y para las valientes hazañas de espíritus valerosos, una corona. [...] Entonces, al fin, su corazón le impulsó a emprender viaje a la tierra de Istria [...]... Y en aquella búsqueda vio también la célebre tierra que yace detrás del frío Bóreas (el Viento del Norte), de aliento sombrío y helado; y, deteniéndose allí, se maravilló al ver los árboles. Y en su corazón nació una querida resolución: plantarlos allí, donde termina la carrera que doce veces circundan los corceles veloces.
La descripción de Píndaro ya da características concretas de ese pueblo hiperbóreo:
- Acceso prácticamente imposible, aunque se presupone que es por mar.
- Organización política asamblearia.
- Tutelados por Apolo. Y ojo al detalle: Apolo es descrito como un ser físico.
- Carácter pacífico, artístico y lúdico.
- Sin enfermedades ni vejez.
- "Raza sagrada".
- No trabajan.
Algo más tarde, en el siglo IV a.C., Platón habló también de ellos:
[Si] eres lo suficientemente templado [moderado], entonces nunca tuviste necesidad de los encantamientos de Zalmoxis ni de Abaris el Hiperbóreo, y bien se te podría administrar de inmediato el remedio para la cabeza; pero si demuestras que aún careces de esa virtud, debemos aplicar el encantamiento antes que el remedio.
Es una referencia pequeña, pero proviene del autor más respetado de la Antigua Grecia, y parece que da por cierta la existencia del pueblo hiperbóreo y además menciona a Abaris como uno de ellos.
En el siglo I a.C., el historiador griego Diodoro Sículo escribió en su Biblioteca Histórica, tomo 2, cap. 47.1-6:
Puesto que hemos considerado oportuno hacer mención de las regiones de Asia que se hallan al norte, consideramos que no será ajeno a nuestro propósito tratar los relatos legendarios sobre los hiperbóreos. De entre quienes han escrito sobre los antiguos mitos, Hecateo y algunos otros afirman que, en las regiones más allá de la tierra de los celtas, yace en el Océano una isla no menor que Sicilia. Esta isla, prosigue el relato, está situada en el norte y es habitada por los hiperbóreos, quienes reciben ese nombre porque su hogar está más allá del punto desde donde sopla el viento del norte (Bóreas); y la isla es a la vez fértil y productora de toda clase de cultivos, y puesto que goza de un clima inusualmente templado, produce dos cosechas cada año.
Además, se cuenta sobre ella la siguiente leyenda: Leto nació en esta isla, y por esa razón Apolo es honrado entre ellos por encima de todos los demás dioses; y los habitantes son considerados, en cierto modo, sacerdotes de Apolo, ya que diariamente alaban a este dios de forma continua con cantos y lo honran en gran manera. Y hay también en la isla tanto un magnífico recinto sagrado de Apolo como un templo notable que está adornado con muchas ofrendas votivas y tiene forma esférica. Además, existe allí una ciudad consagrada a este dios, y la mayoría de sus habitantes son tañedores de cítara; y estos tocan continuamente este instrumento en el templo y cantan himnos de alabanza al dios, glorificando sus hazañas.
Se nos informa también que los hiperbóreos tienen una lengua que les es propia y peculiar, y que muestran una disposición muy amistosa hacia los griegos, y especialmente hacia los atenienses y los delios, quienes han heredado esta buena voluntad desde tiempos muy antiguos. El mito relata asimismo que ciertos griegos visitaron a los hiperbóreos y dejaron allí costosas ofrendas votivas que llevaban inscripciones en letras griegas. Y del mismo modo, Abaris, un hiperbóreo, llegó a Grecia en la antigüedad y renovó la buena voluntad y el parentesco de su pueblo con los delios.
[...] Se da asimismo el relato de que el dios visita la isla cada diecinueve años, el período en el cual se cumple el retorno de las estrellas al mismo lugar en los cielos; y por esta razón el período de diecinueve años es llamado por los griegos el "año de Metón". En el momento de esta aparición del dios, él toca la cítara y danza continuamente durante toda la noche, desde el equinoccio de primavera hasta la salida de las [constelación de las] Pléyades, expresando de esta manera su deleite por sus éxitos. Y los reyes de esta ciudad son llamados Boréadas, puesto que son descendientes de Bóreas (el Viento del Norte), y la sucesión a estos cargos se mantiene siempre en su familia.
Aquí se dan aún más datos:
- Hiperbórea sería una isla "en medio del océano".
- Su tierra es muy fértil e "inusualmente templada".
- Hay un cierto hermanamiento con Delos y Atenas, también dirigidas por Apolo.
- Apolo los visita cada 19 años, según ciclos astronómicos.
- Su dios aparece físicamente, canta y baila toda la noche.
- Aparecen aquí las Pléyades, a las que Apolo parece estar vinculado.
El mejor resumen de todo lo aportó Plinio el Viejo, militar e historiador romano, en el siglo I d.C.:
En su Historia Natural, libro IV, cap. 88 y siguientes, dice:
A lo largo de la costa [del Mar Negro] de Europa, hasta el río Tanais [el Don], están los meotas... y al final, en la retaguardia de los meotas, están los arimaspos. Luego vienen las montañas Ripeas y la región llamada Pteróforos ('los que traen plumas'), debido a la nieve parecida a plumas que cae continuamente allí; es una parte del mundo que yace bajo la condenación de la naturaleza y está sumida en densa oscuridad, ocupada solo por la obra de la escarcha y los fríos escondites de Aquilón (el Viento del Norte) [Bóreas]. Detrás de estas montañas y más allá de Aquilón habita —si podemos creerlo— una raza feliz de gente llamada los hiperbóreos, que viven hasta una edad extrema y son famosos por maravillas legendarias. Aquí se cree que están las bisagras sobre las que gira el firmamento y las revoluciones extremas de las estrellas, con seis meses de luz diurna y un solo día del sol en retiro, no, como han dicho los ignorantes, desde el equinoccio de primavera hasta el otoño: para esta gente el sol sale una vez al año, en el solsticio de verano, y se pone una vez, en el solsticio de invierno.
Es una región benigna, con un clima delicioso y exenta de todo viento nocivo. Los hogares de los nativos son los bosques y las arboledas; adoran a los dioses por separado y en congregaciones; toda discordia y toda tristeza son desconocidas. La muerte les llega solo cuando, debido a la saturación de la vida, tras celebrar un banquete y ungir su vejez con lujos, saltan desde una cierta roca al mar: este modo de entierro es el más dichoso.
Algunas autoridades han situado a esta gente no en Europa sino en la parte más cercana de las costas de Asia, porque allí hay una raza con costumbres y ubicación similares, llamada los atacos; otros los han colocado a medio camino entre los dos soles, los atardeceres de los antípodas y nuestro amanecer, pero esto es completamente imposible debido a la enorme extensión de mar que se interpone. Aquellos que los ubican meramente en una región que tiene seis meses de luz diurna han registrado que siembran en los períodos de la mañana, cosechan al mediodía, recogen la fruta de los árboles al atardecer y se retiran a cuevas para pasar la noche.
Tampoco es posible dudar sobre esta raza, ya que tantas autoridades afirman que envían regularmente las primicias de sus cosechas a Delos como ofrendas a Apolo, a quien adoran especialmente. Estas ofrendas solían ser traídas por vírgenes, que durante muchos años fueron tenidas en veneración y hospedadas hospitalariamente por las naciones en la ruta, hasta que, debido a una violación de la buena fe, instituyeron la costumbre de depositar sus ofrendas en las fronteras más cercanas del pueblo vecino, y estos de pasarlas a sus vecinos, y así hasta que finalmente llegaban a Delos. Más tarde, esta práctica misma también cayó en desuso.
Plinio el Viejo resume muy bien todo lo que se conocía en la antigüedad:
- Los hiperbóreos como raza feliz, no belicosa, sin discordia.
- Microclima completamente diferenciado.
- Ubicación más allá del círculo polar.
- Vida integrada totalmente en la naturaleza.
- ADN diferenciado, con extrema longevidad.
- En el siglo I d.C. mucha gente recordaba las ofrendas a Delos, pero la práctica había caído ya en desuso.
- "Tampoco es posible dudar sobre esta raza".
Sigue Plinio el Viejo, en Historia Natural, libro VI, cap. 34:
Desde el extremo norte-noreste hasta el punto más septentrional en el que el sol sale en verano están los escitas, y fuera de ellos y más allá del punto donde comienza el norte-noreste, algunos han situado a los hiperbóreos, de los cuales la mayoría de las autoridades dice que están en Europa. Después de ese punto, el primer lugar conocido es Litarmis, un promontorio de Céltica, y el río Carambucis, donde termina la cordillera de las montañas Ripeas y con ella se relaja el rigor del clima; aquí tenemos informes de un pueblo llamado los arimfeos, una raza no muy distinta de los hiperbóreos.
Habitan en bosques y viven de bayas; se considera vergonzoso el cabello largo tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres; y sus costumbres son apacibles. En consecuencia, se informa que son considerados una raza sagrada y que no son molestados por las tribus salvajes de entre sus vecinos, inmunidad que no se limita a ellos mismos sino que se extiende también a las personas que han huido hacia ellos en busca de refugio. Más allá de ellos llegamos directamente a los escitas, cimerios, cisis, antos, georgos, y una raza de amazonas, llegando estas últimas hasta el mar Caspio e Hircano.
Aquí lo interesante es la referencia a los llamados arimfeos, a los que define como "no muy distintos" de los hiperbóreos. El segundo párrafo describe a estos arimfeos, que coinciden con los hiperbóreos en su carácter sagrado y en gozar de una inmunidad. Entiendo que esa inmunidad la garantizaba Apolo o alguien similar. Por tanto, lo importante aquí es que Hiperbórea pudo haber sido una comunidad más, entre muchas otras, con características parecidas. Probablemente conocemos Hiperbórea por ese hermanamiento que tuvieron con los griegos.
Apolo:
Con todo esto, probablemente ya sabéis a dónde voy. Si entendemos que Apolo es quien tiene control de la Hélade e Hiperbórea, que se trata de un dios completamente físico, que habla, come, canta y baila, enseguida vemos la similitud con Yahvé.
El Himno homérico III, de los siglos VII o VI a.C., en sus versos 131-132, describe físicamente a Apolo:
Como un astro en pleno mediodía, resplandecía a lo lejos, y sus dorados cabellos caían sobre sus hombros.
Hemos visto ya que baila orientado por las Pléyades, ahora aparece como rubio con el pelo largo, pero sobre todo se dice que brilla. Esto es lo que testimonian todos los que han tenido encuentros con seres de quinta densidad: son físicos, pero tienen un aura visible y brillan.
Apolo coincide con Yahvé en que impone normas y es cruel y despiadado. Pseudo-Apolodoro, en la Biblioteca Mitológica, siglos I o II d.C., cuenta esta anécdota:
Níobe... se jactó de ser más fecunda que Leto y dijo que ella era más digna de ser honrada. Apolo y Artemisa, airados, dieron muerte a todos sus hijos con sus arcos.
Leto era la madre de Apolo y Níobe tenía doce hijos.
Otra actividad muy típica de Apolo es la creación de rituales y purificaciones. Esquilo le atribuye este parlamento, en el siglo V a.C.:
Yo soy quien purifica; conozco los ritos de la expiación, y sé cuándo es lícito hablar y cuándo callar.
Hay una dirección centralizada que en la mitología griega se encarna en Zeus y en la Biblia en Elyon, que yo supongo que sería la misma entidad. Esquilo cita otra de las frases de Apolo:
Jamás pronuncié oráculo alguno sobre hombre, mujer o ciudad, que no me lo hubiera ordenado Zeus Olímpico.
Al igual que Yahvé, Apolo crea pestes como castigo. En la Ilíada, Homero escribe:
Descendió de las cumbres del Olimpo, airado en su corazón, llevando a la espalda el arco y el carcaj... disparó una aguda saeta... y las piras de los muertos [por la peste] ardían sin cesar.
Esto es del siglo VIII a.C., sin duda muy cerca en el tiempo de los abusos de Yahvé.
Apolo no convive con sus súbditos, aparece y desaparece en una migración constante. Alceo de Mitilene, en el siglo VI a.C., dice:
Apolo no reside en su templo [de Delfos] todo el año, sino que, cuando llega el invierno, se marcha a la tierra de los hiperbóreos.
En una cosa se diferencian: a Apolo le gustaba ver correr la sangre, mientras que a Yahvé le agradaba más el olor de la carne quemada:
Píndaro, en las Odas Píticas:
[...] y se topó con sus sacrificios al dios, aquellas famosas ofrendas de hecatombes de asnos; pues en sus banquetes y en sus ricos elogios Apolo se deleita grandemente, y ríe al ver la desenfrenada lujuria de esas bestias brutales.
Génesis 8:20-21:
Noé construyó un altar a Yahvé, tomó de todos los animales puros y de todas las aves puras y ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahvé el calmante aroma, dijo para sí: "Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre..."
Entonces, mi hipótesis es que Apolo fue un Elohim. Esta gente eran pleyadianos sin escrúpulos de quinta densidad que ejecutaron un plan para la inyección a nivel mundial de su ADN mediante la producción de híbridos y la tutela directa de comunidades, sin dudar en instigar exterminios de la población humana cuyo ADN no era de su interés. Todo esto lo explica muy bien esta canalización de Rob Gauthier.
Entiendo que hubo decenas de Apolos o Yahvés que no conocemos. La intervención muy probablemente cubrió a toda la población humana y tuvo un patrón único de ADN. Apolo aparece como un poco más simpático, probablemente porque los griegos no eran tan objetivos, mientras que Yahvé es retratado muy crudamente por los escribas de los shasu, que sigo diciendo que escribieron el mejor libro de la historia. El problema es cuando se quieren tomar las cosas en sentido figurado, cuando están escritas de manera literal.
Hiperbórea fue una granja humana, como el Jardín del Edén, los cuarenta años en el Sinaí y como muchas otras que muy probablemente había diseminadas por toda la Tierra. Los mayas aparentan tener también dioses muy parecidos. El ADN de esta gente era prácticamente extraterrestre, pero compatible con el del resto de la humanidad. No sé lo felices que pudieron ser en su comuna, pero sí que sé que estaban bajo tutela. Cuando su población alcanzó el número suficiente, los soltaron y se acabaron el maná y la buena vida, su función única era propagar la simiente.
Tanto la modificación del clima como la del ADN son tecnologías que nosotros tenemos ya prácticamente controladas, hay proyectos científicos que especulan con unos grandes espejos en el espacio que recabarían luz solar y la dirigirían a ciertas zonas. Esto es lo que pienso que hicieron:

No podemos cuantificar el efecto de esta intervención, ni cuál hubiera sido nuestra evolución sin ella. Las injerencias de esta gente no han parado: apariciones angelicales, los nazis, New Age y ahora ya la solución final de Bashar y los Yahyel. Siempre tenemos la culpa de meternos en las guerras que ellos instigan, y de imbuirnos de las falacias que ellos fabrican, y para solucionar estos problemas siempre hay una nueva hibridación de mejora, pero nunca hay respeto ni por nuestra herencia genética ni por nuestro libre albedrío. Nunca se dice la verdad, ni se da la cara, ni se enseña su planeta.
En el próximo artículo hablaré de la conexión nazi de Hiperbórea.