No sé a quién votar y tampoco sé si quiero abstenerme. Lo que voy a hacer es publicar aquí mis reflexiones de manera completamente improvisada de modo que al final igual llego a tomar una decisión.
El PP:
Según las encuestas, ese hombre solvente, ese estadista tiene ya la victoria en la mano. En las últimas, parecía que tenía ya el camión de mudanzas en la puerta y acabó perdiendo. Pretende vender una imagen de "eficiente gestión", modernidad y capitalismo. Si Franco levantara la cabeza, vería que el partido que fundó Fraga es hoy un títere corrupto del anglosionismo, con un pasado de burbuja inmobiliaria, doble contabilidad de Bárcenas, mordidas de Bigotes y Correa, especuladores mediocres de pisitos, autónomos chapuceros y mujeres que pretenden que son más rubias de lo que son.
El personaje es realmente vil y corto de entendederas. No es sólo la frialdad y la estrategia que demostró en la dana valenciana, son sus afirmaciones a favor de la vacuna obligatoria y ese caciquismo regional del que procede. Pienso que es un gafe, un malasombra, un mastuerzo puesto a dedo que luego fracasa.
Las 12 promesas de Feijoo me han llamado la atención: alargar la edad de jubilación, volver al trasvase del Ebro, bajadas de salarios, más gasto militar, más pymes y autónomos, más privatización sanitaria...
Capitalismo de amigos, recortes, pasado de chanchullismo, cobardía y seguidismo de los dogmas progres. Éste es el partido que yo más difícilmente votaría.
Vox:
He votado a Vox en el pasado, y hasta me he creído al superhéroe Pagascal. Después de sus recientes purgas, ha quedado ya convertido en una sucursal de Israel. Su modelo económico es el del PP, con cierta caspa carpetovetónica, de viejos palurdos que tienen escopeta. Pero Pagascal es una barriga agradecida y apesebrada, y hará lo que Netanyahu mande.
Un gobierno PP/Vox tiene riesgo serio de meternos en una guerra, porque los intereses del sionismo se pondrán por encima de los de España. Y esos intereses, históricamente, siempre han ido hacia las guerras y la explotación laboral.
Vidal Quadras, Hermann Tertsch, Roberto Centeno, pájaros de mal agüero con los que no quiero ir a ninguna parte. Hatchwell y Varsavsky pienso que van a votar a este partido.
PCE, bolivarianos y marcas blancas:
No sé ya qué siglas usan, parece que se están acuchillando entre ellos. No les queda ya marxismo y son un compendio de tarados y taradas mentales con el cerebro lleno de implantes globalistas de las mediocres universidades públicas españolas. Pueden acabar aprobando alguna ley absurda más, pero han perdido el peligro real que representó el cheposo aquél.
PSOE:
Yo he sido felipista y sanchista, aunque a Felipe lo voté, a Sánchez aún no lo he votado. Pienso que Sánchez es un buen presidente y un tío con muchos más huevos que Pagascal. Su capacidad para llegar a acuerdos, su conocimiento de la economía, su priorización del pueblo español frente al sionismo y el trumpismo son cosas que se van a echar de menos cuando se vaya.
Pienso que el gran problema de Sánchez no han sido las causas judiciales ni la carestía de la vivienda, sino la mochila feminista. La gente está completamente harta de la murga eterna, de gente que sólo vive para pedir, de colocaciones, cremalleras y enchufismos, de abortos y divorcios, de calabozos y sambenitos, de marimachos tatuados que se creen John Wayne, de tontas que engolan la voz... Podría seguir con más ejemplos. Sánchez no ha sabido impedir que el PSOE represente la censura, la disonancia cognitiva, la fealdad y el asco. Esto es lo que puede llevarlo a la derrota en estas próximas elecciones.
Compromís:
Este partido ha montado una coalición con Podemos y se han repartido los escaños por provincias: en Valencia y Castellón los candidatos son de Compromís, pero en Alicante la candidata es de Podemos. La realidad es que es imposible que en Alicante se saquen dos escaños, por lo que no voy a volver a votar a Compromís como hice en las últimas autonómicas. A este partido le estoy agradecido por cómo apoyó a los interinos y cómo propició la regularización de la que yo me beneficié, pero lo votaré en las autonómicas cuando se presente él solo.
Conclusión:
Sólo hay dos posibilidades para mí el día 29 de noviembre: la abstención o el PSOE. Lo más importante para mantener la paz y los sueldos a largo plazo en este país es el alejamiento del veneno sionista. La estupidez feminista del PSOE tiene que curarse desde dentro del mismo PSOE, mediante el procedimiento establecido en los estatutos, que son las primarias. Ir a buscar a Pagascal para que nos quite el feminismo va a implicar colocar en el poder a unas castas completamente psicopáticas que controlan a estos muñecos de la corbata.
A partir de ahí, tampoco puedo garantizar que vote al PSOE, porque luego me viene la pereza. Si voy, será sobre la bocina: a las 19:59 h. cuando vayan a empezar a contar.